Lyme es una infección producida por la bacteria Borrelia burgdorferi que transmiten las garrapatas tipo Ixodes ricinus, una de las más de 800 especies de este arácnido. Por tanto, no todas las garrapatas transmiten enfermedades, ni pican a humanos. Esta afección puede afectar la piel, sistema nervioso, corazón, articulaciones y músculos.
Si la garrapata está infectada con Borrelia (algo que sucede entre el 1 y el 10 % de los casos) y la transmite al humano, se desencadena la infección. Cuando una persona contrae la enfermedad de Lyme, presenta algunos síntomas como: un sarpullido rojo llamado eritema migratorio, fiebre, escalofríos, mareos y náuseas, dolor de cabeza, fatiga, dolores musculares y articulares y ganglios linfáticos inflamados (glándulas inflamadas).
Tratamiento
El principal tratamiento contra la infección son los antibióticos, ya que en la actualidad no existe una vacuna para luchar contra la enfermedad. El uso de antibacterianos puede ser de 2 a 4 semanas; en la mayoría de los casos, la enfermedad de Lyme se cura con antibióticos orales. Sin embargo, en casos más graves o con afectación neurológica, puede ser necesario un tratamiento con antibióticos intravenosos. La elección del medicamento y el tiempo del tratamiento van a depender de la persona y lo avanzado de la enfermedad.
Uno de los principales problemas que presenta la enfermedad es la dificultad para detectarla, ya que requiere un análisis serológico para confirmar la presencia de la infección. La enfermedad de Lyme se presenta en tres formas: localizada, diseminada o tardía. En la etapa localizada, suele aparecer una erupción circular en la piel entre una y dos semanas después de la mordedura, con un anillo claro alrededor de la zona rojiza.
En cambio, la forma tardía puede manifestarse meses o incluso años después, con síntomas que imitan la artritis, afectando principalmente rodillas y caderas, y en algunos casos acompañados de trastornos neurológicos como confusión, pérdida de memoria y alteraciones en el sueño. Por otro lado, también tiene efecto directo en el sistema nervioso con el desarrollo de meningoradiculitis linfocitaria acompañada o no de parálisis del nervio facial de forma única o bilateral.
Además, tiene afectación cardiaca; en la fase de diseminación precoz es relativamente frecuente, observándose casos de bloqueo auriculoventricular que generalmente cursan de manera asintomática. Así como afectación de las articulaciones, en forma de artritis de grandes articulaciones. Son poco frecuentes las manifestaciones tardías de encefalomielitis, síndromes de esclerosis múltiple-like, demencia, artritis crónica recidivante o acrodermatitis crónica atrófica.
Las garrapatas suelen habitar en zonas boscosas o de hierbas altas, pero también en dehesas y prados, especialmente donde hay ganado. Estas pueden permanecer adheridas a otros animales para alimentarse de su sangre después de producir una picadura. Las medidas de prevención recomendadas son: Evitar las áreas arboladas, con arbustos y con césped, especialmente durante los meses más cálidos, aunque la exposición a las garrapatas puede ocurrir en cualquier momento.
Aplicar repelentes de insectos sobre la piel descubierta, usar pantalones largos y camisas de manga larga, y zapatos que cubran todo el pie, y realizar un control corporal cuidadoso para detectar garrapatas después de las actividades al aire libre.

