Rattazzi y el nuevo escenario global

Entre la apertura y las tensiones de la industria local.

Rattazzi volvió a poner sobre la mesa uno de los debates centrales de la economía argentina: cómo competir en un mundo cada vez más abierto.

El empresario Cristiano Rattazzi volvió a poner sobre la mesa uno de los debates centrales de la economía argentina: cómo competir en un mundo cada vez más abierto, donde la producción asiática —especialmente la proveniente de China— gana terreno con precios más bajos y niveles de calidad crecientes.

En una entrevista televisiva, el ex presidente de Fiat sintetizó su mirada con una frase contundente: “El mundo cambia”. Para Rattazzi, la Argentina atraviesa una transición inevitable hacia un modelo más competitivo, impulsado —según su visión— por las reformas que promueve el gobierno de Javier Milei.

El empresario planteó que la caída del empleo en sectores industriales tradicionales no es un fenómeno reciente ni exclusivamente local, sino una tendencia global asociada a la automatización y los cambios tecnológicos. En ese sentido, sostuvo que el desafío no pasa por resistir ese proceso, sino por generar nuevas fuentes de trabajo vinculadas a la innovación y la inteligencia artificial.

Sin embargo, su diagnóstico también deja ver tensiones profundas. Mientras destaca la necesidad de fortalecer la actividad privada como motor de creación de valor, reconoce que la industria nacional enfrenta serias dificultades para competir en igualdad de condiciones. Entre ellas, mencionó la presión impositiva, los costos financieros y la persistente incertidumbre económica.

Rattazzi fue particularmente crítico con el modelo económico de las últimas décadas, al que responsabilizó por haber debilitado la capacidad productiva del país. A su juicio, la Argentina llega tarde a un proceso de transformación global que ya lleva décadas en marcha.

En ese marco, el avance de los productos chinos aparece como un dato central. “Hoy hacen autos de alta calidad y bajo precio”, afirmó, al tiempo que advirtió que este fenómeno no solo impacta en la Argentina, sino también en Europa. La competitividad del gigante asiático, basada en escala, tecnología y costos, plantea un desafío directo para las industrias locales.

Pero la apertura económica no está exenta de riesgos. El caso del cierre de empresas, como la fabricante de neumáticos Fate, expone las consecuencias sociales de un proceso que, aunque global, se manifiesta con particular crudeza en economías frágiles.

Otro de los puntos que subrayó el empresario fue el costo del financiamiento. Comparó las tasas de interés en Argentina con las de países como Uruguay o Italia, y señaló que esa diferencia condiciona seriamente la inversión. “El miedo a invertir en la Argentina siempre está de fondo”, reconoció.

Finalmente, Rattazzi cuestionó la convivencia entre el peso y el dólar dentro de la economía local, y sostuvo que esta dualidad genera distorsiones que dificultan la estabilidad. En su visión, la economía argentina funciona, en la práctica, bajo una lógica dolarizada, lo que obliga a repensar el rol de la moneda nacional.

Sus declaraciones reflejan una mirada alineada con la apertura y la transformación estructural, pero también ponen en evidencia los dilemas de un país que busca insertarse en un mercado global competitivo sin resolver aún sus propias debilidades internas.

En definitiva, el planteo de Rattazzi no solo describe un cambio de época, sino que también deja una pregunta abierta: cómo adaptarse a ese “mundo que cambia” sin que el costo recaiga, una vez más, sobre el tejido productivo y el empleo.

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