Los días 28 y 29 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas considerará por trigésima tercera ocasión el informe presentado por Cuba sobre el impacto del bloqueo de EE.UU sobre la isla, en el período de marzo de 2024 a febrero de 2025. Año tras año, el país caribeño cuantifica los daños que ocasiona dicha política hostil y extraterritorial, los publica ante el mundo, la inmensa mayoría de los países sentados en la ONU votan en contra, y aún así, el cerco continúa.
Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Relaciones Exteriores cubano, presentó recientemente ante prensa nacional, extranjera y el cuerpo diplomático acreditado en La Habana mencionado informe. “El bloqueo es el principal obstáculo a la recuperación de la economía cubana. Las consecuencias de esta política se evidencian dramáticamente en las carencias que enfrenta nuestra población. Esta realidad es innegable, tangible”, sostuvo. En los 30 minutos que siguieron, el jefe de la diplomacia cubana argumentó cifras y datos que sostienen dichas afirmaciones. Precisó que los daños económicos por 60 días de bloqueo (1 600 millones de dólares) equivalen al costo del combustible para satisfacer la demanda de electricidad del país.
«En comparación con el informe anterior, se incrementan en 49% los daños y perjuicios materiales por el bloqueo estadounidense a Cuba.
Se estiman pérdidas de 7 556 millones de dólares en el periodo que aborda el informe (1 de marzo de 2024 a 28 de febrero de 2025).
A precios corrientes, los daños acumulados ascienden a más de 170 677 millones de dólares.
Tomando en consideración el valor del oro en el mercado internacional, para evitar las fluctuaciones del valor del dólar, los perjuicios acumulados superan los 2 000 000 103 897 (más de 2.1 billones) de dólares, “una cifra extraordinaria para cualquier economía, no solo para una insular y en desarrollo como la cubana”.
El aumento exponencial del último período, de acuerdo con el informe, se debe fundamentalmente al incremento del daño consistente en ingresos por exportaciones de bienes y servicios dejados de percibir (estimados en 2 608 millones de dólares) y en la reubicación geográfica del comercio (más de 1 212 millones).
La historiografía cubana precisa que el bloqueo económico, comercial y financiero de las administraciones estadounidenses comenzó en 1960 y creció de manera paulatina hasta perjudicar intereses de terceros países en 1992, cuando la Asamblea General de la ONU solicitó por vez primera eliminar esa política. Esa petición, repetida cada año desde entonces, se une a la más reciente solicitud de la mayoría de los Estados y bloques de países de excluir a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, elaborada de modo unilateral por Washington.
Entre otras cifras, el canciller cubano presentó las siguientes:
El costo de dos meses de bloqueo (1 600 millones de dólares) permitiría financiar por un año la entrega de la canasta familiar normada.
16 días (339 millones) equivalen al monto para cubrir las necesidades del cuadro básico de medicamentos de todo el país.
14 horas (12 millones) equivalen al monto para adquirir la insulina para los diabéticos del país.
4 meses (2 850 millones) equivalen al costo de adquisición de los ómnibus que requiere l transporte público del país.
2 horas (1.4 millones) equivalen al costo para adquirir los medicamentos que se necesitan en los tratamientos de patologías de cardiología y neurología, así como para los alimentos destinados a niños con deficiencias genéticas y con enfermedades endocrino-metabólicas.
19 minutos (280 000 dólares) equivalen al costo de las sillas de ruedas que requieren la escuela Solidaridad con Panamá y todas las demás del país para atender las necesidades del sistema de educación especial para niños y adolescentes con discapacidades motoras e intelectuales.
El Canciller, cubano terminó su lectura, declarando la posición que ha mantenido y mantiene La Mayor de las Antillas ante esta agresión:
“Cuba defenderá firmemente su independencia, su soberanía y su libre determinación. Al mismo, reitera la disposición al diálogo respetuoso, recíproco, mutuamente beneficioso para ambos pueblos, en absolutas condiciones de igualdad soberana, sin condicionamientos ni injerencia en nuestros asuntos internos, con el Gobierno de Estados Unidos”.


