El fentanilo, un opioide sintético de altísima potencia, ha emergido como una preocupación significativa en Uruguay, reflejando tendencias observadas en crisis de salud pública a nivel internacional, especialmente en Estados Unidos. Este compuesto químico, notable por ser entre 50 y 100 veces más fuerte que la morfina, plantea un riesgo elevado de sobredosis, incluso con dosificaciones mínimas, lo que lo convierte en una amenaza mortal.
La irrupción del fentanilo en el mercado ilícito uruguayo suele ir acompañada de un incremento alarmante en las muertes por sobredosis. Esto se debe, en gran parte, a su mezcla inadvertida con otras sustancias, exponiendo a los usuarios a dosis potencialmente letales sin su conocimiento. Esta práctica, común en el tráfico de drogas, exacerba los riesgos asociados con su consumo accidental.
En respuesta, las autoridades uruguayas han intensificado sus esfuerzos para combatir esta amenaza creciente. Se han implementado campañas de sensibilización pública destinadas a educar a la población sobre los peligros del fentanilo y se han mejorado los sistemas de monitoreo para detectar y responder rápidamente a emergencias relacionadas con sobredosis. Asimismo, se han reforzado las medidas de control fronterizo para prevenir la entrada de esta droga al país.
En un operativo hace unos meses atrás, la Fiscalía de Estupefacientes de Uruguay, bajo la dirección de Rodrigo Morosoli, incautó dos ampollas de fentanilo, conocido popularmente como la “droga zombie” debido a sus efectos en los consumidores. Este hallazgo representa una de las primeras incautaciones de esta sustancia en el contexto de los operativos antidrogas del país.
A pesar de su uso ilícito, el fentanilo tiene aplicaciones médicas legítimas. La Fiscalía sugiere que la sustancia incautada probablemente proviene de un «desvío» de un laboratorio o un hospital.
Alba Negrín, toxicóloga de la Secretaría Nacional de Drogas y presidenta de la Sociedad Uruguaya de Médicos Toxicólogos, enfatizó que el fentanilo confiscado era de uso médico, afirmando que es un error conceptual considerarlo exclusivamente como una droga de abuso, dado su papel como analgésico y anestésico potente en la medicina legalmente distribuida en Uruguay.
La Fiscalía aclaró que el fentanilo confiscado fue importado bajo estrictas regulaciones. Negrín también señaló que la incautación de “medicamentos registrados” forma parte del trabajo de la brigada de represión del tráfico ilícito de drogas. De las dos ampollas encontradas, una estaba abierta y la otra permanecía cerrada. El fiscal Morosoli, a través del director de Comunicación de Fiscalía, Javier Benech, destacó que estos incidentes son excepcionales y no reflejan un patrón de distribución extensa en Uruguay. Según las autoridades, no se ha identificado un “mercado ávido” de fentanilo, ni evidencia de que esté circulando en grandes cantidades dentro del país.
Además, se están promoviendo programas de reducción de daños y ofreciendo tratamientos especializados para la adicción, con el objetivo de mitigar el impacto devastador que el fentanilo puede tener en la población.
Esta situación destaca la necesidad urgente de una vigilancia constante y una colaboración estrecha entre las agencias de salud, seguridad y educación, con el fin de proteger a la comunidad de los peligros asociados con este opioide tan letal.

