Isabel Lenoir eligió un camino poco habitual para presentar su segundo disco. Amanda no está en las plataformas: se escucha por primera vez en Uruguay este domingo 8 de noviembre a las 20 horas, en el Centro Cultural Florencio Sánchez, en el Cerro. Después de esa noche, esas canciones no volverán a sonar en vivo hasta el año que viene. La sala estará sin sillas, para bailar, y quien quiera puede ir vestido de rojo a pedido de la cantante.
Las entradas están a la venta en Tickantel y en la boletería del teatro, con 2×1 limitados y descuentos para residentes directamente en boletería. Para quienes salen desde el centro de Montevideo, la artista lo dejó claro en sus redes: el ómnibus 125 deja en la puerta, por lo tanto, no hay excusas.
Como adelanto, el viernes 6 de noviembre sale el primer single del disco, una canción compartida con Julieta Rada, editada junto a Bisiesto, la productora y sello uruguayo que la acompaña. Se puede hacer pre-save desde el enlace en el perfil de Instagram de Isabel.
En diálogo con Diario La R, Isabel habló sobre sus comienzos, el concepto detrás de Amanda y lo que espera de esa noche. “Quiero que disfrutemos esos 45 o 50 minutos que estemos ahí ‘dándole’, y después se terminó. Es vivir a full esa obra”, adelantó.
Mujeres que maternan
Amanda está dedicado a las mujeres que alguna vez fueron llamadas “malas mujeres”. Isabel lo define como la tesis de una investigación que viene cultivando hace tiempo sobre las maternidades: las mujeres que maternan, que resisten, limpian, migran, luchan, sobreviven, se enamoran y nacen de nuevo.
“Estoy cansadísima de la idea de que las mujeres tienen lugar para solo unas cosas y que si muestran un poco más de rebeldía, o dicen o expresan algo más, ya son llamadas malas mujeres, son criticadas o censuradas”, explicó. Puso un ejemplo: cuando una madre está sola, lo primero que le preguntan es dónde está su hijo. “Yo también tengo una vida, soy mujer antes que madre”, resumió.
Isabel reconoce que ella misma repitió esos estereotipos alguna vez: “Yo también soy parte de eso y también he cometido esos errores de los estereotipos de género”. “Quiero que mis amigas que son mamás disfruten la maternidad, pero también quiero que sean mujeres y disfruten de su vida haciendo lo que quieren hacer, sin sentirse malas madres”.
Isabel no es madre, pero es tía de al menos seis niños y niñas. A su vez trabajó cerca de cinco años como acompañante de infancias en contextos de vulnerabilidad. “Eso me cambió la vida”, contó. Con sus sobrinos y los hijos de sus amigas entendió que la madre no es la única que materna, también lo hace la comunidad que está alrededor. “Las infancias son de alguna forma de todos”, dijo.

¿Por qué Amanda?
El nombre es un homenaje a Amy Winehouse: Amy, en español, sería Amanda. A Isabel la inspira la forma en que la cantante inglesa narraba escenas censuradas, como la infidelidad o las adicciones, con melodías “espectaculares”. Ella busca algo parecido: poner en canciones esas dualidades que muchas veces se callan, como la amiga que se enamora de alguien que no debería o la que ama y odia a la vez a su pareja. “Hay que hablar de esas cosas, porque si no se quedan como un fantasma en la habitación”, afirmó.
Entre Piscina Libre y Amanda
En 2024 Isabel agotó el Teatro Solís con su primer disco, Piscina Libre. Varias de sus amigas tuvieron hijos, descubrió que algún día quiere ser madre y empezó a ver lo injusta que puede ser la vida: una amiga muy querida con una enfermedad terminal, su abuela con demencia que ya no reconoce a la familia, una amiga con un hijo que no consigue trabajo.
“Cuando hice Piscina Libre seguía viviendo en la casa de mi madre. Después me fui a vivir sola, empecé a trabajar, me enamoré de mi novio, que vive en Buenos Aires… Un montón de cosas que empiezan a pasar cuando uno se hace más grande”, contó.
Del Prado a la escuela de música
Isabel Lenoir nació en Montevideo en el año 2000 y se crio en el Prado. Fue a la Escuela 14 José de San Martín y, en paralelo, a la Escuela de Música 310, en el Reducto. Confiesa que no le gustaba ir: sus padres la obligaban con la promesa de que algún día lo iba a agradecer. Y así fue. Allí tuvo sus primeras clases de canto, coro, flauta y percusión, y vio por primera vez un tambor piano. Fue su profesora de canto la que les dijo a sus padres que tenía que profundizar en la voz.
Más adelante pasó por el Conservatorio Sur, al mismo tiempo que estudiaba la licenciatura en Diseño de Comunicación Visual, su profesión. Dejó el conservatorio porque “el cuerpo ya no respondía”, pero se llevó amistades que hoy son un pilar en su vida musical.
Esa formación como diseñadora se nota. “Más allá de ser cantante, o antes de ser cantante, soy diseñadora”, afirmó. Para ella, diseñar es pensar la solución a un problema: si la idea es hacer un disco por y para las mujeres que maternan, eso incluye las canciones, los videoclips, la comunicación, la paleta de colores y el vestuario.

