La visita oficial del presidente Yamandú Orsi a la República Popular China no es un hecho aislado ni meramente protocolar. Se produce en un momento particularmente significativo de la relación bilateral, en el marco de las relaciones comerciales más activas y sostenidas de los últimos 30 años entre ambos países. En un escenario internacional marcado por la incertidumbre, la reconfiguración de los mercados y la competencia entre grandes potencias, Uruguay enfrenta una oportunidad estratégica que exige visión, coherencia y audacia política.
China se ha consolidado desde hace más de una década como el principal socio comercial de Uruguay. Ese vínculo ha sido clave para el desempeño de sectores fundamentales de la economía nacional, especialmente el agroexportador. Carne bovina, soja, celulosa, lácteos y subproductos industriales encuentran en el mercado chino un destino prioritario, capaz de absorber volúmenes significativos y generar divisas esenciales para el país. Sin embargo, la fortaleza del intercambio comercial no siempre ha ido acompañada de una profundización integral del vínculo, que incorpore dimensiones políticas, tecnológicas y productivas de mayor alcance.
La visita de Orsi ofrece la posibilidad de avanzar precisamente en ese sentido. Profundizar la relación con China no implica únicamente vender más, sino vender mejor. Significa discutir condiciones de acceso, valor agregado, innovación y diversificación productiva. También supone atraer inversiones de calidad que fortalezcan la infraestructura, la logística, la industria y las energías renovables, áreas donde China posee una capacidad tecnológica y financiera de peso global.
En los últimos 30 años, Uruguay ha construido con China una relación basada en el pragmatismo, el respeto mutuo y la no injerencia. Esa estrategia permitió un crecimiento sostenido del intercambio sin grandes sobresaltos políticos ni ideológicos. Hoy, sin embargo, el contexto es otro. El comercio internacional se vuelve más competitivo, las cadenas de suministro se redefinen y los países pequeños deben ser especialmente inteligentes para no quedar relegados a un rol meramente extractivo.
Profundizar el vínculo con China es, en este marco, una decisión estratégica que debe asumirse sin ingenuidad pero también sin prejuicios. No se trata de alineamientos automáticos ni de renuncias a la diversificación de socios, sino de aprovechar una relación madura para ampliar los márgenes de autonomía económica del país. Uruguay cuenta con atributos que lo posicionan favorablemente: estabilidad institucional, seguridad jurídica, estándares sanitarios reconocidos y una reputación internacional construida con consistencia. Esos activos deben ser parte central de la negociación.

Foto: Camilo dos Santos Ayala, Presidencia de la República Oriental del Uruguay.
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El 04 de November de 2025.
Foto: Camilo dos Santos Ayala, Presidencia de la República Oriental del Uruguay
La visita presidencial también envía una señal hacia adentro. Marca la importancia de una política exterior que esté directamente vinculada al desarrollo nacional, al empleo y a la innovación. Una relación más profunda con China debe traducirse en oportunidades concretas para las pequeñas y medianas empresas, en encadenamientos productivos que generen trabajo de calidad y en transferencia de conocimiento. De lo contrario, el riesgo es consolidar una relación intensa en volumen, pero limitada en impacto estructural.
Asimismo, el fortalecimiento del vínculo bilateral exige una coordinación regional e institucional. Uruguay debe pensar su relación con China en diálogo con el Mercosur, pero también desde su propia identidad como país abierto, confiable y con capacidad de iniciativa. En un mundo donde las decisiones geopolíticas pesan cada vez más sobre la economía, mantener una política exterior activa, profesional y coherente es una condición indispensable.
El desafío para el gobierno de Orsi es convertir la intensidad comercial acumulada en las últimas tres décadas en una estrategia de largo plazo. No alcanza con administrar lo existente: es necesario proyectar el vínculo hacia nuevas áreas, con reglas claras y objetivos definidos. La visita a China puede ser un punto de inflexión si se la concibe como parte de un proyecto país que mire más allá de la coyuntura.
La historia reciente demuestra que las oportunidades estratégicas no se repiten indefinidamente. En un momento de cambios profundos en el orden global, Uruguay tiene la posibilidad de consolidar una relación madura, activa y beneficiosa con China. Aprovecharla dependerá de la claridad política, la ambición negociadora y la capacidad de pensar el desarrollo nacional en clave de futuro.



Es cierto que Uruguay ha podido hacer frente a muchas situaciones de estrés gracias al mercado asiático que se ha convertido en el principal socio comercial
En lo político China deja mucho que desear porque es un régimen que no admite disensos
Trump seguramente le harà un cruz a Yamandù Orsi !!