Los ecos del NO

Adelanto de la investigación realizada por el magister en Comunicación Política, Marcel Lhermitte, sobre las elecciones internas de 1982.

Este martes, a las 19 horas, se presenta en el Centro Cultural Verde (18 de julio 2017 casi Pablo de María) “Los Ecos del NO” (Ediciones Túnel), la investigación realizada por Marcel Lhermitte,- magister en Comunicación Política- , sobre las elecciones internas de 1982, al cumplirse cuatro décadas de aquel episodio de la historia reciente que comenzó a alumbrar la salida de la dictadura cívico militar. El libro será presentado por Eduardo “Lalo” Fernández, Pablo Iturralde, Juan Miguel Petit y Sofía Kortysz. Lhermitte es, también, autor de otro libro, “La Victoria contra el Miedo”, sobre el plebiscito de 1980. Ambos textos, constituyen aportes historiográficos imprescindibles para comprender el período de la transición hacia la recuperación de la democracia en el Uruguay. Como adelanto del libro, al que tuvo acceso Diario La R, publicamos en exclusiva uno de sus capítulos.

“!El casete de Wilson

Tal como había sucedido en el plebiscito de 1980, Wilson envió un casete a la militancia, en forma clandestina. La cinta salía desde el exilio europeo del líder nacionalista –en este caso desde España–, llegaba a territorio uruguayo hasta las manos de Abal Oliú, que en los estudios de Sondor se encargaba de hacer varias copias para hacerlo llegar a dirigentes y militantes.

El audio duraba poco más de cuarenta minutos, y allí se escuchaba nítida y enfervorizada la voz de Ferreira Aldunate.

“Quiero hablarles de las elecciones internas” de esta forma a la cual ya me estoy acostumbrando. “Estos modos clandestinos, secretos. El casete, o la comunicación escrita que pasan sigilosamente de mano en mano” hasta llegar a todos ustedes.

Tengo la certidumbre absoluta que “este noviembre podría ser y será un calco del otro noviembre”, el de 1980. Porque “una vez más habrá un enorme plebiscito popular, una vez más se desarrollará en condiciones absolutamente irregulares, desprovisto de toda clase de garantías, y una vez más triunfará la causa del pueblo”. Ahora, como en ese entonces, el gobierno realizará una consulta popular en “forma ilegítima” y ahora, como en ese entonces, “sufrirá una aplastante derrota”.

La elección “es fraudulenta. El fraude ya se hizo, se sigue haciendo y se seguirá haciendo. El gobierno lo sabe. La elección es ilegítima” porque no pueden intervenir todos los artidos. Y nosotros creemos en el sistema de partidos, porque es “la condición indispensable para que la democracia sea tal”. Pero ese sistema no existe “si todos los ciudadanos no gozan igualmente del derecho inalienable de elegir” su propia opción.

“No se puede ni debe excluir previamente a nadie”. Los únicos que incluyen o excluyen “son los ciudadanos con el voto”. Por lo tanto, ese es motivo suficiente “para condenar la forma misma de la convocatoria electoral, pero habría que agregar, además, que no será legítima “porque no podrán votar todos los ciudadanos (…) porque el gobierno dijo simplemente que no pueden” hacerlo.

“La elección es fraudulenta, porque no todos los ciudadanos pueden ser votados”, lo cual está prohibido por la Constitución y por los acuerdos y pactos internacionales que Uruguay ha ratificado.

¿A qué título puede el gobierno interferir en las elecciones internas de los partidos políticos por el mero hecho de que “algunos les gustan más y algunos les gustan menos”?

Por si fuera poco, “las elecciones no se desarrollarán en un clima de libertad”. No se trata solo de vivir en un régimen carente de representatividad y que no se siente limitado por ninguna norma. También se constata “la existencia de un sistema concreto de opresión. No rige ninguna de las libertades esenciales. No hay libertad de expresión, no hay libertad para escribir, ni para leer u oír. No existe el derecho a estar informado”.