Una red que sostiene
Cuando habla del apoyo de su entorno, Isabel aclara: “Nada se hace solos”, y nombra a sus padres, su hermano, su cuñada y su abuela. Fue su abuela la que, cuando necesitó mil dólares para la música, le dijo “yo te los doy, después me los devolverás”. También recuerda el auto que le presta su madre para llegar a los ensayos. “Son cosas chicas, simbólicas, pero vitales para armar un proyecto musical”, explicó.
Hubo un tiempo en que les pedía a sus padres que no fueran a sus toques, por vergüenza, porque “había dos personas”. Hoy le llega que hablan de ella con orgullo. En Amanda, además, las voces de su madre y su hermana suenan en una de las canciones del disco.
Candombe como punto de partida
Su propuesta nace del candombe, pero suma muchos otros géneros. “Me enamoré del candombe y soy candombera a full, pero no me representa ser solo cantante de candombe. Tengo muchísimos más géneros adentro mío”, explicó. En Amanda aparecen la milonga, el tango y hasta una mezcla de tango con funk brasileño.
A sus referentes de siempre, como Amy Winehouse, Aretha Franklin, Ruben Rada, Urbano Moraes y Spinetta, se sumó Mon Laferte. “Antes no me gustaba, pero la vi en vivo y sentí algo en el cuerpo”, contó. Lo que la conmovió fue la idea de un show pensado “en 360”.
Julieta Rada y otras colaboraciones
Cuando Isabel le escribió a Julieta Rada para invitarla a cantar con ella, todavía no tenía la canción y estaba convencida de que no le iba a responder. Julieta le dijo que sí y le pidió el tema. “¡Yo no tenía canción!”, recordó. Tardó un año en mandársela y, mientras tanto, empezaron a llamarla “la canción de Juli”. “Ella hace que todo parezca muy fácil. Es un placer verla en el estudio”, dijo.
El disco también incluye dos canciones “muy para bailar” con el Taller Toca Plena, de Puerto Rico; una con Eli Almic, pionera uruguaya en el rap y hip-hop, y otra con Nuria, una amiga de San Pablo que conoció en Brasil. Esta última, grabada después de una tarde de playa, es para Isabel “la mejor canción del disco”.

Entre Montevideo y Buenos Aires
Su vida hoy se mueve entre ambas orillas. Amanda ya se presentó en un ciclo en Buenos Aires curado por Humphrey Inzillo, al que define como “un regalo del cielo”. De la capital argentina le gusta la intensidad y las redes que se generan entre músicos, aunque va con calma: “Buenos Aires es un monstruo que te puede comer, así que voy lento”.
Volver al vivo
¿Por qué no subir el disco directamente a las plataformas? “Esto puede vivir en el vivo, en lo tangible. Después saldrá en plataformas y podrá difundirse”, señaló. La propuesta es reunir a por lo menos 200 personas para bailar y vivir el momento, como cuando solo existía el CD o el casete y uno iba a ver un show porque le habían contado que estaba bueno.
Para quienes duden en tomarse el 125, dejó un mensaje: “Que se sorprendan y que no repitan esa idea de que la juventud está perdida, porque estamos más vivos que nunca”.
La presentación de Amanda será el domingo 8 de noviembre a las 20 horas en el Centro Cultural Florencio Sánchez, en el Cerro. Isabel va a tocar las diez canciones nuevas del disco, acompañada por muchos músicos en escena. La sala estará sin sillas, para que el público pueda bailar, y quienes quieran pueden ir vestidos de rojo. Las entradas se consiguen en Tickantel y en la boletería del teatro, con 2×1 limitados y descuentos para residentes en boletería.

