El actor alemán Udo Kier, una de las figuras más magnéticas y reconocibles del cine independiente, de autor y de género durante más de cinco décadas, falleció a los 81 años
Nacido el 14 de octubre de 1944 en Colonia, en medio de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial (su madre lo dio a luz en un hospital semidestruido), Kier siempre dijo que llegó al mundo “con un pie en la muerte”. Aquel inicio dramático pareció marcar una carrera que transitaría sin miedo por los territorios más oscuros, perturbadores y excéntricos del séptimo arte.
Su descubrimiento llegó en 1966 en un café de Londres, cuando un joven Paul Morrissey (mano derecha de Andy Warhol) lo vio y le propuso ser Drácula. Así nacieron dos clásicos de la Factory: Flesh for Frankenstein (1973) y Blood for Dracula (1974), ambas dirigidas por Morrissey y producidas por Warhol y Carlo Ponti. En el viejo continente trabajó con los grandes renovadores del cine alemán y europeo: Rainer Werner Fassbinder (Berlin Alexanderplatz, Lili Marleen), Werner Herzog (Nosferatu, Invincible), Walerian Borowczyk (Docteur Jekyll et les femmes) y, sobre todo, Lars von Trier, con quien mantuvo una de las colaboraciones más largas y fructíferas de su carrera.
Von Trier lo reclamó en Europa (1991), The Kingdom (1994-1997), Breaking the Waves (1996), Dancer in the Dark (2000), Dogville (2003), Manderlay (2005), Melancholia (2011) y las dos partes de Nymphomaniac (2013). Kier solía bromear diciendo que era “el único actor que ha muerto en pantalla en casi todas las películas de Lars”.
Nunca rechazó un proyecto por extraño que pareciera. Apareció en blockbusters (Blade, Armageddon), en cine de autor americano (My Own Private Idaho de Gus Van Sant, The Adventures of Pinocchio de Steve Barron), en el terror extremo (Suspiria de Luca Guadagnino, Brawl in Cell Block 99), en comedias surrealistas (Ace Ventura) y hasta prestó su voz y rostro a videojuegos de Hideo Kojima, proyecto en el que trabajaba apenas días antes de su muerte.