“Estoy pensando en La Democracia, clausurada” hasta después de las elecciones internas; “estoy pensando en La Plaza, clausurada por un tiempo y luego para siempre”. Pero también “estoy pensando en los anuncios oficiales que no se pueden criticar”, en la política económica… o en que “los políticos no pueden excederse o contrariar los objetivos del proceso”.

“Por eso y por mil cosas más, las elecciones son ilegítimas en sí. Por el ambiente, por el clima de opresión, por los periodistas presos”. Un clima de opresión “alimentado por amenazas y admoniciones revestidas de solemnidad de los grandes mensajes de los dueños del proceso. Un clima alimentado por un léxico oficial insultante que no se cansa de designar a la inmensa mayoría de los orientales como los derrotados. Trata de derrotados a los triunfadores del plebiscito del 80. Una propaganda oficial que siempre termina con la muletilla del jamás volverán, que no logra ocultar un subyacente no nos iremos jamás, no queremos irnos jamás. Un clima al que contribuye la crisis económica generalizada”.

Sorprendentemente, “estos señores se han tomado el trabajo de hacer una ley por cuya aplicación, si usted menciona mi nombre, o el de cualquiera de los millares de los ciudadanos proscriptos por decisión gubernativa, durante el proceso de esta campaña electoral, irá a dar con sus huesos a la cárcel por seis meses. Esto es inédito en el mundo. Ni Hitler, ni Stalin, ni Somoza, ni Jaruzelski, ni Pinochet habían hecho algo así. Y no es que los nuestros sean más osados que los otros, es que los otros tenían más sentido del ridículo que los nuestros”.

“A pesar de todo, igual van a perder”. Estas acciones demuestran que ya lo saben, con tanta certeza, que “tienen miedo de los meros nombres de la gente”.

Esta elección el pueblo uruguayo la “va a ganar en forma aplastante. Porque hay que ganar. Y no tenemos más remedio que ganar. Nos va en ello el futuro del país. Es demasiado importante lo que está en juego como para permitirnos una derrota”.

Desde el proceso se habla de los políticos en “forma peyorativa”, a pesar de que fue con los políticos que se obtuvo la independencia nacional y se construyó la grandeza de la República, y en paralelo existe un “intento de desprestigiar el sistema”.

“No pudieron destruir a los partidos” porque estaban “muy arraigados en la ciudadanía”, por lo que ahora cambiaron de estrategia y buscan hacer un “apoderamiento de los partidos”, tratando de utilizar, aunque fuera, “su cáscara vacía”. Claro está que la elección de autoridades de los partidos tradicionales es “con el propósito de sustituirlas por autoridades complacientes”.

“El gobierno disminuirá en legitimidad en la misma medida en que aumente la representatividad democráticamente certificada de las direcciones partidarias. Es un hecho político ineludible. Depende de los uruguayos”. Por eso, todos tienen “el deber inexcusable de votar. La abstención es inmoral. Ahora no puede haber nada más repugnante que la indiferencia”. El problema de cada ciudadano no es saber si vota, su problema es saber cómo vota.

Si el derecho que se le reconoce a los blancos, a los colorados y a los cívicos se le reconociera a todos los demás; si no hubiera partidos prohibidos, podría decirse también que “es un ineludible deber cívico elegir un partido y votar dentro de él para determinar autoridades y no refugiarse en el nihilismo del voto en blanco”. Seguramente muchos no encontrarán ningún partido que los satisfaga plenamente, pero aún así “deberán elegir al que les gusta más o al que les disguste menos, pero nunca negarse a mejorar lo bueno o evitar que empeore todavía más lo malo”.

“Considero que el voto en blanco es para muchos ciudadanos una opción legítima. Entiendo que haya quienes consideren usar este mecanismo para expresar su protesta ante la ilegitimidad de un sistema que les niega a actuar dentro de su organización política”.

