En la sede del Consejo de Ministros, se dio a conocer un paquete de medidas que, sin duda, marca un hito en la estrategia económica de la isla. Lo que el presidente Miguel Díaz-Canel había adelantado como «oportunidades» para los cubanos residentes en el exterior, tomó forma en la comparecencia del Viceprimer Ministro y titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga.
¿Un antes y un después en la política económica cubana?
No se trató de meros ajustes, sino de la apertura de un abanico de posibilidades que, hasta ahora, permanecían vedadas para la comunidad cubana en el extranjero. Lo más significativo es el cambio de paradigma que subyace en cada uno de los anuncios: se pasa de una visión restrictiva a un intento real de integración del talento y el capital de los que viven fuera.
El núcleo de las nuevas disposiciones reside en la desactivación de viejos tabúes. Por primera vez, un cubano no residente en la isla podrá ser propietario de una empresa privada en Cuba, gracias a la figura del «inversionista de negocios». Esto rompe con la lógica anterior que limitaba ese derecho a los residentes permanentes. Pero la medida va mucho más allá: se habilita la creación de alianzas entre empresas de cubanos en el exterior y el sector privado cubano, bajo el paraguas de la Ley de Inversión Extranjera (Ley 118). Esto significa que un negocio privado en Cuba podría asociarse con una empresa creada por un cubano en Miami o Madrid, recibir inversión y operar como un emprendimiento mixto, con todas las garantías jurídicas que ello implica.
Otro aspecto revolucionario es la apertura al sector financiero. La posibilidad de que estos cubanos participen en la creación de bancos de inversión o instituciones financieras no bancarias en la isla, bajo la supervisión del Banco Central, no tiene precedentes en décadas. De materializarse, podría inyectar capital fresco y, sobre todo, conocimiento especializado en un sector crítico para el desarrollo. A esto se suma la facultad de abrir y operar cuentas bancarias en divisas para sus empresas, un paso indispensable para facilitar cualquier operación comercial.
El enfoque también se vuelve más orgánico y estratégico. Se mencionó la creación de «fondos de cooperación» que permitan nuclear las donaciones y ayudas, dirigiéndolas a proyectos concretos, muchas veces a nivel local, en los barrios o municipios de origen. Esto transforma la tradicional remesa o ayuda puntual en un instrumento de desarrollo comunitario con un impacto más organizado y visible.
Desde una perspectiva crítica, este conjunto de medidas es un reconocimiento explícito de dos realidades. Primero, que la diáspora cubana no es un ente homogéneo y distante, sino una extensión de la nación con un potencial económico y humano invaluable. Segundo, que el modelo económico necesita imperiosamente de esa inyección de capital, tecnología y redes de comercialización para sortear la crisis actual.
Sin embargo, no se puede obviar el bloqueo estadounidense. Como bien señaló el Viceprimer Ministro, el bloqueo es el principal obstáculo. Su carácter extraterritorial y persecutorio, especialmente en el ámbito financiero y energético, intimida a cualquier inversionista. Las medidas anunciadas son un gesto de apertura y confianza desde La Habana, pero su éxito dependerá de la capacidad de sortear ese cerco y, a su vez, de la voluntad de los cubanos en el exterior de confiar en un marco legal que ahora los incluye, pero que deberá demostrar su agilidad y transparencia en la práctica. El camino se ha trazado; ahora falta transitarlo.


Para que después se los expropien? Puro humo.
Por los diarios de oposición en Cuba el riesgo de invertir está presente Dicen que no hay seguridad jurídica Sin embargo los hoteles como Meliá siguen funcionando y han ganado mucho
Posiblemente deberían habilitar bancos extranjeros a fin de poder depositar dinero
CHE: QUÉ PASÓ CON LA REVOLUCIÓN ?? SE VOLVIÓ «CAPITALISTA» ??