La violencia como parte de la puesta de límites: un acto que disminuye pero que sigue arraigado a la sociedad

Cardozo, de Uruguay Crece Contigo, expresó la necesidad de una política pública que acompañe a los padres y madres que, muchas veces, no conocieron otras formas de poner límites.

Virginia Cardozo, gerente de Uruguay Crece Contigo (Mides).

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) presentaron los resultados de las últimas mediciones sobre uso de disciplina violenta y exposición de niños, niñas y adolescentes a la violencia contra la mujer. El estudio arrojó que casi 4 de cada 10 (39.3%) niños, niñas y adolescentes, de 2 a 14 años, fueron sometidos a algún método violento de disciplina en el último mes. En este contexto, Diario La R dialogó con Virginia Cardozo, gerente de Uruguay Crece Contigo del Ministerio de Desarrollo Social, quien destacó la importancia de poner el tema sobre la mesa y entender que “es un problema social”.

Los datos publicados provienen de la última encuesta de prevalencia de Unicef, el módulo de violencia de la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud Rural implementado por Uruguay Crece Contigo (UCC) y una investigación cualitativa realizada por Fundación Quebracho. Permitiendo así, comparar las prácticas de crianza establecidas en las familias uruguayas, pero en esta ocasión no solo en la franja etárea de 2 a 14 años sino que también incluyó la franja etárea de 15 a 17.

Cardozo analizó que desde instalada en 2008 la ley 18214, que prohíbe el maltrato físico y psicológico por parte de los referentes, se crea un eje de trabajo que acompañó la disminución de estas prácticas. Pero, si bien respecto a 2013 se observa una disminución de 15 puntos porcentuales en el uso de disciplina violenta hacia niños, niñas y adolescentes, “estamos lejos de que desaparezca como problema público”.

Ante una sociedad que tiene “muchos mitos en torno a las crianzas de los niños y niñas y mucha resistencia a cambiar las prácticas de crianza”, desde el ministerio ponen énfasis instalar el diálogo para poder “sacudir las estructuras de esta práctica de crianza”, pero también para pensar una política pública entendiendo que “no es un problema privado e interno de las familias, sino que es un problema de toda la sociedad”. En ese sentido explicó que “para que la violencia se dé en forma sostenida no solamente requiere de un adulto o una adulta que ejerza la violencia y un niño o niña que la reciba, sino que además está la existencia de terceros y terceras partes que permiten que eso continúe”.

Ante esto analiza que si fuéramos una sociedad que “estuviera diciendo de forma contundente que el ejercicio de la violencia en el disciplinamiento no es tolerable, seguro estaríamos hablando de otros números. Entonces entiende que ya no es un problema de otros, sino de todos y desde ese lugar explicó que “se requiere que todos y todas pensemos cuál es nuestro rol y qué acciones se pueden tomar”.

En función del territorio resaltó que es un problema que atraviesa todas las clases sociales, lo que varía es el tipo de violencia ejercida. La Encuesta de Nutrición Desarrollo Infantil y Salud en su edición rural de 2024 arrojó que en el caso de la violencia física uno de cada tres niños y niñas la sufren en zonas urbanas, mientras que para las zonas rurales es uno de cada cinco. Si se observan todas las violencias, el dato sugiere que la violencia hacia las infancias en el medio rural afecta a 4 de cada 10 niños y niñas de 2 a 4 años.

Cifra a la que no se le “resta complejidad”, porque la Fundación Quebracho realizó un acercamiento cualitativo a la temática en contextos rurales desde la perspectiva de las familias y los servicios y respuestas institucionales, en Cerro Largo, llegando a la conclusión de que la cercanía y conocimiento de todas las personas de la localidad genera control y lealtades que hace difícil denunciar situaciones de violencia. También se ve un mayor peso de las familias tradicionales, con los hombres ocupando roles de autoridad y provisión y mujeres ocupando roles de cuidado; la falta de oportunidades laborales para mujeres agrava esta situación.

Se necesita una política pública que acompañe a los padres y madres.

