Bajo el patrocinio de la Embajada de Líbano en Montevideo, el Centro Cultural Uruguayo–Libanés llevó adelante el jueves 20 de noviembre una velada dedicada a la literatura del Líbano, en coincidencia con dos hitos de especial relevancia: el 82.º aniversario de la independencia libanesa y los 80 años de relaciones diplomáticas entre Uruguay y Líbano. El encuentro, realizado en la sala Francisco Acuña de Figueroa del Edificio Anexo al Palacio Legislativo, reunió a autoridades, académicos, miembros de la colectividad y diplomáticos de distintos países, conformando un espacio de reflexión sobre identidad, historia y cultura en torno a una tradición literaria vasta y, a menudo, subestimada en Occidente.
El acto contó con una conferencia central a cargo del Dr. Luis de la Fuente Abdala, y profundo conocedor de la literatura libanesa, y la moderación de la comunicadora Isabel Jorge, periodista y también descendiente de libaneses. La concurrencia incluyó a los embajadores de Armenia, Brasil, Qatar, Irán y Líbano, además de representantes religiosos de diversas congregaciones, en una muestra del interés transversal que la cultura libanesa despierta en Uruguay y de la prolongada integración de la diáspora en la vida nacional. El diputado Pablo Abdala estaba invitado como otro de los conferencistas pero por motivos de agenda llegó prácticamente sobre el final del evento. En el marco de las celebraciones por las ocho décadas de relaciones bilaterales, el Centro Cultural Uruguayo–Libanés impulsa actividades como ésta dedicadas a la literatura, la historia y el arte del Líbano.
Una literatura que nace del encuentro
En su exposición, De la Fuente Abdala planteó un recorrido histórico y conceptual por la literatura libanesa, desde la tradición oral hasta los autores contemporáneos. Destacó que la identidad cultural del Líbano se configuró a partir de una larga historia de encuentros, intercambios y migraciones, situación que influyó de manera decisiva en su producción literaria. “La literatura libanesa —explicó— es hija de un país pequeño en territorio, pero inmenso en capas históricas, lenguas y convivencias”, afirmó.
El abogado señaló que el Líbano ha sido, desde la antigüedad, un espacio de intersección entre civilizaciones mediterráneas, árabes y asiáticas, lo que le aportó una riqueza simbólica singular. A ello se suma el rol protagónico de la diáspora —incluida la asentada en América Latina— que contribuyó a ampliar la visión del mundo de muchos escritores y a vincular su obra con temáticas universales: la nostalgia, el desarraigo, la memoria familiar, la convivencia religiosa y el anhelo de estabilidad.
El conferencista subrayó que esta naturaleza híbrida, lejos de diluir la identidad libanesa, la fortaleció. “El Líbano es un punto donde confluyen culturas diversas que se potencian mutuamente. Su literatura es la prueba viviente de esa convivencia milenaria”, afirmó.
Destacó que la palabra “Líbano” tiene varios significados pero básicamente significa “blanco”, por la nieve de sus montañas, de ahí el nombre del país. “Si alguno piensa que en Líbano hay desierto, fracasó con total éxito, porque no hay nada de desierto; tampoco hay camellos”, agregó. Comentó también que Líbano tiene una superficie muy pequeña de apenas 10 452 km cuadrados que comparó con un departamento del Uruguay como Florida y también Rocha, aunque cuenta con una población asentada de unos .
Entre la poesía, la filosofía y la narrativa de la diáspora
Durante la extensa charla, De la Fuente Abdala repasó figuras centrales de la literatura libanesa, con especial énfasis en aquellos referentes que trascendieron fronteras y alcanzaron reconocimiento global.
Entre ellos mencionó al poeta y filósofo Gibran Khalil Gibran, autor de El Profeta, obra traducida a más de cien idiomas y uno de los libros más leídos del siglo XX. También destacó a Amin Maalouf, novelista, ensayista y miembro de la Academia Francesa, premio Príncipe de Asturias en 2010, premio Goncourt 1994 por su novela “La Roca de Tanios” cuya producción explora la complejidad de la identidad en un mundo atravesado por migraciones y tensiones culturales y recientemente premiado en México. De la Fuente expresó en este caso se da un verdadero puente entre Oriente y Occidente con dos ideas fuerza: el concepto de los orígenes en detrimento del concepto de raíces y el concepto de identidades.
El conferencista dedicó un capítulo especial a la narrativa de la diáspora, corriente en la que se insertan escritores que, desde la distancia, reelaboraron su vínculo con la tierra de origen. “La literatura de la emigración libanesa tiene un tono único, que mezcla el agradecimiento al país de acogida con la memoria afectiva del lugar natal”, apuntó. Para muchos descendientes en América Latina, añadió, estos textos funcionan como un puente simbólico que permite reconstruir la historia familiar y reafirmar un sentido de pertenencia. De la Fuente marcó la proliferación de autores como un hito de la literatura libanesa. En ese sentido, también mencionó otros ejemplos de escritores libaneses del siglo XIX como Ameen Rihani, Mikhail Naimy y Maroum Aboud, y también del siglo XX, como Andrée Chedid, Nadia Tuéni, Elías Khouri, Hoda Barakat y Joumana Haddad.
El rol de Uruguay en la preservación del legado cultural
El evento también sirvió para poner en valor la larga presencia de la comunidad libanesa en Uruguay, así como su aporte al país en ámbitos comerciales, profesionales, políticos y culturales. Isabel Jorge destacó que la colectividad, integrada por varias generaciones, ha trabajado sostenidamente para mantener vivas las tradiciones, los valores y los vínculos con el Líbano. En ese sentido, el Centro Cultural Uruguayo–Libanés se ha convertido en un actor clave para la difusión del patrimonio cultural, lingüístico e histórico.
La moderadora subrayó que estas iniciativas no solo celebran una identidad específica, sino que contribuyen a enriquecer el mosaico multicultural uruguayo y a fortalecer la convivencia. “Este tipo de actividades nos recuerdan que Uruguay es un país construido por migraciones, donde las comunidades han dejado huellas profundas en la vida social y cultural”, afirmó. A modo de conclusión, el conferencista planteó la pregunta ¿por qué leer literatura libanesa? “Y la conclusión sería para enriquecer nuestro espíritu, nuestra alma”.




