Las consecuencias epigenéticas del maltrato infantil

Los cambios epigenéticos se heredan por la descendencia y afectando los genes.

El maltrato infantil representa un factor de riesgo significativo para la psicopatología. Investigaciones recientes han comenzado a examinar los correlatos neurobiológicos funcionales y estructurales de las experiencias adversas en el cuidado infantil, incluido el maltrato, y cómo estos podrían afectar el desarrollo psicológico y emocional del niño. Se ha demostrado que la relación entre dichas experiencias y el riesgo de psicopatología varía en función de factores genéticos.

En Uruguay, el Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (SIPIAV) registró 24 situaciones diarias de violencia hacia niñas, niños y adolescentes en 2024. Mientras que la Organización Mundial de la Salud, dice que 6 de cada 10 niños (400 millones de niños) menores de 5 años sufren regularmente castigos físicos y violencia psicológica a manos de sus padres y cuidadores, por lo que es un panorama poco alentador.

Este evidente problema va mucho más allá de las marcas físicas que puedan generar y es que se comienza a demostrar que estos abusos, dejan marcas en los genes que se pueden heredar en generaciones. En este punto entra en juego la epigenética que estudia los cambios en la función de los genes que no involucran alteraciones en la secuencia del ADN, pero que pueden ser heredables y afectar cómo se expresan los genes.

Es por ello que el maltrato infantil puede tener consecuencias genéticas y epigenéticas que afectan la salud mental y física a largo plazo. Los estudios han demostrado que el maltrato infantil puede alterar la expresión de ciertos genes, especialmente aquellos relacionados con la respuesta al estrés y la función cerebral.

Estas alteraciones pueden aumentar la vulnerabilidad a enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático, así como a problemas de salud física como enfermedades cardiovasculares y obesidad. Esto apunta a que los adultos que fueron maltratados de niños tienden a desarrollar estructuras cerebrales atípicas, lo que puede conducir a diversos trastornos psiquiátricos e incluso al suicidio.

Así mismo, estos cambios epigenéticos generados por el maltrato durante la infancia pueden ser duraderos y transmitirse a las siguientes generaciones, lo que significa que los efectos pueden persistir más allá de la vida de la persona que lo sufrió. Sin mencionar que la propia persona que sufrió el castigo puede generar la tendencia de aplicarlo a las nuevas generaciones por lo que puede ser un problema duradero.

El maltrato infantil tiene consecuencias que pueden afectar la salud mental y física de una persona a través de cambios genéticos y epigenéticos. Estos cambios pueden aumentar la vulnerabilidad a enfermedades y problemas de salud, así como afectar la capacidad de regulación emocional y las relaciones interpersonales. Por ello, es fundamental comprender estas consecuencias para poder prevenir el maltrato infantil y brindar el apoyo necesario a quienes lo han sufrido.

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