Inaugurado en el año 1882, el Teatro Larrañaga de Salto se erige como un emblemático establecimiento que simboliza la rica y vibrante historia cultural de la región. Su construcción fue impulsada de manera activa por la sociedad civil, que mostró un firme compromiso con el desarrollo de las artes, y su financiación se logró mediante la venta de acciones a la población salteña. Este hecho resalta el sentido de pertenencia y la participación comunitaria en la promoción de la cultura local. Los planos del teatro fueron elaborados por el ingeniero inglés Robert Alfred Wilkinson, mientras que la ejecución de la obra fue responsabilidad del constructor Antonio Ruggieri, quienes se inspiraron en los grandes referentes arquitectónicos europeos de la época, dotando al teatro de un carácter singular y sofisticado.
A lo largo de su historia, el Teatro Larrañaga vivió un período de esplendor y reconocimiento, siendo un punto de encuentro para diversas manifestaciones artísticas. Sin embargo, con el paso del tiempo, su actividad comenzó a decaer, llegando incluso a cerrar sus puertas por un tiempo. A pesar de este oscuro periodo, la comunidad salteña, gracias a la iniciativa de destacados ciudadanos como Mario Supparo y Leopoldo Amorim, logró llevar a cabo la rehabilitación del teatro, utilizando recursos aportados por los propios salteños, lo que pone de manifiesto la solidaridad y el amor por la cultura en esta región.
En 1947, el Larrañaga fue objeto de una significativa remodelación que transformó su apariencia y funcionalidad. Se llevaron a cabo cambios en la fachada, el foyer y la platea, modernizando el espacio sin perder su esencia histórica. Durante estas reformas, se reemplazó la antigua araña de queroseno por una nueva, de diseño eléctrico, y el renombrado pintor italiano Albertazzi se encargó de restaurar la pintura del telón y de embellecer el cielorraso, aportando un nuevo aire de frescura al ambiente. La supervisión de estas obras estuvo a cargo del arquitecto José María Ambrosoni, quien jugó un papel clave en la revitalización del espacio.
En esa misma época, muchos de los accionistas originales decidieron donar sus acciones a la comuna, facilitando así que, en 1953, el teatro pasara a ser administrado por la Intendencia de Salto, asegurando su continuidad como un espacio cultural de referencia.
El Teatro Larrañaga se distingue no solo por su rica y compleja historia y su extraordinaria acústica, sino también por su arquitectura única, que incluye una sala construida sin columnas, un rasgo distintivo que mejora la experiencia del espectador y permite una visibilidad inigualable desde cualquier rincón del auditorio. En 1988, fue declarado Monumento Histórico, un reconocimiento que subraya su valor artístico y cultural. Además, en su interior se encuentra el piano del Maestro Luis Batlle Ibáñez, un símbolo del legado musical que ha acompañado a este querido teatro a lo largo de los años, reforzando su importancia en la historia cultural de Salto.
Hoy en día, el Teatro Larrañaga continúa siendo un espacio fundamental para la cultura salteña, albergando una amplia variedad de actividades artísticas y eventos que enriquecen y dinamizan la vida cultural de la comunidad. Su legado perdura, y se mantiene como un faro de creatividad y expresión artística en la región, invitando a nuevas generaciones a disfrutar y participar en la magia del teatro.



El problema de todoa los teatros del interior del pais es que terminan siendo sólo un lugar para que las escuelas o academias del lugar hagan las fiestas de fin de curso
Muy pocas veces se pueden ver espectáculos de calidad
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