En 2026, el panorama de amenazas virales no es tan calmo como muchos quisieran creer. Seis años después del anuncio de la pandemia por COVID-19, la comunidad científica coincide que otra emergencia sanitaria global no es cuestión de «si», sino de «cuándo». Expertos como Patrick Jackson (Universidad de Virginia) y organizaciones como la OMS, PAHO y CDC mantienen vigilancia estricta sobre varios patógenos con potencial pandémico o epidémico. El riesgo actual es bajo para la población general, pero alto para grupos vulnerables, y la evolución rápida de estos virus impulsada por mutaciones, zoonosis y cambio climático genera preocupación.
El principal foco está en la influenza A, particularmente el subtipo H5N1 (gripe aviar). Desde 2020, esta cepa altamente patógena ha circulado globalmente en aves silvestres, granjas avícolas y, desde 2024, en vacas lecheras en EE.UU. y otros países. Ha causado más de 890 casos humanos confirmados desde 1997 con 48% de letalidad en algunos reportes, y en 2025-2026 se registraron decenas de infecciones humanas, principalmente en trabajadores expuestos a animales infectados. Expertos advierten que está «al borde de una pandemia»: si adquiere transmisión humano-humano eficiente, podría superar la severidad del COVID-19. El virus ya muta rápidamente, infecta mamíferos y se expande a regiones remotas como la Antártida. Vacunas específicas están en desarrollo, pero la inmunidad poblacional es nula. Científicos lo llaman «fuera de control» en aves y mamíferos, y modelados indios predicen escenarios de propagación humana si no hay intervenciones tempranas.
Otro virus en ascenso es el mpox conocida como la viruela del mono, especialmente el clade I más virulento que el clade II del brote 2022. Desde 2024, brotes masivos en África Central y Oriental superaron 46.000 casos y 1.000 muertes. En 2026, se reportan casos importados y locales en EE.UU al menos 11-12 con clade I, incluyendo algunos sin viaje reciente, y detecciones de cepas recombinantes (Ib/IIb) en India y Reino Unido. El riesgo es moderado para grupos como hombres que tienen sexo con hombres o trabajadores sexuales, y bajo para el resto. Sin embargo, la evolución hacia recombinantes podría complicar vacunas y diagnósticos. La OMS mantiene la alerta y si bien no hay transmisión sostenida global, pero la vigilancia es esencial.
El virus Oropouche emerge como amenaza regional en las Américas. Transmitido por mosquitos y midges (Culicoides paraensis), causó miles de casos en Brasil, Panamá, Perú y Cuba desde 2023-2025. Provoca fiebre, dolores intensos y, en raros casos, complicaciones neurológicas o verticales con transmisión madre-feto con abortos o anomalías. No hay vacunas ni tratamientos específicos, y su vector está en el sureste de EE.UU., lo que podría expandirlo con viajes y cambio climático. Expertos lo ven «posicionado para propagarse» entre viajeros.
Otros en la lista incluyen influenza D (de vacas, con potencial respiratorio humano) y coronavirus canino visto en Asia sudoriental, que podrían saltar si la vigilancia falla. También filovirus como Marburg creciente en África, chikungunya, dengue y «Disease X» como se denomina al patógeno desconocido próximo. La OMS acelera vigilancia genómica en 110 países y el Acuerdo Pandémico de 2025 busca equidad en respuestas.

