La historia de Macarena Gelman concentra uno de los capítulos más crueles del terrorismo de Estado en el Cono Sur. Nació en cautiverio en Montevideo, tras el secuestro de su madre embarazada, María Claudia García Iruretagoyena, y la desaparición forzada de su padre, Marcelo Gelman, en el marco del Plan Cóndor.
Apropiada al nacer, fue criada como hija legítima de un comisario de Policía uruguayo y conoció su verdadera identidad a los 23 años, en el año 2000, luego de una búsqueda incansable encabezada por su abuelo, el poeta argentino Juan Gelman, y por Abuelas de Plaza de Mayo.
Hoy, Gelman es una gran referente en la lucha por los derechos humanos del Río de la Plata. En entrevista con Diario La R, analiza cómo su historia personal marcó su militancia, evalúa el accionar del Estado uruguayo y argentino, y deja un mensaje para quienes aún dudan de su identidad.
Una historia entre Uruguay y Argentina
“Mi historia está obviamente vinculada a lo que fue la coordinación de las fuerzas represivas, en el caso entre Uruguay y Argentina”, señala Gelman, al situar su caso en el entramado regional del terrorismo de Estado. Criada en Uruguay, pero con raíces familiares argentinas, explica que su involucramiento excede las fronteras nacionales: “Lo que pasó en Argentina, fue el inicio de toda mi historia”.
Conoció su identidad biológica a los 23 años, un punto de quiebre que no se agota en un instante. “Esto no es algo que uno procesa en un tiempo acotado, sino que toma quizás toda la vida el reacomodarse un poco en la historia”, reflexiona. Y agrega que el conocer sus orígenes “fue fundamental” para poder completarse como persona.
Consultada sobre el rol estatal en su localización y restitución de identidad, Gelman considera que fue “bastante complejo”. “Se tardó cerca de 23 años en localizarme. No contamos con la colaboración del Estado en ningún momento” hasta la identificación, afirma. La búsqueda fue posible gracias a una investigación privada impulsada por su abuelo y su esposa, y al trabajo sostenido de Abuelas de Plaza de Mayo, con la colaboración de organizaciones sociales y personas tanto sobrevivientes y testigos, “como otras que, por alguna razón, podían hacerlo”. Dentro de esta organización, Abuelas de Plaza de Mayo, María Eugenia Casinelli de García Iruretagoyena, su abuela materna fue una de las fundadoras, mientras que su abuela paterna, Berta Shubaroff, formó parte “hasta sus últimos días”, comenta Gelman.
Agrega la importancia de las investigaciones periodísticas, fundamentalmente las realizadas por (ex Diario La República) a cargo de periodistas como Marcelo Falca y Gabriel Mazzarovich, las cuales fueron “determinantes para localizarme”. Así como el trabajo posterior en la investigación del caso Roger Rodríguez.
A casi medio siglo de los hechos, la deuda persiste. “Sigo sin contar con ninguna información adicional a la que obtuvo mi abuelo”. Con excepción de lo hallado a partir de un pedido de acceso a la información realizado por un periodista, surgieron nuevos indicios sobre un posible registro del parto de su madre en el Hospital Militar, siendo esta, la única información nueva en años. Al verificar lo recabado, Gelman solicitó la colaboración en 2023 del entonces ministro de Defensa, Javier García siendo la respuesta inmediata. Tiempo después, se hizo presente en la Fiscalía Especializada y desde entonces se encuentra abierta esa línea de investigación respecto a las circunstancias de su nacimiento.
Excavaciones, archivos, justicia y el gobierno
Gelman reconoce los hallazgos logrados en excavaciones y procesos judiciales, pero advierte sobre las limitaciones estructurales. “Se han encontrado varios cuerpos, eso por supuesto es valorado positivamente”. Cada hallazgo da información nueva respecto a los “modus operandi” de información que, de la mano con otros descubrimientos obtenidos anteriormente, “puede sumar o puede leerse diferente”. Destaca que esta búsqueda se pudo lograr con una cierta fluidez una vez que se accedió a la justicia de la mano del trabajo realizado del Grupo de Investigación en Antropología Forense (GIAF).
Lamenta que no exista “información o una investigación de calidad que permita trabajar de otra manera”, al explicar por qué las búsquedas en predios militares demandan tanto tiempo.
Aun así, valora los avances judiciales como una forma central de reparación. “No solamente la justicia per se, sino porque es una forma de reparación sumamente fundamental”. A su vez, destaca la importancia de que los procesos alcancen también al interior del país, considerando que “la posibilidad de que la justicia esté presente en todo el territorio nacional es fundamental”. Recordando la causa Vladimir Roslik por la cual, a finales de 2025, se condenaron a nueve militares retirados por las torturas cometidas durante la dictadura cívico-militar en el departamento de Río Negro entre los años 1980 y 1985.
Al analizar las políticas públicas desde el retorno democrático, Gelman identifica distintas etapas. Señala a la Comisión para la Paz como “un hito”, aunque reconoce que fue insuficiente porque no produjo resultados concretos: “Fue la primera vez que se notó un avance en un sentido que obviamente hoy pensamos que es insuficiente y que tuvo sus fallas; por supuesto, todos los periodos de gobierno tuvieron sus fallas, también sus aciertos”.
Por otro lado, destaca que con el primer gobierno del Dr. Tabaré Vázquez se lograron avances en muy poco tiempo y “se notó por primera vez una voluntad política concreta y una voluntad política en el sentido de cómo debieran ser las cosas”. Aun así, critica la falta de continuidad en las políticas: “Claramente en todos los casos ha sido insuficiente”.
