El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, parte este lunes hacia Estados Unidos con el objetivo de representar a Uruguay en las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Durante su estancia en Washington, el secretario de Estado desarrollará una agenda de alta intensidad que incluye encuentros estratégicos con los principales organismos multilaterales de crédito, actores que desempeñan un rol fundamental en el financiamiento de la deuda pública uruguaya. Según adelantó el jerarca antes de su partida, la misión busca consolidar la posición del país como un destino seguro y estable para el capital internacional en un contexto de marcada incertidumbre global.
La delegación oficial también tiene previsto mantener contacto directo con grupos de inversores de deuda soberana y empresarios que analizan la posibilidad de radicar nuevos proyectos en territorio nacional. Oddone realizará presentaciones detalladas sobre el estado actual de la economía uruguaya, subrayando las fortalezas estructurales que permiten al país diferenciarse en la región. El objetivo es claro: atraer inversiones que dinamicen el mercado interno y aseguren la continuidad del crecimiento económico. «Vamos a presentar dónde está Uruguay y cuáles son sus desafíos», afirmó el ministro, destacando la importancia de la transparencia y la previsibilidad para mantener la confianza de los mercados externos.
Finalmente, el titular de Economía hizo énfasis en que este viaje es una instancia clave para coordinar esfuerzos que ayuden a proteger al país frente a los fenómenos financieros internacionales. La meta del equipo económico es robustecer las defensas del Estado para evitar que los shocks externos afecten con intensidad la estabilidad local. Mediante este diálogo con los grandes centros financieros, Uruguay busca no solo cumplir con sus compromisos actuales, sino también abrir nuevas vías de cooperación que faciliten el acceso a créditos en condiciones favorables para el desarrollo de infraestructura y políticas sociales en el mediano plazo.


¿Satisfecho porque el dólar «no se movió»?…
Y esto ¿qué significa en realidad?
Parece que por aquí todavía a nadie le cayó la teja de que el dólar se está hundiendo. Seguir apostando a una divisa extranjera cuyo único respaldo son los casi 40 «trillones» de deuda (ya declarada impagable) que tiene, suena más como a una mezcla de suicidio con ruleta rusa.
Disfrazar la realidad con el mote de «marcada incertidumbre mundial» no debe encegucer a la gente para que siga apostando a jugar con una moneda sobre la cual el gobierno y las instituciones bancarias de este minúsculo país no tienen absolutamente ningún dominio en la determinación de su valor real, el cual depende obviamente sólo de la institución privada que la emite (la Federal Reserve), ni siquiera de las autoridades del país de origen. Y ese valor se da de acuerdo a parámetros inextricables que mezclan intereses particulares, chantaje político internacional y fuerza armamentista.
Nos preguntamos ¿con quién va el ministro a «coordinar esfuerzos para proteger al país de fenómenos financieros internacionales»? No hay mucho terreno para maniobrar ante ese «fenómeno financiero internacional» que es nada más ni nada menos que la formación de uniones económicas internacionales que agrupan un mercado consumidor de más de medio planeta, que está dejando de lado el uso del dólar en sus transacciones comerciales internacionales, ese y no otro es el «fenómeno» que acontece.
Esa meta de «robustecer las defensas del Estado para evitar que los shocks externos afecten con intensidad la estabilidad local» debería en verdad traducirse en acciones como la de comprar oro con los amojosados dólares del Banco Central para respaldar el peso –como lo están haciendo en gran escala con sus monedas locales los países que «se la ven venir»– ya que de lo contrario el país va a terminar con unas reservas que valdrán menos que un galpón lleno de papel higiénico.
Sería entonces más que saludable que el Ministro sugiera al gobierno ese incremento en la magrísima reserva áurea de sólo unos 100 kilitos, la más baja del continente, y alinearse un poco a la lógica de quienes «se la ven venir» y dejarse de jugar al banquero feliz sentado en su montón de papeles impresos con caras de héroes foráneos.
En verdad las «reservas» del país son sólo papeles, y en esta época de «incertidumbre financiera» hay que actuar radicalmente y volver a la política del abuelo guardando «las libras de oro» en casa y bien resguardadas; sólo así se evitarán los lamentos de los «shocks externos» del mañana.
Ahora y antes de que sea tarde se necesita un cambio de ángulo de apreciación, para poder ver el perfil total del panorama real del mundo y no sólo el de Wall Street a través de los lentes rosados de «The Economist», los FMI y otros waldisney de la misma estofa.