China, la segunda economía más grande del mundo, enfrenta escenarios cada vez más complejos y desafiantes que necesita resolver para sostener su modelo de crecimiento y desarrollo. En ese contexto, la ciencia y la tecnología se han convertido en una de las grandes apuestas estratégicas del gobierno. Durante 2025 el país alcanzó hitos relevantes en materia de innovación: la inversión en investigación y desarrollo (I+D) llegó a niveles récord y se registraron avances significativos en áreas como los robots humanoides, la inteligencia artificial y la biotecnología.
La inversión total en I+D superó los 3,92 billones de yuanes (unos 569.000 millones de dólares) en 2025, lo que representa el 2,8 % del PIB, según datos difundidos por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Este crecimiento estuvo acompañado por un fuerte impulso en sectores clave, como el desarrollo de robots humanoides, la aparición de modelos de inteligencia artificial de código abierto con proyección global y avances en la industria de semiconductores.
En paralelo, la robótica industrial ha evolucionado hacia una presencia cada vez más amplia en la vida cotidiana. Lo que antes estaba concentrado en fábricas y grandes líneas de producción, donde las máquinas trabajaban junto a los humanos para aumentar la productividad, hoy comienza a expandirse hacia los servicios y el ámbito doméstico. La robótica apunta cada vez más a resolver problemas concretos del día a día mediante soluciones especializadas.
En ese marco, la incorporación de tecnologías basadas en inteligencia artificial está transformando también el cuidado de las personas mayores. En China ya existen robots capaces de levantar a una persona de la cama y trasladarla a una silla de ruedas, reduciendo significativamente el esfuerzo físico de los cuidadores humanos.

Algunos robots de apoyo están diseñados para ayudar en tareas simples pero importantes, como recordar la hora de tomar medicamentos, atraer pequeños objetos o alertar a familiares si detectan una caída. De esta manera, funcionan como una combinación de asistente doméstico y cuidador tecnológico. A esto se suman sistemas de monitoreo “invisible”, como sensores inteligentes que detectan caídas o cambios en el ritmo respiratorio sin necesidad de utilizar cámaras, lo que permite preservar la privacidad de los usuarios.
Además, los robots sociales comienzan a cumplir un rol de compañía emocional: pueden conversar con los adultos mayores y recordarles momentos clave de su rutina, como la toma de medicación, contribuyendo a mejorar su bienestar y su autonomía diaria. Por otro lado, ya se pueden ver en la calle robots que cumplen funciones de vigilancia o “perros policías” que asisten en la seguridad.
A diferencia de muchas empresas occidentales, que concentran sus esfuerzos principalmente en el desarrollo de software, en China existe un fuerte impulso por el “hardware humanoide”. Compañías como Unitree Robotics y Fourier Intelligence ya comercializan robots humanoides, como el H1 o el GR-1, diseñados para interactuar en entornos pensados para humanos. El objetivo es que estos sistemas puedan realizar tareas cotidianas, como cocinar, planchar o manipular objetos frágiles, integrándose con el ecosistema de hogares inteligentes.
En la práctica, los robots ya comienzan a formar parte del paisaje cotidiano en China. Es posible ver brazos robóticos preparando café en tiendas automatizadas o sirviendo bebidas en bares, una señal de cómo la tecnología empieza a integrarse de manera cada vez más natural en la vida diaria de las personas.

