La responsabilidad civil de los árbitros deportivos: un tema para discutir

La actividad de los árbitros en el deporte adquiere cada vez más notoriedad y una importancia central en la práctica deportiva.

Soccer player kicks the ball vigorously at the stadium

No existen dudas de que, en nuestro país, el deporte tiene un rol central para la mayoría de las personas. Es generalmente reconocido por personas de los más diversos tipos e intereses que el deporte genera las más fuertes emociones e interfiere con el día a día, tanto de forma positiva como de forma negativa. Así, es habitual que cuando el equipo del que se es hincha gana, se experimenten sensaciones de alegría, euforia y felicidad extrema; mientras que, cuando tiene lugar la derrota, las sensaciones sean de tristeza, enojo o decepción.

Una de las particularidades de las competencias deportivas es que los resultados dependen de diversos factores, algunos internos a los participantes y otros externos a estos. Entre los factores internos más importantes pueden destacarse: 1) el rendimiento de los participantes y su forma física; 2) el diseño y ejecución de tácticas; y 3) las destrezas de cada participante. Sin embargo, todos los factores internos antes mencionados pueden verse influidos por aspectos externos que pueden alcanzar incluso una igual o mayor relevancia. Dentro de estos factores externos se destacan: 1) el lugar donde se lleva a cabo la competencia; 2) factores climáticos; y 3) la injerencia de ciertos sujetos que, aunque no son participantes directos, desarrollan una conducta que tiene una importancia central para los resultados del partido o competencia.

En la presente nota el foco se pondrá en el numeral 3 de los factores externos a las competencias deportivas que pueden afectar su resultado y se comentarán breves reflexiones sobre la injerencia de un participante particular de la totalidad de las competencias deportivas, cuya particularidad reside, específicamente, en que no integra ningún equipo ni compite directamente, pero cuya actuación incide directamente en los resultados, tal como es el caso de los jueces o árbitros deportivos.

La actividad de los árbitros en el deporte (y especialmente en deportes como el fútbol o el básquetbol, que tanta popularidad tienen en nuestro país) adquiere cada vez más notoriedad y una importancia central en la práctica deportiva, siendo sus decisiones pasibles de generar consecuencias no sólo para los actores que intervienen durante el juego deportivo en cuestión (es decir, para los clubes deportivos o deportistas en caso de deportes individuales, para los jugadores y eventualmente para las federaciones), sino también para sujetos que no participan de la competencia deportiva en sí, pero que tienen intereses patrimoniales vinculados con el desarrollo de la misma.

Los árbitros han sido definidos como: “el o los individuos designados por la entidad agrupante de las distintas asociaciones civiles que practican un deporte en especial, de la cual dependen jurídica y a veces económicamente, muñidos de las facultades de jurisdicción e imperium en la justa deportiva. Debidamente conocedor de los reglamentos de juego vigentes y provisto de la necesaria imparcialidad, es el encargado de aplicar dichas reglas a los participantes durante el juego”.

La participación del árbitro es tan imprescindible que, sin un tercero que aplique las reglas de juego en forma imparcial, es imposible pensar en la existencia de torneos o competencias profesionales.

Estas no tienen como único objetivo obtener gloria o prestigio deportivo, sino que, en general, los triunfos deportivos obtenidos en ellas vienen de la mano de compensaciones económicas que, en la mayor parte de los casos de deportes de alta difusión, son millonarias, y provienen tanto de los mismos organizadores de las competiciones, como de terceros que tienen interés en contratar con los clubes o deportistas participantes para obtener alguna contraprestación (por ejemplo, el dinero por concepto de patrocinio por colocar marcas comerciales en la indumentaria deportiva, marcas de ropa que pagan por vestir a un club o a jugadores, etc.).

A su vez, en la medida que el deporte es hoy en día una industria más, que genera intercambios de grandes sumas de dinero, los sujetos que pueden sufrir daños por la mala praxis de los árbitros deportivos son variados. Por un lado, se encontrarán los perjudicados más directos, como los clubes y deportistas que pierden partidos que les permiten avanzar en competiciones y obtener eventualmente premios u otras ventajas económicas. Sin embargo, por otro lado, pueden existir otros sujetos que sufran daños por la mala praxis mencionada, los que pueden ser de diverso tipo, destacándose especialmente los patrocinadores que invierten dinero en que su marca sea vista en los partidos o competencias en que participan sus patrocinados. En cualquiera de estos casos, la actuación culposa o dolosa de un árbitro que genere daños resarcibles (según esta expresión se entiende en el derecho uruguayo) debería ser analizada bajo las reglas de la responsabilidad civil.

Sin perjuicio de desarrollos posteriores sobre este tema, es posible adelantar que entre las dificultades que se generan para la determinación del régimen de responsabilidad civil aplicable a estos casos se encuentran: 1) la determinación de si se trata de responsabilidad contractual o extracontractual; 2) la determinación de los casos en donde sea de aplicación el régimen de responsabilidad por hecho ajeno que permita responsabilizar a las federaciones que los contratan; 3) la determinación de los daños resarcibles; y 4 los problemas que plantea el hecho de que la mayoría las competencias deportivas se organicen a través de federaciones de primer o segundo grado, encontrándose entre las reglas que imponen a los participantes las renuncias genéricas a plantear reclamos ante la justicia ordinaria, lo que podría dificultar el éxito de eventuales reclamos entre los mismos participantes, no alcanzando dicha renuncia a terceros que hubieran sufrido daños resarcibles.

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