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Sin un criterio lógico la tecnología solo agrega complejidad sin una utilidad real

La tecnología aplicada a la cultura como medio, no como fin

La irrupción de nuevas tecnologías ha cambiado los paradigmas de creación, preservación y divulgación cultural.

La tecnología, y específicamente la IA, ha transitado de ser un concepto lejano a una herramienta cotidiana y accesible
La tecnología, y específicamente la IA, ha transitado de ser un concepto lejano a una herramienta cotidiana y accesible

En el análisis de este panorama Diario la R diálogo con Valentina Golubei, Licenciada en Diseño Multimedia de la Universidad ORT, quien reflexiona sobre los desafíos, riesgos y oportunidades de esta intersección. Golubei define el presente como un «momento bisagra». «Estamos en un momento donde están surgiendo muchos cambios, debates, decisiones y todas estas cosas están pasando juntas», señala. 

Al respecto destaca que la tecnología, y específicamente la IA, ha transitado de ser un concepto lejano a una herramienta cotidiana y accesible. Este cambio, afirma, implica transformaciones de comportamiento, procesos de producción y pensamiento, lo que necesariamente trasciende en el ámbito cultural. 

«Empieza a cambiar el cómo se preservan las piezas, cómo se interpretan, incluso en cómo se difunde las interpretaciones de la cultura», explica. Considera que las decisiones que se tomen hoy definirán el futuro de esta relación, aunque advierte que, actualmente, «estamos todavía improvisando un poco, tomando decisiones sin mucho contexto y sin mucho argumento».

Valentina Golubei, Licenciada en Diseño Multimedia de la Universidad ORT
Valentina Golubei, Licenciada en Diseño Multimedia de la Universidad ORT

Previamente consultada sobre qué tecnologías marcan la diferencia, su respuesta va más allá de nombrar herramientas específicas. Pues subraya que «el valor de las cosas no es la herramienta en sí… sino el uso que le damos». Si bien identifica a la inteligencia artificial generativa y a los entornos inmersivos 3D como claves, por su potencial para resolver problemas concretos. Insiste en que lo crucial es la combinación tecnológica y el criterio aplicado. 

En este sentido mencionó casos prácticos donde la IA facilita la preservación del patrimonio, la digitalización automática de piezas, el análisis de grandes volúmenes de información y la reconstrucción de obras, tareas que antes resultaban imposibles o muy costosas. De igual forma identifica tres de los principales riesgos, el primero es la homogeneización cultural. «Muchas instituciones usan las mismas plataformas, mismos algoritmos, mismas estéticas… existe el peligro que las distintas culturas empiecen a desdibujarse». 

El segundo es la dependencia tecnológica a largo plazo, donde el patrimonio cultural no puede quedar atado a «una solución frágil». El tercer desafío es la brecha digital, no solo de acceso sino de formación y comprensión. «La idea sería poder acompañar, contextualizar y generar alfabetización cultural y también tecnológica», propone. Teniendo en cuenta el equilibrio entre la innovación y la autenticidad Golubei explicó que «el equilibrio aparece cuando la tecnología se entiende como medio y no como fin». La autenticidad, argumenta, se pierde cuando la tecnología compite con el contenido en lugar de potenciarlo. 

Asimismo, critica la implementación de soluciones por ser un «furor», sin un criterio consciente. «Cada incorporación tecnológica debería responder a una necesidad real del relato. Cuando eso sucede, la innovación no interfiere con la autenticidad, sino que la refuerza» asegura. Para Golubei, la mayor oportunidad de la tecnología reside en una democratización profunda de la cultura, que vaya más allá de ampliar audiencias. «Lo que nos puede ayudar es a romper barreras, no solamente geográficas o económicas, sino también cognitivas y hasta simbólicas», explica. 

La tecnología permitiría ofrecer distintos niveles de lectura, recorridos diversos y adaptados, facilitando que una misma obra sea abordada desde múltiples perspectivas. «Cuando se usa con criterio, no impone una única narrativa, sino que habilita la participación activa y la construcción de sentido», concluye.

Con respecto a las instituciones culturales que buscan iniciar este camino, Golubei sugiere comenzar por definir las necesidades, no por elegir una tecnología. «El primer paso y la base de todos es entender qué necesidades tiene la institución… qué experiencia quiero ampliar o mejorar», detalla. Hoy por medio de la tecnología vinculada a la cultura, Golubei distingue entre crear «experiencias» y meros «estímulos». Advierte contra la tendencia a diseñar solo para contenidos visualizados en redes. 

La tecnología, bien utilizada, permite trabajar con el tiempo, el sonido, los recorridos y la elección personal, construyendo espacios para la introspección y la reflexión. «La información deja de ser abstracta… y se convierte en un relato», afirma, lo que facilita que el usuario se conecte emocionalmente al volverse más participativo.

Ante el avance de la IA, vislumbra que las instituciones culturales podrían convertirse en «laboratorios de experimentación», donde el rol esencial de los profesionales será la curaduría. «La IA puede automatizar tareas… pero no puede reemplazar la responsabilidad curatorial y cultural». Enfatiza que la inteligencia artificial debe actuar como un «copiloto», mientras que el juicio crítico y la sensibilidad humanas guían el proceso.

Proyecto MAPI en el Metaverso
Proyecto MAPI en el Metaverso

Golubei es desarrolladora del proyecto «MAPI en el Metaverso», (el cual propone como ejemplo), un mundo virtual que expande el Museo de Arte Precolombino e Indígena sin replicarlo físicamente. Allí se exhibe, mediante piezas digitalizadas con IA, una colección arqueológica que no puede mostrarse en el museo físico. «Estamos resolviendo la imposibilidad de exhibir piezas delicadas o almacenadas. Este caso ilustra cómo la tecnología sirve como herramienta para preservar, ampliar el acceso y generar nuevas experiencias, complementando (no reemplazando) la institución física.

Precisamente, sobre ese punto, es categórica: la tecnología no sustituirá los espacios de integración cultural. «No reemplaza el encuentro humano y la experiencia colectiva. Sí la puede acompañar, ampliar, proteger, potenciar», señala. Los espacios físicos siguen siendo fundamentales como lugares de comunidad y diálogo.

Por encima de la preservación, acceso, engagement o creación de nuevos lenguajes, para la diseñadora el objetivo que debería guiar esta unión entre tecnología y cultura, es uno: el sentido. «En épocas de tanta IA y tecnología al alcance de todos, es muy importante tener la conciencia de elegir y decir por qué estoy usando esta tecnología, para qué, qué me está resolviendo». 

Estos conceptos hoy en día, dependen uno del otro, son las bases de todo, pero si no hay accesibilidad, pierde el sentido. Refiere la accesibilidad a nivel, no solo físico, de poder acceder justamente a ese acervo, sino a nivel de contexto, de lenguaje, de interpretación, pues tener accesibilidad a algo tampoco garantiza la comprensión. 

Golubei asume que los pilares como la preservación, el acceso o la creación están interconectados, pero todos deben subordinarse a una intención clara y a un criterio lógico. De lo contrario, advierte, la tecnología solo agrega complejidad sin una utilidad real, desdibujando el propósito fundamental de la institución cultural: conectar al ser humano con su patrimonio y su creación.

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