Cada año, millones de toneladas de este material terminan en los ecosistemas marinos, con consecuencias para la vida silvestre, la salud humana y el equilibrio ecológico. Esta problemática trasciende lo ambiental, constituyéndose también en un desafío social y económico de primer orden. La acumulación de residuos plásticos en los océanos es un fenómeno de escala global. Miles de millones de libras de plástico se concentran en los giros oceánicos, abarcando cerca del 40% de la superficie oceánica global. Las proyecciones indican que, de mantenerse la tendencia actual, la masa de plástico en el mar superará a la de los peces para el año 2050.
La producción de plástico ha experimentado un crecimiento a gran escala. Solo en la primera década del siglo XXI se fabricó más cantidad que en todo el período histórico anterior al año 2000. Se estima que en la actualidad hay entre 15 y 51 billones de piezas de plástico dispersas en todos los océanos, desde el ecuador hasta los polos. No existe ningún kilómetro cuadrado de superficie oceánica libre de esta contaminación.

De igual forma, la persistencia del material agrava la situación. Según informes de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), todo el plástico fabricado hasta la fecha permanece de alguna forma en el medio ambiente. Los cinco giros oceánicos principales presentan altos niveles de contaminación, siendo la denominada Gran Mancha de Basura del Pacífico, en el giro del Pacífico Norte, la mayor acumulación de plástico del mundo.
Sin lugar a dudas, los efectos sobre la fauna son directos y a la vez letales. Cada año, miles de aves marinas, tortugas, focas y otros mamíferos marinos mueren por ingestión o enredo en desechos plásticos. Cerca de 700 especies, incluidas algunas en peligro de extinción como el león marino de Steller y la tortuga boba del Pacífico, se han visto afectadas de esta manera.
La ingestión de plástico causa obstrucciones intestinales, lesiones internas, inanición y muerte a la fauna marina. Estudios revelan que los peces del Pacífico Norte ingieren entre 12.000 y 24.000 toneladas de plástico anuales, introduciendo el material en la cadena alimentaria. Investigaciones en mercados de California encontraron plástico, principalmente microfibras, en los intestinos de una cuarta parte del pescado analizado.
Se estima que el 60% de todas las especies de aves marinas han ingerido plástico, porcentaje que podría alcanzar el 99% para 2050. En el caso de las tortugas marinas, la cifra ronda el 50%. Los mamíferos marinos también son víctimas frecuentes; se han hallado ballenas muertas con el vientre lleno de residuos plástico.

La omnipresencia del plástico en la sociedad moderna es el origen del flujo hacia el océano. Está presente en envases de un solo uso, bienes de consumo y textiles, cuyas fibras sintéticas se desprenden durante el lavado. La industria de los combustibles fósiles planea incrementar la producción de plástico en un 40% durante la próxima década. Para ello, se están construyendo plantas petroquímicas que convierten el gas de fracturación hidráulica en materia prima plástica, lo que anticipa un aumento paralelo de la contaminación atmosférica y oceánica.
Frente a esta situación, organizaciones como el Centro para la Diversidad Biológica han impulsado acciones legales. Han solicitado a la EPA estadounidense que regule los plásticos como contaminantes bajo la Ley de Agua Limpia, han demandado a empresas transformadoras para un mejor control de sus vertidos y se oponen a la construcción de nuevas plantas petroquímicas.
A nivel internacional, la Unión Europea ha aprobado una normativa significativa. El Parlamento Europeo ratificó en marzo de 2024 una propuesta que prohíbe los plásticos de un solo uso para los cuales existen alternativas. La lista incluye cubiertos, platos, bastoncillos de algodón, pajitas, agitadores de bebidas y palitos para globos, añadiendo también los plásticos oxo-degradables y los contenedores de comida rápida de poliestireno expandido.
Esta directiva establece el principio de responsabilidad ampliada del productor, aplicándolo a empresas de tabaco y fabricantes de artes de pesca, para que cubran los costes de recogida y gestión. Además, fija objetivos concretos: la recogida del 90% de las botellas de plástico para 2029, y que estas contengan un 25% de material reciclado en 2025 y un 30% en 2030. El etiquetado de productos como cigarrillos, vasos de plástico, toallas sanitarias y toallitas húmedas deberá incluir advertencias sobre su impacto ambiental.

Según datos citados por el Parlamento Europeo, entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas de plástico entran anualmente en los océanos. En la actualidad, las masas de agua marina contienen más de 150 millones de toneladas de estos residuos. Los plásticos de un solo uso y los artes de pesca abandonados representan aproximadamente el 70% de la basura marina en las costas europeas.
Los desechos marinos generan pérdidas económicas en sectores dependientes del mar. Se calcula que solo se retiene alrededor del 5% del valor material de los envases plásticos en la economía. Esto evidencia la ineficiencia del modelo lineal y la necesidad de transitar hacia una economía circular. El Parlamento Europeo instó a medidas adicionales, como la eliminación progresiva de los envases de poliestireno expandido en los productos pesqueros. Así como el desarrollo de artes de pesca más sostenibles y una mejor integración de la visión marítima en estrategias como el Pacto Verde Europeo.
Es preciso destacar que la contaminación plástica de los océanos es un problema sistémico que requiere una respuesta urgente. Pues necesita una combinación de acciones regulatorias contundentes, la innovación en materiales y gestión de residuos. Así como la aplicación del principio de quien contamina paga, con el objetivo último de reducir el flujo constante de plástico hacia los ecosistemas marinos.

