México, amigo y querido

Desde el Palacio Nacional en Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha convertido la solidaridad con Cuba en un eje visible de su política exterior, alejándose de las presiones externas para priorizar lo que ella denomina “los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos”.

Al humanismo mexicano lo caracteriza una frase muy conocida del Papa Francisco: “Es ilícito mirar a una persona de arriba hacia abajo si no es para ayudarlo a levantarse”. Así lo declaró la presidenta Claudia Sheinbaum cuando recientemente un periodista la cuestionaba por qué no ceder a las presiones de Estados Unidos, como lo han hecho otros, a dejar de ayudar a Cuba.

Cuando en febrero del presente año el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprobó una orden ejecutiva que amenazaba a cualquier gobierno que comerciara combustibles con Cuba, en una guerra económica y de asfixia abierta, México, como muchos otros, ha mantenido su postura solidaria con la Mayor de las Antillas.

Desde el Palacio Nacional en Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha convertido la solidaridad con Cuba en un eje visible de su política exterior, alejándose de las presiones externas para priorizar lo que ella denomina “los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos”.

Un gesto significativo y muy simbólico ha sido la decisión de su administración de mantener y blindar el contrato con los médicos cubanos. A pesar de las críticas de sectores opositores y de las presiones provenientes de Washington, el gobierno mexicano renovó el acuerdo que permite la llegada de miles de especialistas de la isla a zonas marginadas del país. “Fueron los médicos cubanos quienes nos vinieron a ayudar durante la pandemia, en condiciones de mucha dificultad. Mantenemos el acuerdo de cooperación y se les paga lo que se les tiene que pagar”, declaró la mandataria, despejando cualquier especulación sobre una cancelación del programa.

En un movimiento que ha causado revuelo en los círculos diplomáticos, Sheinbaum ofreció a la administración de Estados Unidos fungir como mediadora para facilitar un diálogo entre ambas naciones. “México puede ser un puente de entendimiento”, afirmó, en un intento por abrir canales que rompan el estancamiento que ha caracterizado la relación bilateral en los últimos años, marcada por las sanciones económicas que, según organismos internacionales, obstaculizan el desarrollo de la nación caribeña.

Más recientemente, y ante la crisis energética que enfrenta Cuba —agravada por las dificultades en la importación de combustible—, la presidenta mexicana instruyó a su gabinete evaluar las fuentes y mecanismos viables para enviar petróleo a la isla. Aunque no se han detallado los volúmenes ni las fechas, la sola disposición ha sido interpretada en La Habana como una muestra de apoyo incondicional. Analistas coinciden en que este gesto, de concretarse, sería uno de los apoyos materiales más significativos recibidos por Cuba en la última década.
La postura del gobierno mexicano, sin embargo, no parece ser una decisión solamente diplomática, sino que responde a una clara inclinación popular. Este respaldo ciudadano, que cruza líneas ideológicas y clases sociales, le otorga a la administración de Sheinbaum un piso sólido para sostener estas políticas de solidaridad activa.

Desde puertos mexicanos han salido buques con toneladas de ayuda humanitaria hacia La Habana en tres ocasiones en lo que va del año; víveres, artículos de primera necesidad y medicamentos se entregan gratuitamente a familias cubanas. Organizaciones civiles y grupos de apoyo han protagonizado protestas frente a la embajada estadounidense: han hecho acopio de donaciones; mexicanos formaron parte del Convoy Nuestra America To Cuba, el cual desafió el bloqueo que intenta aislar a Cuba del resto del mundo, y en una muestra gigantesca de amor llegaron a este país. La flotilla Granma 2.0 que llegó hace unos días a la isla salió desde Yucatán, y con el espíritu de la embarcación original, la que transportó a cubanos en 1956 para retomar la lucha por la independencia, cargaron no solo insumos necesarios, sino valentía y amor en un momento que Cuba lo necesita mucho.

Estas muestras de apoyo no surgen en el vacío. Las relaciones entre México y Cuba son un tejido de profundas raíces históricas.

 

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1 Comentario

  1. Por ese motivo solicitamos al Presidente Orsi que tenga la iniciativa de junto con otros gobiernos de proponer a Cuba un Plan de trabajo para destrabar la crítica situación que están viviendo Deberían participar también un representante del gobierno de USA y también de la oposición cubana
    El Vaticano también está teniendo en Cuba una función positiva al facilitar la liberación de encarcelados por razones políticas
    Esperamos que Uruguay continúe en la tradición que lo ha posicionado en un lugar privilegiado entre los pueblos libres

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