La ruptura de la cadena de la vida

“Vidas y muertes ensambladas” - Re ensamblajes conceptuales y obras plásticas de Claudio Rama.

Durante milenios, la vida humana se sostuvo en una cadena silenciosa: cada generación recibió la existencia y, casi naturalmente, la proyectó hacia otra. Nacer, crecer, reproducirse y morir constituyeron una continuidad que parecía anterior incluso a nuestras culturas y decisiones. Esa cadena continua y creciente se ha roto profundamente ante la irrupción de capacidad, la libertad y la voluntad de decidir cuándo, cómo y si transmitir la vida.

La fecundidad mundial cayó de 4,8 hijos por mujer en 1970 a 2,2 en 2024, y más de la mitad de los países del mundo ya se encuentran por debajo del nivel de reemplazo. No estamos frente una mera oscilación demográfica, sino que el mundo se achica y cambia la lógica de la reproducción. La anticoncepción separó sexualidad y procreación y las múltiples técnicas de interrupción voluntaria del embarazo introdujeron la posibilidad de detener una vida potencial ya iniciada incluso con leyes y proclamas que lo protegen y facilitan.

La OMS estima que se producen alrededor de 73 millones de abortos inducidos cada año, equivalentes a cerca del 29 % de los embarazos.  No es sólo el aborto la madre de la caída mundial de la natalidad. La anticoncepción, la educación femenina, los costos de crianza, la postergación de la maternidad, la ruptura de los hogares,  el homosexualismo o las nuevas formas de realización individual ponen su grano de arena a que la reproducción dejó de ser destino y mandato biológico para convertirse en fría y consciente decisión individual. Aparece además una tensión social, e íntima, entre la potencialidad de una nueva existencia y la libertad de quien la trae y mientras la ciencia prolonga la vida, se reducen drásticamente las nuevas vidas que se inician. (R.56)

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