Hay algunos dirigentes proscriptos que exhortan a sus afiliados a votar en blanco. Entonces me pregunté: “¿A qué nuevo recurso tendrán que apelar ahora los cómplices de aquella cosa rastrera que denunciaban connivencia e infiltraciones dirigidas a decidir las mayorías dentro del Partido Nacional? ¿Qué tendrán que descubrir? ¿Qué editorial de El País tendrán que escribir para denunciar que no es blanca la mayoría del Partido Nacional? ¿A

qué subterfugio tendrán que acudir para denunciar que su propio partido no es controlado por su propia gente o no es lo suficientemente democrático?”.

Que un dirigente o un militante de un partido arbitrariamente prohibido considere que “el único camino decoroso que tiene es el del voto en blanco, lo entiendo perfectamente”, pero ¿cuál debe ser la conducta de un hombre o una mujer corriente, con firmes convicciones políticas que no integre la estructura del partido? “No sería buena cosa que optaran por no contribuir a decidir con un voto positivo, por el mero hecho de que no están abiertas todas las opciones. (…) Sería lo mismo que si yo, por el hecho de que arbitrariamente se me prohíbe votar y no ser candidato, exhortara a votar en blanco”.

Cuando no exista otra motivación concreta de orden estrictamente partidista, todo ciudadano debe hacerse estas preguntas: “¿qué consecuencia tendrá mi voto? ¿En qué sentido incidirá que vote sobre el destino de mi país?” Planteadas así las cosas todo se vuelve meridianamente claro. “¿Es indiferente para la recuperación de un régimen de libertad, para la vigencia de una democracia pluralista, para la restitución de las libertades individuales que rijan unos u otros los destinos de los partidos tradicionales? ¿Quién se atreve a decir que es indiferente para la suerte de la República que los partidos tradicionales estén orientados en forma consecuente con su tradición democrática o caigan en manos de dirigentes que usen su nombre para violar sus tradiciones y servir a un régimen que quiere destruir la democracia nacional?”.

A Uruguay lo vamos a tener que reconstruir entre todos. Con la mirada puesta en el porvenir. El gobierno, “una autoproclamada elite tan minoritaria como arrogante, tendrá que entender que en nuestro país ninguna cosa podrá valer ni durar si no pasa por el camino de las grandes mayorías nacionales, es decir, por el camino de los dos grandes partidos tradicionales”.

Pedimos que voten a Por la Patria y al Movimiento Nacional de Rocha. “Tenemos muchas razones muy válidas. Me hace reír mucho la campaña pertinaz que se hace” diciendo que en el Partido Nacional la elección está definida en favor de los demócratas, por lo que habría que votar dentro del Partido Colorado y de esa forma impedir que gane Pacheco. A mí, justamente, “me sigue pareciendo claro que hay que votar al Partido Nacional, porque no hay el más mínimo riesgo de que gane alguien parecido a Pacheco”. “Le decimos a la gente que nos ayude a mantener el partido

en su estilo de coraje y dignidad, como defensor de todas las libertades y los derechos de todos. Que nos ayude a convertirlo en el instrumento que restituya a la República a su destino ineludible”.

“Nadie podrá reprocharnos un solo desfallecimiento, una sola claudicación en la defensa de la dignidad nacional. No hemos negociado, ni pactado, ni aceptado, ni otorgado ni consentido ninguna ley, ninguna fórmula restrictiva del derecho de ningún ciudadano o partido”. Hemos rechazado expresa y categóricamente toda reglamentación que “no reposara sobre la base irrenunciable de la estricta igualdad de todos ante la ley”.

Por eso es que “tenemos derecho a pedirle su voto a la gente en noviembre. Porque nuestro nuevo compromiso con usted es muy ceñido. Pregúntese en qué otras tiendas encontrarán propósito tan claro y compromiso tan firme. (…) Encontrará a los viejos luchadores probados y una deslumbrante explosión de entusiasmo juvenil. El viejo tronco tiene raíz profunda y flores nuevas”, argumentaba Wilson”.

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