El arte como territorio de resistencia y memoria

El artista plástico Daniel Kaplan reflexiona sobre su proceso creativo, el rol del arte en tiempos de incertidumbre, los desafíos de producir desde Uruguay y la tensión entre mercado, identidad y sentido.

Daniel Kaplan nació en Buenos Aires en 1965. Es egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”, estudió luego en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, en los talleres de pintura, dibujo y escultura. El tango, la milonga y los desnudos femeninos ocupan gran parte de su obra. Vivió en Nueva York, tras conseguir una Beca Fullbright. En República Dominicana, fue profesor en la escuela de diseño Altos del Chavon. Organizó exposiciones en Nueva York y en países de Centroamérica y además, tiene en su haber, murales en el subterráneo de Buenos Aires. En 1998, participó en la megaexposición “Tango” en el Palais de Glace. Además, realizó pinturas para la Colección Killka, de Bodegas Salentein. Muchas de sus obras se exponen en el Museo Ralli de Punta del Este, Uruguay. Desde 1999, reside en Mar del Plata.

Tu obra tiene una fuerte carga simbólica. ¿Cómo nace tu proceso creativo?
Mi proceso no es lineal. A veces parte de una imagen muy concreta, casi como un recuerdo que no termino de ubicar, y otras de una sensación más difusa. Trabajo mucho con cuadernos, anotaciones, recortes. Hay una etapa de acumulación, de archivo, y luego una depuración bastante intensa. Me interesa que la obra conserve esa primera chispa, pero que también tenga capas, que no se agote en una lectura inmediata.

¿Qué lugar ocupa la intuición en ese proceso?
Es central. La intuición es el motor, pero no alcanza por sí sola. Después viene el oficio, la disciplina, incluso cierta obsesión. El equilibrio entre intuición y trabajo es lo que termina definiendo la pieza. Cuando una obra funciona, generalmente es porque esas dos dimensiones lograron dialogar.
La memoria sigue siendo un eje muy fuerte, pero no en un sentido nostálgico. Me interesa pensar cómo se construye, cómo se deforma, cómo se olvida. También estoy trabajando mucho sobre la idea de fragmentación: vivimos en una época donde todo aparece roto, disperso, y eso inevitablemente se filtra en la obra.

¿Cómo influye el contexto uruguayo en tu producción?
Uruguay tiene una escala que condiciona, pero también libera. No hay una presión constante del mercado como en otros países, y eso te permite experimentar más. Pero al mismo tiempo hay menos visibilidad, menos circulación. Entonces uno está siempre en esa tensión entre lo local y lo internacional.


En muchos casos, sí. Es una realidad. Hay un reconocimiento interno, pero muchas veces la legitimación más fuerte viene de afuera. Eso puede ser problemático si uno empieza a producir pensando en esa validación. Yo trato de mantenerme fiel a mi proceso, aunque es imposible no verse afectado por esas dinámicas.
Es una relación compleja. El mercado es necesario, porque permite que el artista viva de su trabajo, pero también puede condicionar. El riesgo es empezar a repetir fórmulas que funcionan. Por eso intento que cada proyecto tenga un grado de riesgo, aunque eso implique no ser siempre “vendible”.

¿Te preocupa la comercialización del arte?
No me preocupa en sí misma, pero sí cuando se vuelve el único criterio. El arte no puede reducirse a su valor económico. Hay obras que son incómodas, difíciles, y que quizás no tienen una salida comercial inmediata, pero son necesarias.
El arte no soluciona crisis, pero puede generar conciencia, incomodidad, preguntas. Puede ofrecer otras formas de ver lo que ya está ahí. En momentos de incertidumbre, eso es valioso. El arte puede ser un espacio de resistencia, incluso cuando no es explícitamente político.

¿Tu obra es política?
Toda obra lo es, en algún nivel. Incluso cuando no hay una intención directa. El solo hecho de producir, de ocupar un espacio, de elegir ciertos temas, ya es una forma de posicionamiento. En mi caso, hay una dimensión política, pero no desde el panfleto, sino desde la reflexión.

 

¿Cómo es tu relación con los materiales?
Muy cercana. Me interesa experimentar, combinar técnicas, salir de lo cómodo. Trabajo con pintura, pero también con otros soportes, incluso con materiales no tradicionales. Cada material tiene su propia lógica y eso obliga a replantear constantemente el proceso.
Un rol fundamental. Muchas veces lo más interesante aparece cuando algo falla. El error rompe la previsibilidad, te obliga a salir de lo que ya sabías hacer. Aprendí a no corregir todo, a dejar que ciertas “imperfecciones” formen parte de la obra.

¿Cómo dialoga tu obra con el espectador?
Me interesa que el espectador complete la obra. No busco transmitir un mensaje cerrado. Prefiero generar preguntas, abrir interpretaciones. Cada persona llega con su propia historia, y eso enriquece la lectura.

¿Sentís que el público ha cambiado su forma de vincularse con el arte?
Sí, mucho. Hoy hay una relación más inmediata, más visual, más rápida. Las redes sociales han cambiado la forma en que se consume arte. Eso tiene ventajas, como el acceso, pero también riesgos: la superficialidad, la falta de tiempo para contemplar.

¿Las redes son una herramienta o una trampa?
Ambas cosas. Son una herramienta poderosa de difusión, pero también pueden generar una lógica de validación inmediata que no siempre es saludable. El desafío es usarlas sin que condicionen el proceso creativo.

¿Qué artistas o corrientes han influido en tu camino?
Hay muchas influencias, desde clásicos hasta contemporáneos. Pero trato de no quedarme demasiado en eso. Las influencias son inevitables, pero lo importante es transformarlas, hacerlas propias.

¿Cómo ves el panorama del arte en Uruguay hoy?
Hay una escena interesante, con artistas muy diversos. Pero faltan más espacios, más políticas de apoyo, más circulación. El talento está, pero necesita estructuras que lo sostengan.
América Latina tiene una potencia enorme. Hay una mirada muy particular, muy ligada a lo social, a lo histórico. El desafío sigue siendo la visibilidad y la inserción en circuitos globales sin perder identidad.

¿En qué estás trabajando actualmente?
Estoy desarrollando una serie centrada en la idea de reconstrucción. Trabajo con imágenes fragmentadas que vuelvo a armar, pero dejando visibles las grietas. Me interesa esa tensión entre lo que se rompe y lo que se intenta recomponer.

¿Tienes alguna muestra o proyecto próximo?
Sí, estoy preparando una exposición donde voy a reunir trabajos recientes. Va a ser una instancia importante porque marca un cierre de etapa y el inicio de otra.

Para cerrar, ¿qué te sigue motivando a crear?
La necesidad. No es algo que uno elige del todo. Es una forma de estar en el mundo, de entenderlo. Mientras exista esa necesidad, voy a seguir trabajando, explorando, buscando nuevas preguntas.

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