En el marco del Día Internacional de la Mujer, la embajadora de Costa Rica en Uruguay, Irinia Elizondo Delgado, destacó el notable avance de las mujeres en la política costarricense, sustentado en normativas que promueven la paridad. Con un 49.1% de representación femenina en la Asamblea Legislativa para 2024, Costa Rica se posiciona en la cuarta posición mundial en este ámbito, un hito histórico que refleja el compromiso del país con la igualdad de género.
La embajadora subrayó que la paridad vertical y horizontal garantiza que las listas de candidaturas estén equilibradas y que las mujeres ocupen posiciones con posibilidades reales de ser electas. “La aplicación de la paridad impacta directamente la toma de decisiones, ya que las mujeres amplían los temas y fortalecen procesos de diálogo más inclusivos”, afirmó Elizondo. Este enfoque integral es clave, especialmente en el ámbito diplomático, donde estudios han demostrado que la participación significativa de las mujeres es vital para la resolución de conflictos y la construcción de una paz duradera.

La Ley de Porcentaje mínimo de mujeres que deben integrar las directivas asociaciones, sindicatos y asociaciones solidaristas (Ley 8901) y el Código Municipal, esta obliga a que las juntas directivas y órganos de gobierno sean integrados de manera paritaria.
Además, el Índice Global de Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial posiciona a Costa Rica en el puesto 16 a nivel global y primero en la región, reflejando el progreso en la equidad de género.
Costa Rica también se destaca en el ámbito del servicio exterior, ocupando la cuarta posición mundial en el porcentaje de mujeres embajadoras, superada únicamente por Canadá, Suecia y Finlandia. La embajadora Elizondo compartió que, según datos del MRREEC para 2026, el 48% de las embajadas están lideradas por mujeres, consolidando al país como un líder global en paridad dentro de la diplomacia.
En el contexto de la cultura costarricense, la embajadora Elizondo destacó su papel fundamental en la promoción del liderazgo femenino. “Históricamente, nuestra sociedad ha valorado la educación, las instituciones y la participación cívica como pilares del desarrollo democrático”, señaló. Este enfoque se complementa con un sistema electoral que garantiza la paridad vertical y horizontal, asegurando que la igualdad no dependa de la buena voluntad, sino que esté respaldada por normas claras.
Elizondo celebró que, por segunda vez, Costa Rica haya elegido a una mujer como presidenta de la República, un avance que simboliza la ruptura de los techos de cristal en la política nacional. “Este crecimiento sostenido del liderazgo femenino es un testimonio de nuestra cultura democrática”, afirmó.
Desde la perspectiva de la diplomacia cultural, las mujeres costarricenses han sido claves en la proyección internacional del país. Referentes como Emilia Prieto Tugores, en la investigación del folclore; Margarita Bertheau Odio y Lola Fernández, en las artes visuales; y Eulalia Bernard Little, pionera en la reivindicación de la identidad afrodescendiente, han contribuido a posicionar a Costa Rica como una nación inclusiva y diversa.
En la actualidad, creadoras como Ana Istarú continúan proyectando valores de equidad y pluralidad a través de la literatura y el teatro. “El liderazgo cultural de las mujeres es un activo estratégico para la diplomacia cultural de Costa Rica, fortaleciendo nuestra imagen internacional como una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos”, concluyó la embajadora.
A pesar de los avances significativos en la representación femenina, la embajadora Elizondo destacó que persisten desafíos cruciales en el ámbito político. “En el contexto actual, especialmente a través de las redes sociales, se ha incrementado la violencia política hacia las mujeres, quienes a menudo enfrentan un escrutinio más severo que sus homólogos masculinos”, afirmó. Esta realidad dificulta el acceso de las mujeres a los puestos de mayor poder, incluso en un entorno donde las normas de paridad están establecidas.
La embajadora subrayó que, además de contar con reglas, es fundamental aplicarlas y complementarlas con cambios socio-culturales y educativos. “Es esencial continuar promoviendo la paridad y la igualdad de género, así como fomentar la corresponsabilidad en la red de cuidado”, señaló Elizondo, enfatizando que estas acciones son clave para alcanzar la igualdad sustantiva y construir una sociedad más inclusiva y pacífica.
