Un estudio del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en colaboración con la Fundación Conciencia, reveló un dato preocupante para la democracia argentina: casi el 70% de los adolescentes de 16 a 19 años muestra poco o ningún interés en la política. El informe, titulado “Radiografía del desapego juvenil hacia la política”, se presentó en marzo de 2026 y se basa en una encuesta nacional realizada entre septiembre y octubre de 2025 a 2.494 estudiantes secundarios de todo el país, con una muestra representativa por región, género, edad y tipo de escuela.
La directora del Observatorio Pulsar, Daniela Barbieri, explicó en que este desapego no equivale a rechazo o radicalización, sino a una “relación de baja intensidad” con el debate público. El 69% de los encuestados admite tener escaso o nulo interés: un 51% “poco interesado” y un 18% “nada interesado”. Sin embargo, paradójicamente, los jóvenes valoran altamente la democracia: le otorgan un promedio de 8,25 puntos de importancia a vivir en un sistema democrático. Esta contradicción se explica por una percepción dominante: para ellos, “la democracia no es un vehículo de cambio o transformación real”.
El estudio destaca que los adolescentes confían más en su futuro personal que en el del país. Mientras miran el contexto nacional con cautela y pesimismo, proyectan optimismo individual. Uno de los datos más alarmantes es el deseo de emigrar. Solo el 40% quiere quedarse a vivir en Argentina a largo plazo; un 32% preferiría irse a otro país y un 28% aún no decidió. Esta incertidumbre refleja frustración con las oportunidades locales en un escenario económico inestable y polarizado.
En cuanto a fuentes de información, las redes sociales dominan abrumadoramente. El 79% se informa sobre política y noticias a través de TikTok, Instagram, YouTube o X, desplazando a la escuela (solo 27%) y los medios tradicionales. Este consumo digital explica en parte el desapego. Los algoritmos priorizan contenidos virales, entretenimiento o polarización rápida, en lugar de análisis profundo o institucional. Además, el 80% comparte las opiniones políticas de sus padres, lo que sugiere una transmisión familiar más que una construcción autónoma de ideas.
El informe también indaga en conversaciones cotidianas. Los jóvenes hablan poco de política en casa o con amigos, y evitan debates con quienes piensan distinto. No hay evidencia de autoritarismo ni de radicalización extrema, sino de una apatía preventiva y prefieren no involucrarse para no frustrarse. Expertos como los de Pulsar y Conciencia advierten que esta desconexión es un riesgo para la representatividad democrática a mediano plazo. Si los que hoy tienen 16-19 años y ya pueden votar se mantienen al margen, la renovación generacional de la política podría estancarse.
En un contexto donde la dirigencia argentina enfrenta descrédito por corrupción, promesas incumplidas y grietas ideológicas, los adolescentes no encuentran “reflejo” en los líderes. El estudio no ve en ellos odio a la política, sino indiferencia. No les genera entusiasmo ni esperanza de impacto. Para revertir esto, especialistas sugieren fortalecer la educación cívica en escuelas, promover espacios de participación real (no solo electoral) y acercar la política a través de canales que ellos usan, como redes con contenido pedagógico y menos confrontacional.

