El presidente de Colombia, Gustavo Petro, pronunció este lunes su último discurso público como jefe de Estado en el sur de Bogotá, en el marco de la conmemoración del 216 aniversario del Grito de Independencia. Desde Ciudad Bolívar, tras el tradicional desfile militar, el mandatario expuso un balance de sus reformas sociales, pero el centro de su alocución fue un gesto de alto impacto político donde desconoció los resultados de las elecciones presidenciales y aseguró que el verdadero ganador fue su sucesor natural, Iván Cepeda. “El pueblo de Colombia eligió como presidente a Iván Cepeda”, declaró ante una multitud que lo acompañó en el acto conmemorativo.
Con esta afirmación, Petro desestimó el escrutinio definitivo del Consejo Nacional Electoral (CNE), que dio como ganador al candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella por un margen de 251.854 votos sobre Cepeda, un resultado que además fue avalado por las misiones de observación internacional.
El jefe de Estado insistió en que existen pruebas de un fraude electoral y anunció que las presentará ante la justicia, al tiempo que rechazó la legitimidad del gobierno entrante, al que calificó como “un sirviente de los gobernantes de Estados Unidos”. Según Petro, la administración de Donald Trump, con su secretario de Estado, Marco Rubio, como operador principal, tuvo una injerencia directa en favor del candidato opositor. “Me temo que le dijo a Marco Rubio: encarguese de Colombia, y Marco Rubio se encargó”, relató el mandatario.
El presidente saliente fue más lejos al afirmar que esta injerencia constituye una “causa de nulidad e ilegitimidad” de los comicios, y reveló que también hubo interferencia del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, para imponerse sobre la voluntad popular. En ese marco, advirtió que Colombia ha perdido su soberanía nacional. “Pasamos del estatus de República al estatus de Virreinato de nuevo, como hace 216 años (…) Toca dar el segundo grito de independencia”, sentenció.

El costo político de desconocer los resultados
El discurso de Petro se produce a menos de tres semanas de que entregue el poder, el próximo 7 de agosto, aunque él mismo describió ese traspaso como “transitorio”. Sin embargo, su desconocimiento de los resultados electorales ha generado una fuerte reacción del presidente electo. Abelardo de la Espriella, en un mensaje difundido en redes sociales, anunció la suspensión inmediata del proceso de transición y calificó las declaraciones de Petro como un intento de “golpe de Estado”.
El mandatario saliente no se limitó a cuestionar la legitimidad del sucesor, sino que trazó un escenario sombrío para el futuro inmediato del país. Según Petro, la administración entrante buscará, mediante decretos, atentar contra la financiación de la educación pública y los equipos básicos de salud territoriales, impulsará una reforma tributaria en detrimento de la clase trabajadora y en beneficio de los más adinerados, y entregará tierras a “mafiosos” en lugar de campesinos. Además, advirtió que el nuevo gobierno intentará encarcelar a la dirigencia progresista y quitarle la personería jurídica al Pacto Histórico.
“Un hombre vacío de ideas”
Petro también arremetió contra De la Espriella en términos personales, calificándolo como “un hombre vacío de ideas” y reiterando que su triunfo no fue producto de una derrota real del progresismo, sino de una alteración irregular del estrecho margen que definió la votación. El presidente saliente sostiene que hubo una intervención en los sistemas informáticos de la Registraduría Nacional y el Consejo Nacional Electoral operada desde Los Ángeles, lo que habría viciado el software que contabilizaba los votos.
Pese a la contundencia de sus afirmaciones, Petro no ha presentado aún pruebas públicas que respalden sus denuncias, aunque asegura que ya presentó una denuncia sustentada ante la justicia, con 70.000 “testigos digitales” que respaldan su teoría del fraude. El presidente electo, por su parte, ha rechazado las acusaciones y ha insistido en que el proceso electoral fue limpio y transparente.
El discurso de Petro, pronunciado en el Día de la Independencia, no fue solo un balance de gestión, sino también una convocatoria a la resistencia. Frente al escenario que prevé, el mandatario pidió a la ciudadanía organizarse para la resistencia pacífica y detener lo que él define como un avance del fascismo. “Desobediencia civil si van a tumbar las condiciones laborales conquistadas. Huelga general e indefinida si van a arrasar con violencia la reforma agraria”, planteó.

La transición de poder en Colombia, que debería ser un acto protocolario de la democracia, se ha convertido en el escenario de una batalla política que trasciende las fronteras del país y pone en evidencia las profundas fracturas que atraviesan la sociedad colombiana. La denuncia de Petro no se limitó a las palabras, pues horas después de su discurso, hizo pública la demanda que ya había presentado ante la justicia colombiana, en la que solicita la nulidad de la resolución que declaró presidente electo a Abelardo de la Espriella.
La acción judicial, dirigida contra el Consejo Nacional Electoral, la Registraduría y el propio De la Espriella, sostiene que los archivos electorales publicados no permiten reconstruir con garantías la correspondencia entre cada mesa de votación, el acta física y el resultado oficial, lo que derivaría en una «inverificabilidad estructural» del proceso.
Petro ha insistido en que el fraude se habría cometido mediante manipulación algorítmica en los consulados de Colombia en el exterior, específicamente en el de Los Ángeles, California, atribuyendo la operación a la empresa israelí Black Cube. Como medidas principales, la demanda pide un nuevo escrutinio, una auditoría judicial y la anulación de las credenciales del presidente y vicepresidente electos.
El presidente electo, Abelardo de la Espriella, calificó las declaraciones de Petro como un intento de «golpe de Estado» y anunció la suspensión inmediata del proceso de transición. Iván Cepeda, por su parte, si bien ha respaldado las denuncias de su mentor político, ha evitado desconocer abiertamente los resultados y se perfila como el líder de la oposición.
Sin embargo, hasta el momento, ninguna autoridad judicial o electoral ha declarado que existió un fraude capaz de cambiar el resultado de la segunda vuelta. Las misiones de observación internacional avalaron la transparencia de los comicios, y un informe de inteligencia conocido en los días previos al discurso habría desestimado la confiabilidad de las fuentes utilizadas por Petro para sustentar su teoría.

