El café gana espacio en Uruguay,de la taza cotidiana a una nueva cultura de consumo

En un país identificado con el mate, el café mantiene una fuerte presencia en los hogares y suma propuestas de especialidad. Las nuevas formas de preparación transforman una costumbre que combina desayuno, encuentro y actividad comercial.

El café forma parte de la vida cotidiana de los uruguayos. Está en el desayuno, en la pausa laboral, en la sobremesa y en las reuniones que encuentran en una taza la excusa para conversar. A esa presencia tradicional se agrega una oferta de cafeterías que pone el acento en el origen del grano, el tostado y los métodos de preparación.

La transformación no implica que todos los consumidores hayan cambiado sus hábitos. Conviven el café soluble preparado en pocos minutos, el cortado de mostrador, el café con leche y las propuestas de especialidad. El mercado reúne necesidades y presupuestos diferentes, desde quienes buscan una bebida práctica hasta quienes eligen dedicar tiempo a distinguir aromas y sabores.

Las cifras disponibles permiten aproximarse a esa presencia, aunque deben leerse con su fecha y procedencia. En información empresarial difundida en 2024, Nestlé situaba el consumo de café en ocho de cada diez hogares uruguayos y señalaba una marcada preferencia por el soluble. Se trata de una referencia de la industria, que no debe confundirse con un censo oficial ni con una medición actualizada a 2026.

Otros datos divulgados por la compañía en 2022 ubicaban el consumo en unas 153 tazas anuales por habitante. El promedio ayuda a dimensionar el mercado, pero no describe la frecuencia individual: incluye tanto a quienes toman varias tazas al día como a quienes consumen ocasionalmente o no lo hacen.

El hogar conserva un lugar importante en esa cultura. Allí pesan la facilidad de preparación, el rendimiento del producto y la posibilidad de compartirlo. Para una parte de los consumidores, el café sigue asociado principalmente al desayuno y a la leche, antes que a una degustación del grano.

Fuera de casa, la propuesta se amplía y la expansión de los cafés de especialidad como parte de un cambio en los hábitos urbanos. En estos establecimientos, la preparación y la información sobre el producto adquieren mayor protagonismo dentro de la experiencia de consumo.

El vínculo con el cliente también cambia cuando la carta explica procedencias, perfiles de sabor y formas de extracción. La conversación deja de limitarse a pedir un café chico o grande: puede incluir diferencias entre un espresso y un filtrado, la intensidad del tostado o las características de un grano.

En 2024, Nestlé situaba el consumo de café en ocho de cada diez hogares uruguayos.

Para el consumidor, esa diversidad abre posibilidades, pero también exige información clara. Un precio elevado, una decoración cuidada o una presentación atractiva no bastan para acreditar calidad. Importan el producto utilizado, su conservación, la preparación y la consistencia del servicio.

El fenómeno tiene además una dimensión industrial. Uruguay participa en el negocio mediante la transformación de materia prima importada. Según datos de Uruguay XXI , las exportaciones de café alcanzaron los US$ 10,7 millones en 2023, un 14% más que en 2022. Ese movimiento corresponde al comercio exterior y debe distinguirse del consumo interno.

Hablar de café en Uruguay supone, por tanto, observar varios mercados que se relacionan: el producto de supermercado, las máquinas y sus insumos, el tostado local y el servicio gastronómico. Cada uno compite por una parte del gasto y del tiempo de los consumidores.

El desafío empresarial consiste en convertir la curiosidad en una clientela habitual. Para eso hacen falta precios comprensibles, atención y una propuesta que mantenga su calidad. La novedad puede atraer una primera visita; la experiencia determina el regreso.

En el país del mate, el café tiene un espacio propio. Su evolución se expresa tanto en las cafeterías como en las cocinas: una costumbre conocida que incorpora nuevas herramientas, nuevos sabores y otras maneras de compartir la mesa.

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