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Algunos de los trastornos más frecuentes son dislexia, dislalia, disfasia, disfemia

Trastornos del habla: Ruta hacia una detección temprana

La interacción cotidiana está atravesada por señales constantes que permiten interpretar intenciones, emociones y pensamientos

El habla, como manifestación oral del lenguaje, se construye progresivamente.
El habla, como manifestación oral del lenguaje, se construye progresivamente.

Por décadas, la comunicación humana ha sido abordada como una capacidad central para la vida en sociedad. Incluso la ausencia de respuesta comunica, sin embargo, entre todos esos recursos, el lenguaje verbal ocupa un lugar singular por su capacidad para estructurar ideas. El habla, como manifestación oral del lenguaje, se construye progresivamente. Desde las primeras vocalizaciones hasta las frases completas, el desarrollo lingüístico acompaña el crecimiento cognitivo y social. Durante los primeros años de vida, los niños pasan de emitir sonidos aislados a utilizar palabras con intención comunicativa. Para posteriormente, incorporar reglas gramaticales, amplían su vocabulario y aprenden a adaptar su discurso según el contexto.

Este proceso, que suele darse de forma natural, no está exento de dificultades. En algunos casos, el desarrollo del lenguaje se retrasa o presenta alteraciones que afectan tanto la comprensión como la expresión. Sin embargo, estas dificultades también pueden incidir en el rendimiento escolar, la autoestima y la integración social. Problemas como la dislexia, asociados a la lectura, no forman parte de los trastornos del habla, aunque sí pertenecen al campo más amplio de las dificultades del lenguaje.

Es importante el acompañamiento profesional en las primeras etapas de desarrollo
Es importante el acompañamiento profesional en las primeras etapas de desarrollo

Uno de los cuadros más relevantes es el trastorno del lenguaje, también conocido como disfasia. Se caracteriza por una alteración en la comprensión o expresión del lenguaje en niños cuyo nivel de inteligencia es acorde a su edad. La disfasia puede presentarse de forma evolutiva, cuando no está vinculada a otra condición médica, o adquirida, como consecuencia de lesiones cerebrales, traumatismos o episodios neurológicos. En ambos casos, los niños suelen mostrar un vocabulario limitado, dificultades para estructurar frases y problemas para comprender mensajes complejos. Su discurso puede resultar fragmentado y menos elaborado que el de sus pares.

A pesar de estas limitaciones, existe un elemento que introduce cierto margen de recuperación y es la plasticidad cerebral. En etapas tempranas, el cerebro tiene una mayor capacidad para reorganizarse y compensar funciones afectadas. Esto no elimina la dificultad, pero permite desarrollar estrategias alternativas que favorezcan la comunicación. Otro problema es la dislalia, que afecta la articulación de los sonidos. En este caso, el problema no está en la comprensión del lenguaje ni en la estructura de las frases, sino en la producción correcta de los fonemas. Los errores pueden incluir sustituciones, omisiones o distorsiones de sonidos. Un niño puede, por ejemplo, reemplazar una consonante por otra o no pronunciar ciertos fonemas. Este tipo de dificultades es común en las primeras etapas del desarrollo. Sin embargo, cuando los errores persisten y comienzan a interferir con la comunicación o el desempeño escolar, se considera un trastorno. 

La disfemia, más conocida como tartamudez, constituye otro de los trastornos del habla con mayor visibilidad social la cual afecta la fluidez del discurso. La persona experimenta bloqueos, repeticiones o prolongaciones que interrumpen el ritmo normal del habla. Este trastorno suele aparecer en la infancia y puede intensificarse en situaciones de presión o ansiedad. A pesar de su impacto, la disfemia no está asociada a déficits intelectuales ni a lesiones neurológicas.

Muchas personas que la presentan pueden comunicarse con fluidez en contextos de baja exigencia, como cuando hablan solas o en entornos de confianza.  Más allá de las diferencias entre estos trastornos, todos comparten un elemento común y es que afectan una herramienta esencial para la vida en sociedad. La comunicación no es solo un medio para transmitir información. Es también un vehículo para construir vínculos, expresar identidad y participar en la cultura. Por eso, la detección temprana y la intervención adecuada resultan clave, así como el acompañamiento profesional. A su vez, el entorno familiar y educativo.

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