Sobre la situación actual, Gelman enfatiza que los recursos siguen siendo limitados y que el problema principal es estructural. “Es un trabajo de mucho tiempo y es un trabajo que tiene que ser muy sistemático, creo que todavía no hemos logrado la continuidad y la coordinación necesaria entre gobiernos sucesivos y a la interna de los diferentes gobiernos.

Bancos genéticos: herramienta clave en la búsqueda de identidad
La existencia de bancos genéticos en Argentina ha sido determinante para la restitución de identidad y la búsqueda de personas desaparecidas, especialmente en casos que atraviesan las fronteras del Cono Sur. Gelman explica que funcionan con objetivos complementarios.
Uno está vinculado a la localización de nietos y nietas apropiados durante la dictadura: “Siempre a las abuelas de Plaza de Mayo, que fueron quienes tuvieron la idea y quienes fueron el punto de partida para que existiera lo que hoy permite identificar que es el índice de abuelidad”. Este banco permite cotejar nuevas muestras con todos los registros existentes, almacenando perfiles genéticos que pueden reanalizarse con el tiempo.
El segundo banco, ubicado en Córdoba en el Instituto Argentino de Antropología Forense, se centra en la identificación de personas desaparecidas a partir de restos óseos. Para Gelman, la concentración de estos recursos “permite hacerlo más eficiente en el sentido de que realmente se encuentren la mayor cantidad de muestras posibles para identificar”.
Ambos bancos, señala, son de enorme relevancia y deben funcionar de manera integrada: “No se puede tampoco buscar específicamente uruguayos o argentinos… porque pueden aparecer uruguayos y argentinos en cualquiera de los dos países así como también —aunque en menor proporción— de otras nacionalidades”.
Dónde aportar información de interés
La posibilidad de que nuevas informaciones salgan a la luz sigue siendo clave para avanzar en la búsqueda de personas detenidas desaparecidas y en los procesos de restitución de identidad. En ese sentido, Gelman destaca que hoy existen ámbitos institucionales y sociales habilitados para recibir y canalizar datos, testimonios o indicios que puedan resultar relevantes.
“Hoy en día la competencia para la búsqueda de personas detenidas desaparecidas a nivel estatal la tiene la Institución Nacional de Derechos Humanos”. A ese organismo se suma la Secretaría de Derechos Humanos para el pasado reciente, QUE TAMBIÉN ES “un ámbito donde se puede canalizar la información”.
Junto a las vías estatales, subraya el rol de las organizaciones sociales, en particular aquellas integradas por familiares de detenidos desaparecidos. “Las organizaciones sociales vinculadas a la búsqueda, sobre todo familiares detenidos desaparecidos —y en el caso de los nietos y nietas— está el nodo de la red por el derecho a la identidad”, indica. Allí, aclara, el primer contacto puede realizarse “por correo electrónico y podemos allí establecer una comunicación, después por teléfono para iniciar el proceso que puede completarse con el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos en Argentina, mediante la intervención de Abuelas de Plaza de Mayo y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDi).
El objetivo central, es que la información llegue al lugar adecuado para poder ser trabajada. “Hoy esos canales están y siempre es mejor poder volcar la información en algún lado donde se pueda comenzar a trabajar”, agrega.

Verdad, continuidad y nuevas generaciones
Para Gelman, el fortalecimiento de las investigaciones sobre el terrorismo de Estado en Uruguay pasa, en primer lugar, por una articulación más sólida y sostenida entre todos los actores involucrados. “Se debería poder trabajar conjuntamente de manera más precisa entre Estado y sociedad civil, con las organizaciones sociales, pero también con los familiares directos de las víctimas”, afirma, subrayando que muchas veces quienes poseen información pueden no estar vinculados cotidianamente a una organización. Desde su experiencia —e históricamente—, identifica a los familiares como una fuente central de datos y a su vez, remarca la importancia del trabajo sobre los archivos estatales y del acceso real a esa documentación.
Gelman recuerda el valor de las herramientas legales vigentes y en referencia a la Ley de Acceso a la Información Pública, subraya que “la información que se requiere a los efectos de una búsqueda de las causas de hechos humanos no puede ser negada bajo ningún concepto”, y plantea la necesidad de mejorar la coordinación institucional y la comunicación con las víctimas y sus familias.
Al finalizar la entrevista, deja un mensaje para aquellas personas que aun duden en iniciar una búsqueda: “Saber la verdad sobre los orígenes de una persona siempre es positivo”, y añade que “cuando no conocemos nuestra historia, hay algo que nos falta; hay algo que integrar a nuestra identidad”. Desde su propia vivencia, para Gelman “conocer la verdad te libera” y aclara que este derecho no niega los vínculos afectivos construidos.
Finalmente, convoca a las nuevas generaciones a asumir un rol activo en la memoria colectiva. “Esta historia es de todos, esta historia es de la sociedad uruguaya”. “El poder conocer el origen y conocer la historia, creo que es lo que nos permite decidir qué futuro queremos, qué futuro quieren estas nuevas generaciones, que hoy se enfrentan a una sociedad que tiene marcas, que tiene heridas, y en este caso muchas heridas sin sanar”, concluye. Considera que se trata de una cuestión de total actualidad, a luz de lo que pasa actualmente en la región y en el mundo.