En ese sentido, Cardozo describió que como segundo eje, es importante el cómo entendemos el fenómeno de la violencia hacia niños, niñas y adolescentes. Uno de los datos presentados refiere a que la violencia basada en género, la violencia hacia las referentes de crianzas y la violencia vicaria por parte de los varones, están fuertemente relacionada con la violencia hacia niños, niñas y adolescentes. “Problemáticas que tienen como origen común las lógicas de poder que son adultocéntricas y patriarcales. Donde los intentos de separarlas lo único que han hecho es dejar a las infancias y adolescencias más desprotegidas y expuestas”, agregó.

Otro elemento que agregó al estudio de la problemática es que, salvo los casos de violencia severa que se encuentra alrededor de un 2%, en la mayoría de los casos los adultos y las adultas que ejercen violencia tanto física como psicológica “no lo hacen con la intención de generar un daño a esa infancia”. Sino que explica que “muchas veces son adultos y adultas que no conocieron ni aprendieron otras formas de poner límites pero que están abiertos y abiertas a aprender”. Situaciones donde “no quiere repetir lo que vivieron con sus referentes pero por la naturaleza de lo aprendido, la violencia sigue persistiendo”.

La investigación de la Fundación Quebracho muestra que los y las referentes solicitan ayuda y herramientas para la puesta de límite y que no siempre están disponibles los recursos, como la contención psicológica o experiencias específicas para el ejercicio de las parentalidades y maternidades. En ese contexto, Uruguay Crece Contigo se encuentra capacitando a los técnicos con los que cuenta en todo el país, con herramientas para trabajar “el bienestar emocional en la práctica de crianza y entender que es un proceso arduo”. Un trabajo que parte desde identificar las emociones, entender las etapas de desarrollo con sus respectivos comportamientos, conocer a nuestros niños, niñas y adolescentes y poder actuar antes de ejercer la violencia.

Además, pusieron foco en fortalecer la línea de trabajo de grupalidad y de talleres para fomentar la crianza positiva. Entendiendo que “necesitamos una política pública que esté acompañando a los padres y madres”, porque, Cardozo expresó que la sociedad no termina de incorporar que “las maternidades y las paternidades se construyen socialmente y no es algo biológico”. Entonces, “tenemos que acompañar esas construcciones para que puedan hacerse de forma que respete los derechos de los niños, niñas y adolescentes y promuevan su desarrollo pleno”.

En conclusión, expresó que “muchas veces le pedimos a los niños, niñas y adolescentes razonamientos o comportamientos que los adultos no podemos tener. Como referentes a veces no somos modelos a seguir y hay que pensar detenidamente cómo desarrollar herramientas para acompañar una crianza responsable. Porque que nosotros hayamos vivido unas prácticas de crianza donde la violencia es parte de la puesta de límites, no quiere decir que no pueda haber otras formas”.

Cardozo entiende que son temas que llevan tiempo pero teniendo en cuenta que la puesta violenta de límites afecta tanto a las infancias y adolescencias como a las maternidades y paternidades, “trabajar desde todos los contextos va a colaborar en la protección de las infancias y en el bienestar en el ejercicio de esa maternidad y esa paternidad”.

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2 Comentarios

  1. A qué acciones se refieren cuando hablan de violencia física y síquica contra niños, niñas y adolescentes? Porque la educación requiere, a veces, de expresiones fuertes para impedir que se hagan actos erróneos, y no siempre esas expresiones implican una violencia abusiva. Por ejemplo, a mí cuando chico algunas veces me dieron unas palmadas o unos tirones de oreja, o me reprendieron con palabras fuertes, y no por eso me sentí agredido. Y cuando nos tocó criar a nuestros hijos, tuvimos alguna vez que hacer lo mismo, sin por ello caer en agresiones. En cambio, me han contado de familias donde no se aplicaba ninguna medida de corrección ante las faltas de sus menores, y así luego ‘éstos salieron mal criados, haciendo rabietas por cualquier cosa. Y estoy seguro que muchos de esos mal criados de ayer son los que ahora reaccionan con extrema violencia ante sus menores, por no haber aprendido con su propia experiencia cómo se deben tratar las rebeldías.

  2. no rompas las pelotas haceme el favor…un castaniazo no mata a nadie.
    Por eso salen asi todos fragiles y tontos los de ahora…no tienen limites.
    Y la mujer es flor de violenta con el varon tambien. asi que no me jorobes dagor….

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