Desde Santiago de Chile, Madrid y Tel Aviv, el Colectivo de Cultura Uruguaya en el Exterior teje una red que mantiene viva la identidad oriental más allá de las fronteras. Sus referentes —Carlos Prendez (España), Raúl Uma (Chile) y Claudia Garbarino (Israel)— trabajan en contextos culturales muy distintos, pero con un mismo objetivo: proyectar la cultura uruguaya al mundo sin que pierda su raíz ni su capacidad de reinventarse.
¿Cómo nace el colectivo y cómo logran articularse en tres países tan diferentes?
Carlos Prendez (España): Nace de la necesidad. Los uruguayos en el exterior siempre generamos espacios de encuentro, pero entendimos que hacía falta algo más organizado. En España hay una comunidad numerosa y una gran apertura hacia América Latina. Trabajamos con centros culturales, universidades y espacios municipales. Organizamos ciclos literarios dedicados a Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, pero también presentamos autores contemporáneos. La idea es mostrar continuidad, no quedarnos solo en los clásicos.
Raúl Uma (Chile): En Chile la relación es muy fluida. Compartimos historia, exilios, intercambios académicos. Nuestro colectivo articula con universidades, centros culturales barriales y músicos independientes. Hemos hecho muestras sobre Joaquín Torres García y su universalismo constructivo, que dialoga mucho con el pensamiento latinoamericano. La clave es generar puentes, no vitrinas.
Claudia Garbarino (Israel): En Israel el desafío es distinto porque la comunidad uruguaya es más pequeña. Sin embargo, hay una enorme vitalidad. Organizamos encuentros gastronómicos, celebraciones patrias y festivales de cine. El tango es un gran embajador; la figura de Carlos Gardel despierta admiración incluso entre quienes no conocen Uruguay. A partir de ahí abrimos la puerta a otras expresiones.
¿Cuáles son los ejes culturales que mejor representan a Uruguay en el exterior?
Raúl Uma: El candombe es central. Cuando explicamos su raíz afrouruguaya y su historia en los barrios Sur y Palermo, el público se sorprende por la profundidad cultural. También la murga, con su crítica social y su teatralidad, resulta muy atractiva en Chile.
Carlos Prendez: En España la literatura tiene un peso enorme. Además de Benedetti y Onetti, crece el interés por Idea Vilariño y por nuevas narrativas femeninas. Uruguay es percibido como un país con una tradición intelectual sólida, lo que genera respeto.
Claudia Garbarino: El fútbol es una puerta simbólica. Figuras como Luis Suárez y Edinson Cavani despiertan curiosidad. Muchas veces una charla deportiva termina en una conversación sobre historia y cultura.
¿Cómo evitar que la cultura se transforme sólo en nostalgia del emigrante?
Carlos Prendez: Es una preocupación constante. No queremos quedarnos en la postal del mate y el asado, aunque también forman parte de nuestra identidad. Promovemos artistas jóvenes, cine independiente, música electrónica y proyectos híbridos.
Raúl Uma: En Santiago trabajamos con colectivos que fusionan murga con hip hop o ritmos andinos. Esa mezcla mantiene viva la tradición. La cultura uruguaya siempre fue mestiza y crítica.
Claudia Garbarino: En Israel articulamos proyectos conjuntos con artistas locales. No se trata de exportar una cultura cerrada, sino de dialogar. La identidad se fortalece cuando interactúa.
¿Qué papel juega la tecnología en esta red internacional?
Raúl Uma: Es fundamental. Realizamos encuentros virtuales entre Montevideo, Madrid, Santiago y Tel Aviv. Organizamos conversatorios online y transmisiones de espectáculos. La virtualidad nos permite mantener continuidad.
Carlos Prendez: Estamos desarrollando un archivo digital colaborativo que registre actividades culturales uruguayas en el exterior. Muchas iniciativas quedan invisibles. Queremos sistematizarlas.
Claudia Garbarino: También trabajamos con redes sociales para difundir eventos y generar comunidad intergeneracional. Los hijos de uruguayos nacidos en el exterior se vinculan a través de estas plataformas.
¿Qué desafíos enfrentan como colectivo?
Claudia Garbarino: La financiación es un reto permanente. Dependemos de autogestión y apoyos puntuales de consulados. Creemos que Uruguay podría potenciar una política más sistemática de diplomacia cultural.
Raúl Uma: Otro desafío es la continuidad. No basta con un festival anual. La presencia debe ser sostenida para generar impacto real.
Carlos Prendez: También enfrentamos el desconocimiento. Muchos asocian Uruguay únicamente con el fútbol. Nuestro trabajo es ampliar esa mirada.
¿Qué proyectos tienen a futuro?
Raúl Uma: Consolidar un festival itinerante de cultura uruguaya que rote entre Chile, España e Israel, con participación de artistas que viajan desde Montevideo.
Carlos Prendez: Fortalecer alianzas universitarias para intercambios académicos y residencias artísticas. Queremos que investigadores y creadores circulen.
Claudia Garbarino: Crear un fondo colaborativo que apoye microproyectos culturales en comunidades uruguayas del exterior.
En términos personales, ¿qué significa para ustedes sostener esta tarea?
Carlos Prendez: Es una forma de pertenecer. La cultura es territorio simbólico.
Raúl Uma: Es responsabilidad y orgullo. Mostrar Uruguay en el mundo es una manera de agradecer lo que somos.
Claudia Garbarino: Es tender puentes. Cada actividad es una pequeña embajada cultural.
Desde Chile, España e Israel, el Colectivo de Cultura Uruguaya en el Exterior demuestra que la identidad oriental no se diluye con la distancia. Se transforma, dialoga y crece. Uruguay, pequeño en territorio pero vasto en creatividad, proyecta su literatura, su música, su pensamiento crítico y su pasión deportiva como parte de una conversación global.
La cultura uruguaya en el mundo no es solo memoria: es presente activo y futuro compartido.



