Para entender qué pasa con respecto al uso de la tecnología en el mercado laboral es preciso partir de que este está cambiando a una velocidad que los sistemas tradicionales le cuesta seguir. Mientras los robots asumen tareas una y otra vez, los trabajadores del futuro aun siendo nativos digitales o no, temen que la tecnología los deje sin trabajo. Por ello hay que mirar tres fenómenos que actúan al mismo tiempo. Como primer factor, la población envejece, la economía sufre sacudidas constantes y la tecnología avanza a velocidades abismales.
El problema no es solo que desaparezcan algunos empleos y aparezcan otros. El problema de fondo es que quienes buscan trabajo y quienes ofrecen empleo hablan idiomas distintos. Los jóvenes que hoy se incorporan al mercado laboral tienen una relación especial con la tecnología. Son la primera generación que ha crecido con internet, móviles y redes sociales como parte natural de su entorno. Podría pensarse que eso les da ventaja. Y en parte es cierto pues manejan herramientas digitales con soltura y ven en la tecnología oportunidades de flexibilidad, trabajo remoto y colaboración. Pero también preocupa que la tecnología acabe sustituyéndolos.

Actualmente, se observa que cuanto más tecnología incorporan las empresas, menos importantes parecen ser las personas. La tecnología se ha convertido en una herramienta que agiliza el trabajo, complementa funciones, optimiza resultados. Sin embargo, lo interesante es que las personas identifican con claridad qué habilidades van a necesitar en el futuro. Y no incluyen precisamente las tecnológicas. Pues se hace énfasis en el pensamiento creativo, la capacidad de liderar, la empatía para entender a otros. Y, sobre todo, criterio ético para tomar decisiones.
Resulta difícil encontrar a alguien que niegue las ventajas que la tecnología ha traído al mundo laboral en las últimas décadas. La posibilidad de teletrabajar, ya sea de forma parcial o completa, ha supuesto para muchos una oportunidad real de conciliar la vida profesional con la personal. Las herramientas tecnológicas facilitan tareas que antes resultaban inimaginables, como mantener reuniones con personas de cualquier parte del mundo, lo que favorece el dinamismo y la movilidad. El mercado laboral volcado hacia el mundo tecnológico se dirige hacia un modelo basado en habilidades. Pero el factor decisivo será humano, la capacidad de las personas para desarrollar aquello que las máquinas no pueden replicar.
La aplicación de la tecnología al mundo laboral ha revolucionado la forma de trabajar, generando nuevos empleos y transformando la gestión y organización de equipos dentro de las empresas. Hemos pasado de un mundo analógico, prácticamente desaparecido, a otro digital que afecta a casi todas las áreas laborales. Esta revolución tecnológica no se detiene y se enfrenta continuamente a nuevos retos. El último ejemplo es la incorporación de la inteligencia artificial en distintos departamentos empresariales. La atención al cliente, que hasta hace poco realizaban trabajadores en call centers, es sustituida progresivamente por chatbots que desempeñan esas funciones sin necesidad de intervención humana.
Por otro lado también existen desventajas como el riesgo de brecha digital. Quienes se incorporan tarde a las nuevas tecnologías pueden tener dificultades de adaptación y quedar excluidos de ciertos proyectos. Junto a esto la dependencia, y el peligro de ineficiencia ya que existe el riesgo de enamorarse de los dispositivos y sus funcionalidades sin traducirlo en productividad. La procrastinación y la falta de atención aumentan con la exposición constante a estímulos ajenos a las tareas. Junto a esto está el aislamiento, la tecnología puede fomentar hábitos solitarios, tanto en entornos presenciales como en teletrabajo, dificultando las relaciones interpersonales y el trabajo en equipo.

