A los 94 años falleció Kai Theodor Erikson, uno de los sociólogos estadounidenses más influyentes del siglo XX y principios del XXI. Hijo del legendario psicoanalista Erik Erikson, Kai no vivió a la sombra de su padre: construyó su propio camino y terminó convirtiéndose en la mayor autoridad mundial sobre las heridas que los desastres dejan en las comunidades, no solo en los cuerpos individuales.
Erikson fue el primer investigador que demostró, con rigor científico y una prosa casi literaria, que el trauma puede ser colectivo. Que una inundación, un derrame tóxico o un accidente nuclear no solo mata o enferma: destruye el tejido mismo de la confianza, la memoria compartida y el sentido de pertenencia. Su obra maestra, *Everything in Its Path (1976), sobre la catástrofe de Buffalo Creek —donde en 1972 una presa de lodo de una compañía minera arrasó dieciséis pueblos de Virginia Occidental—, sigue siendo lectura obligada en sociología, psicología, derecho y gestión de desastres.
Estudió la contaminación por mercurio en Grassy Narrows (Canadá), el accidente de Three Mile Island, el derrame del Exxon Valdez, el genocidio en la antigua Yugoslavia y, ya octogenario, el huracán Katrina. En cada caso llegaba, escuchaba durante meses, vivía con las víctimas y volvía con textos que combinaban la precisión académica con una empatía que pocas veces se encuentra en la ciencia social.
Profesor emérito de Sociología y Estudios Americanos en Yale, fue presidente de la American Sociological Association (1985-1986), de la Society for the Study of Social Problems y de la Eastern Sociological Society. Editó The Yale Review entre 1979 y 1989 y, hasta sus últimos años, siguió dando clases magistrales y publicando.

