La última encuesta realizada en noviembre por CREA entre productores y asesores de todo el país revela un escenario mixto en el agro argentino: por un lado, una recuperación significativa del Índice de Confianza del Empresario Agropecuario (ICEA); por el otro, una marcada prudencia a la hora de proyectar inversiones. Esta dualidad sintetiza el clima que atraviesa hoy el sector, donde conviven la expectativa por cambios macroeconómicos con la cautela derivada de años de inestabilidad y pérdidas acumuladas.
Según el relevamiento, apenas el 29% de los consultados considera que las condiciones actuales son propicias para invertir. Esto significa que, pese a que el ICEA muestra una tendencia positiva, siete de cada diez empresarios agropecuarios aún no ven un contexto suficientemente sólido como para asumir nuevos compromisos financieros o ampliar su capacidad productiva. La mayoría sigue evaluando riesgos, necesidades de capital de trabajo, acceso al financiamiento y previsibilidad normativa antes de tomar decisiones de peso.
La recuperación del ICEA está íntimamente vinculada con la expectativa de un eventual ordenamiento de la macroeconomía, un tema que el sector viene reclamando desde hace años. Tras períodos atravesados por alta inflación, brechas cambiarias, presión impositiva creciente y dificultades para acceder a insumos importados, muchos productores interpretan que un cambio en el rumbo económico podría generar el marco adecuado para que los negocios recuperen estabilidad.
En este sentido, Ariel Angeli, líder de la Unidad de Investigación y Desarrollo de CREA, explicó que el repunte del índice no responde solamente a una mejoría coyuntural, sino a la esperanza de un reacomodamiento estructural capaz de habilitar condiciones más competitivas. “La recuperación del ICEA está fundamentada en la posibilidad de que el ordenamiento de la situación macroeconómica permita generar los cambios microeconómicos necesarios para mejorar la competitividad de los negocios y la sostenibilidad de las empresas, promoviendo así el crecimiento y desarrollo de las comunidades en las que operan”, señaló.
El planteo no es menor: el campo argentino sostiene a decenas de economías regionales cuya salud depende directamente de factores como los costos de producción, la disponibilidad de tecnología, la estabilidad cambiaria y la capacidad de proyectar a mediano plazo. En este contexto, los productores más optimistas consideran que un reordenamiento macroeconómico podría derivar en una baja progresiva de costos, mayor previsibilidad en las operaciones y un entorno más adecuado para planificar inversiones estratégicas, como maquinaria, infraestructura y tecnología de precisión.
Sin embargo, la prudencia continúa siendo el denominador común. El prolongado impacto de la sequía 2022–2023, la volatilidad internacional en los precios de granos, las dificultades en el acceso al crédito y la persistencia de una presión fiscal elevada han dejado huellas profundas. Muchos establecimientos aún están recuperando nivel productivo y recomponiendo capital, lo que explica la reticencia a comprometerse con inversiones de largo plazo.
A esto se suma un elemento clave: la incertidumbre regulatoria. Cambios recurrentes en retenciones, restricciones a las exportaciones, variaciones en los mercados cambiarios y modificaciones impositivas han configurado una realidad donde la planificación a largo plazo se vuelve compleja. Incluso con señales de mejora, gran parte del empresariado prefiere esperar definiciones más firmes del rumbo económico antes de tomar decisiones de expansión.
Las expectativas, no obstante, muestran un moderado optimismo. Muchas empresas del sector consideran que, si se consolida un proceso de estabilidad macroeconómica, las condiciones para invertir podrían mejorar durante 2025. La demanda de tecnologías vinculadas a la eficiencia hídrica, la reducción de costos operativos y la sustentabilidad ambiental aparece como una de las áreas donde podría registrarse mayor dinamismo, siempre que el contexto acompañe.
El informe de CREA deja así una conclusión clara: la confianza se está recuperando, pero la inversión aún no despega. El sector agrícola argentino, históricamente resiliente y acostumbrado a atravesar ciclos adversos, prefiere moverse con cautela en un momento de transición. Si las condiciones macroeconómicas convergen hacia mayor estabilidad y previsibilidad, la brecha entre la expectativa y la acción podría comenzar a cerrarse en los próximos meses.

