El nuevo año comienza con un panorama sanitario marcado por infecciones respiratorias estacionales, encabezadas por una variante contagiosa de la influenza A(H3N2) conocida como subclade K. Esta mutación, que evade parcialmente las vacunas actuales, está impulsando un rápido aumento de casos en el hemisferio norte, con actividad elevada en Estados Unidos, Europa, Canadá, Reino Unido y Japón. Al mismo tiempo, persisten brotes significativos de sarampión en varias regiones y se mantiene una estricta vigilancia sobre la gripe aviar H5N1, que continúa generando casos humanos esporádicos.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud instan a fortalecer la vacunación y las medidas preventivas para aliviar la presión sobre los sistemas de salud en esta temporada intensa.
La «super gripe»
La temporada gripal 2025-2026 ha empezado de forma precoz y vigorosa, dominada por la variante A(H3N2) subclade K, apodada en algunos medios como «súper gripe» debido a su alta capacidad de propagación. Esta cepa surgió tarde en 2025, lo que generó un desajuste parcial con la vacuna actual, aunque esta sigue ofreciendo protección contra complicaciones graves.
En Estados Unidos, el CDC estima al menos 7,5 millones de casos, 81.000 hospitalizaciones y 3.100 muertes hasta finales de diciembre, con un aumento acelerado en las últimas semanas. La actividad es elevada en todo el país, con hospitalizaciones que han duplicado en periodos recientes y ocho muertes pediátricas confirmadas en lo que va de temporada. Otros virus respiratorios como RSV y COVID circulan, pero la gripe predomina en el incremento global.
En Europa y otras regiones del hemisferio norte, se observan patrones similares de brotes tempranos e intensos. Aunque no es inherentemente más letal que cepas previas de H3N2 que suelen afectar con mayor severidad a niños y mayores, su evasión inmunológica genera más infecciones y mayor demanda hospitalaria. La OMS reporta aumentos globales, con esta subclade representando la mayoría de los virus caracterizados.
El resurgimiento del sarampión
El sarampión, una enfermedad altamente contagiosa y completamente prevenible mediante vacunación, está experimentando un preocupante resurgimiento en diversas regiones del mundo. En Estados Unidos, 2025 cerró como el peor año en más de tres décadas, con más de 2.000 casos confirmados. Los brotes más significativos se concentraron en estados como Texas, donde se registraron cientos de infecciones, además de focos importantes en Arizona, Carolina del Sur y otras zonas. Las autoridades sanitarias advierten que, si la transmisión local no se interrumpe en las próximas semanas, el país podría perder en enero de 2026 el estatus de «eliminación» del sarampión, un logro que había mantenido desde el año 2000.
A nivel global, el panorama es igualmente alarmante. Tras la pandemia de COVID-19, que interrumpió campañas de vacunación rutinarias en muchos países, se observa un aumento sostenido de casos en América, África y Europa, con miles de infecciones reportadas. Naciones que habían logrado eliminar la enfermedad, como Canadá, ya han perdido ese estatus, y otros corren el mismo riesgo.
La principal causa de este retroceso radica en las brechas de cobertura vacunal en ciertas comunidades, un fenómeno agravado por la circulación de desinformación que genera desconfianza hacia las vacunas. Los expertos insisten en que recuperar las tasas de inmunización por encima del 95% es esencial para contener la propagación y evitar complicaciones graves, especialmente en niños.
Vigilancia sobre la gripe aviar H5N1
El virus H5N1 sigue circulando en aves, mamíferos y generando casos humanos esporádicos en todo el mundo. Aunque los contagios humanos permanecen raros y principalmente ligados a exposición ocupacional como en granjas avícolas o lecheras, la OMS mantiene una vigilancia estricta debido a su potencial pandémico.
En 2025, se reportaron docenas de casos humanos globales, con algunos fallecimientos, pero sin evidencia de transmisión sostenida persona a persona. El virus continúa mutando al saltar entre especies, lo que aumenta la preocupación por una posible adaptación que facilite su propagación en humanos.