Además, resaltó la importancia de proteger los derechos humanos de todas las personas, en particular de las mujeres, como un pilar del desarrollo sostenible. “Debemos trabajar juntos para crear un entorno que no solo celebre los logros, sino que también aborde las brechas que aún persisten”
La embajadora de Costa Rica en Uruguay, destacó que la educación es fundamental para la participación política de las mujeres. “Cuando las mujeres tienen acceso a educación y formación cívica, participan más y con mayor confianza en la vida pública”, afirmó. En Costa Rica, este acceso ha permitido que las mujeres no solo se integren a las listas de representación gracias a la paridad, sino que también estén preparadas para ejercer liderazgo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), el 63,3% de los graduados en diplomados, profesorados o bachilleratos son mujeres. Esta tendencia se extiende a las maestrías, donde el 55,3% de los graduados son mujeres, frente al 44,7% de hombres. Además, más del 90% de quienes se gradúan de universidades estatales logran emplearse.
La educación de la mujer en Costa Rica ha sido un motor decisivo para el posicionamiento internacional del país en sectores estratégicos de la economía global. El acceso sostenido a la educación superior ha impulsado la participación femenina en áreas STEM, esenciales para el modelo de desarrollo costarricense. Esto ha fortalecido la capacidad del país para atraer inversión extranjera, especialmente en industrias de alto valor agregado que requieren talento calificado.
La presencia de mujeres en campos científicos y tecnológicos se ha convertido en un activo relevante para la diplomacia científica de Costa Rica, facilitando la cooperación internacional y la transferencia de conocimiento. “Desde la política exterior, esto refuerza la imagen de Costa Rica como una nación comprometida con la equidad de género y el desarrollo sostenible”.
En el contexto del 8 de marzo, la embajadora considera que esta fecha es una oportunidad crucial para reconocer los avances en la igualdad de género y el acceso de las mujeres a esferas de liderazgo. “Es un espacio para señalar las brechas y los retos que aún persisten”, afirmó, citando cuestiones como el acceso a empleos de calidad, el trabajo doméstico no remunerado, la violencia intrafamiliar y la salud sexual y reproductiva.
Elizondo enfatizó que “la igualdad de género no es automática ni irreversible”; a pesar de los logros alcanzados, es vital proteger y promover esos avances. Esta fecha invita a reflexionar sobre las acciones sociales y decisiones políticas que han permitido la consolidación de la paridad de género. “Debemos garantizar una participación amplia e inclusiva en la vida pública, protegiendo a las mujeres frente a la violencia política”
La embajadora Irinia Elizondo identifica uno de los principales desafíos en la lucha por la igualdad de género: “Pasar de la igualdad formal a la igualdad real”. Aunque existen reglas, es fundamental asegurar su cumplimiento y garantizar un acceso efectivo a los diversos espacios de la vida pública, a través del liderazgo y la toma de decisiones.
Además de los retos previamente mencionados, Elizondo subraya la necesidad de combatir de manera asertiva la violencia política y evitar retrocesos en contextos de polarización. “La experiencia de Costa Rica demuestra que avanzar es posible cuando hay instituciones fuertes, paridad real y una cultura democrática que respalde los procesos de participación femenina”, concluyó.
Para cerrar la entrevista con la embajadora de Costa Rica en Uruguay, Irinia Elizondo Delgado, queda clara una idea central: el gran desafío ya no es únicamente consagrar la igualdad en las normas, sino convertirla en una realidad tangible.
Para la diplomática, el reto principal es transitar de la igualdad formal a la igualdad real. Las reglas existen y han demostrado ser herramientas eficaces, pero su verdadero impacto depende de su cumplimiento efectivo y de que se traduzcan en un acceso concreto de las mujeres a los espacios de liderazgo y toma de decisiones en la vida pública.
A ello se suma la necesidad urgente de combatir de manera firme la violencia política y de prevenir retrocesos en contextos de polarización. La experiencia de Costa Rica demuestra que el progreso es posible cuando confluyen instituciones sólidas, paridad efectiva y una cultura democrática que no solo habilita, sino que respalda activamente la participación femenina.
En definitiva, el mensaje es claro: consolidar los avances exige vigilancia, compromiso y una apuesta sostenida por una democracia donde la igualdad no sea una aspiración declarativa, sino una práctica cotidiana.

