Desde 2013, la República Popular China impulsa la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR o BRF, por sus siglas en inglés), un plan de cooperación internacional destinado a fortalecer el desarrollo económico y la interconexión global. El objetivo es crear una red de infraestructura, comercio e integración que vincule al gigante asiático con Asia, Europa, África y también con América Latina y el Caribe.
Uno de los principales desafíos de la IFR ha sido, según los especialistas, “romper mitos y generar consensos”. Para Yajie Zhao, doctoranda de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, la iniciativa es una “plataforma abierta e inclusiva” que evita pequeños círculos ideológicos o geopolíticos. “El sistema da la bienvenida a todos los países con ideas afines y se compromete a construir una red de socios basada en el diálogo y la cooperación, en lugar de la confrontación”, explicó.
La plataforma se rige por tres principios fundamentales: consulta extensiva (las decisiones se toman en conjunto), contribución compartida (cada país aporta sus fortalezas) y beneficios mutuos, lo que Zhao define como un esquema “ganar-ganar”. Además, la estrategia se apoya en cinco grandes “conectividades”: coordinación de políticas, infraestructura, libre comercio, integración financiera y vínculos entre los pueblos.

América Latina en la Franja y la Ruta
Dentro de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), la iniciativa ha dejado huellas visibles. Según Zhao, el comercio bilateral alcanzó en 2024 los 518.000 millones de dólares, una cifra récord que casi duplica la de hace una década. Mientras tanto, la inversión china en la región llegó a 596.000 millones de dólares a fines de 2022, con una creciente diversificación hacia la manufactura, la tecnología y las energías renovables.
Entre las obras se destacan el puerto de Chancay en Perú, que se proyecta como la gran puerta de entrada de Sudamérica a Asia, y la modernización del ferrocarril Belgrano Cargas en Argentina, cuya capacidad de transporte aumentó un 235%. En el ámbito energético, se desarrollan proyectos como una planta fotovoltaica en Argentina y el parque eólico Punta Sierra en Chile, capaz de abastecer a 130.000 hogares. China también se comprometió a no financiar nuevas centrales de carbón en el extranjero, en línea con su apoyo a la transición energética y a la idea de una “Franja y Ruta verde”.
Una visión global con impacto social
Más allá de las obras, el Banco Mundial estima que la implementación completa de la iniciativa podría sacar de la pobreza extrema a 7,6 millones de personas y de la pobreza moderada a otros 32 millones en todo el mundo.
“La Franja y la Ruta nació en China, pero sus oportunidades y resultados pertenecen al mundo”, subrayó Zhao. Para Beijing, la estrategia es parte de la construcción de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad”.

Beneficios en la Región
Países como Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay, Venezuela y varias naciones de Centroamérica y el Caribe participan en la iniciativa con proyectos de infraestructura, corredores logísticos, zonas económicas especiales y cooperación en energía, tecnología y educación.
De acuerdo con datos oficiales, solo en el primer semestre de 2025, América Latina recibió el 1,14% de los compromisos de construcción y el 0,4% de la inversión global en el marco de la IFR, que totalizó 123.000 millones de dólares. Empresas chinas como BYD y Goldwind han expandido su presencia en la región con proyectos de vehículos eléctricos en Brasil y turbinas eólicas en Uruguay, respectivamente.
Sin embargo, la iniciativa no está exenta de debates. Estados Unidos y la Unión Europea observan con cautela su avance, señalando riesgos de endeudamiento para algunos países receptores de financiamiento. Pekín responde que se trata de una cooperación “abierta y mutuamente beneficiosa”. En paralelo, los gobiernos latinoamericanos discuten cómo garantizar que los proyectos generen desarrollo sostenible, empleo local y respeto ambiental.
A más de una década de su lanzamiento, la Franja y la Ruta entra en una nueva fase. Además de puertos, carreteras y trenes, Beijing pone ahora el acento en la cooperación digital y tecnológica: comercio electrónico, infraestructura 5G, inteligencia artificial y energías limpias. Estos ámbitos abren nuevas oportunidades para América Latina, que busca diversificar sus vínculos externos y acceder a financiamiento en sectores estratégicos.
La IFR ha demostrado ser mucho más que un plan de obras: es una apuesta geopolítica y económica que redefine el papel de China en el mundo y su relación con la región latinoamericana. Con beneficios tangibles y desafíos aún abiertos, el camino de la iniciativa seguirá marcando el rumbo de las relaciones internacionales en la próxima década.

