En tiempos de creciente polarización y tensiones geopolíticas, la postura de Uruguay en el ámbito internacional se mantiene firme y clara: el multilateralismo sigue siendo el eje fundamental de nuestra diplomacia. Hoy, más que nunca, es necesario que nuestro país ponga de manifiesto que, lejos de ser una opción circunstancial, el multilateralismo es una tradición viva y activa, que sigue siendo fundamental para nuestro accionar en los organismos internacionales.
Uruguay ha sido, a lo largo de los años, un ferviente defensor de la diplomacia multilateral, participando activamente en instituciones clave como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), el Mercosur, la Corte Penal Internacional y otros foros internacionales. En todos estos espacios, hemos defendido principios fundamentales como la paz, la justicia social, los derechos humanos y el respeto por el derecho internacional. Estas tradiciones no solo han sido una característica distintiva de nuestra política exterior, sino que también han sido cruciales para la construcción de un orden internacional más justo y equitativo.
El multilateralismo, en el sentido más profundo de la palabra, no es solo una cuestión de participación en foros internacionales; es una postura ética y una estrategia pragmática para abordar los desafíos globales.
Hoy, vivimos en un contexto mundial caracterizado por la fragmentación política, los conflictos regionales y las rivalidades entre grandes potencias. Las instituciones multilaterales, como la ONU o la OEA, enfrentan enormes desafíos, incluyendo crisis de legitimidad, eficacia y representatividad. Sin embargo, en este panorama, Uruguay ha mantenido una postura coherente, firme en la defensa del multilateralismo, no solo como un valor político, sino también como una necesidad imperiosa para garantizar la paz y la estabilidad global.
Uruguay ha demostrado, con hechos, que el multilateralismo no es una herramienta obsoleta ni una quimera idealista. Por ejemplo, nuestra participación activa en las misiones de paz de la ONU es testimonio de nuestra voluntad de contribuir a la resolución de conflictos y la protección de la paz en distintas partes del mundo.
El multilateralismo no solo tiene un componente geopolítico, sino también un profundo significado ético. En un mundo interconectado, los problemas globales requieren soluciones colectivas. El cambio climático, las pandemias, la migración forzada y las crisis humanitarias son solo algunos de los desafíos que afectan a la humanidad en su conjunto. La resolución de estos problemas no puede lograrse a través de la acción unilateral o la indiferencia, sino que requiere un esfuerzo común y coordinado. En este sentido, Uruguay tiene un papel crucial que desempeñar, no sólo como miembro activo de las instituciones internacionales, sino como promotor de una agenda global de cooperación, sostenibilidad y justicia.
La tradición multilateralista de Uruguay sigue siendo un pilar central de nuestra política exterior y nuestra proyección internacional. Nuestro país no solo debe continuar participando activamente en los organismos internacionales, sino también fortalecer su rol como defensor del multilateralismo en todas sus formas.

