Michel Rolland: El hombre del vino moderno

Michel Rolland, el «flying winemaker» original, falleció a los 78 años, dejando tras de sí un legado que transformó la industria del vino desde Burdeos hasta los valles más remotos del Nuevo Mundo.

Nacido en el seno de una familia de viticultores en Pomerol, Rolland no se conformó con heredar la tradición; decidió perfeccionarla. A través de su laboratorio de asesoramiento, introdujo técnicas que hoy son estándares de calidad, pero que en su momento resultaron revolucionarias como la búsqueda de la madurez extrema de la uva, la microoxigenación y el uso meticuloso del roble nuevo.

Su firma se convirtió en sinónimo de vinos opulentos, aterciopelados y con una fruta intensa. Este estilo, a menudo asociado con las altas puntuaciones del crítico Robert Parker, definió el mercado global del lujo vitivinícola durante las décadas de los 90 y 2000.

Rolland fue el pionero del concepto de consultoría internacional. En una época en la que los enólogos rara vez salían de sus regiones, él asesoró a más de 250 bodegas en 14 países. Desde los míticos châteaux de Burdeos como Angélus y Pontet-Canet, hasta proyectos emblemáticos en Argentina (donde impulsó el Malbec con Clos de los Siete), Chile, Estados Unidos y Sudáfrica. Su capacidad para identificar el potencial de un terruño y adaptarlo a un estándar de excelencia internacional lo convirtió en una celebridad, pero también en el blanco de críticas.

Su figura no estuvo exenta de polémica. Fue el protagonista involuntario del documental Mondovino (2004), donde se le retrató como el artífice de una supuesta «globalización» o «estandarización» del sabor del vino, alejándolo de la tipicidad del suelo para acercarlo al gusto del mercado masivo de alta gama.

Sin embargo, sus defensores y clientes siempre destacaron su rigor técnico y su capacidad generosa para enseñar.

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.