Las cirugías estéticas son procedimientos médicos que se realizan para mejorar la apariencia física. Pueden involucrar la remodelación de diferentes partes del cuerpo, como la cara, el busto, el abdomen y otras áreas, con el objetivo de lograr una apariencia más deseada por el paciente.
En cuanto a las cirugías estéticas faciales, en los últimos años estudios revelan un crecimiento constante, con un aumento en procedimientos como liftings faciales, liposucción submentoniana y cirugía de párpados. La rinoplastia también sigue siendo popular, con un enfoque en la preservación de la identidad cultural del paciente. Además, se ha observado un aumento en procedimientos faciales en la Generación Z, impulsado por el uso de redes sociales.
Dentro de esta área, comenzaron a aparecer los “retoques” estéticos fáciles, que son procedimientos dirigidos a mejorar la apariencia del rostro, corrigiendo imperfecciones, rejuveneciendo la piel y armonizando los rasgos. Estos tratamientos pueden ser mínimamente invasivos o quirúrgicos, y su popularidad ha crecido considerablemente en los últimos años.
Combatir la flacidez, aumento de labios y disminución de arrugas son algunos de los procedimientos más realizados en las clínicas de medicina estética. Sobre todo, las personas de edad media son las que más acuden a estos procedimientos clínicos. Por otro lado, varias estadísticas globales afirman que las mejoras estéticas faciales más demandadas al día de hoy son: disminución global de las arrugas; mejorar la calidad de piel, combatir la flacidez, modelado labial y modelado del contorno facial.
Así mismo, ofrecen algunas recomendaciones o advertencias a tener en cuenta antes de afrontar un retoque estético, como exigir profesionalidad, exigir materiales de alta calidad e ir a un especialista en alergología para efectuar una prueba previa porque es posible que el paciente tenga alergia a sustancias que forman parte de los excipientes de los materiales empleados para una intervención facial.
Uso de bótox
Sin lugar a dudas, el tratamiento más demandado es la inyección de toxina botulínica, que es el principio activo del fármaco conocido como bótox. En ocasiones, y en función de las necesidades del paciente, se combina el tratamiento de bótox con la infiltración de materiales de relleno, especialmente de ácido hialurónico. La toxina botulínica infiltrada en el músculo consigue modular su capacidad de contraerse, de forma que corregimos aquellos gestos estéticos que inducen la formación de arrugas.
Uno de los beneficios de la toxina botulínica es que deja una piel más tersa sin necesidad de alterar la expresión facial, manteniendo el aspecto natural de la piel. Por otro lado, no existen contraindicaciones al tratamiento con toxina botulínica, salvo aquellos pacientes con problemas en la conducción nerviosa, como la miastenia gravis, o pacientes embarazadas o en fase de lactancia, por falta de estudios que evalúen su seguridad.
Aunque la mayoría de los pacientes que acuden a la consulta para el tratamiento de bótox son mujeres, cada vez más son los hombres que desean dar un aspecto más relajado a su cara a través del tratamiento con toxina botulínica.

