Conversaciones Cuba – Estados Unidos: Algunos diálogos documentados desde 1959 hasta la fecha

Entre los intentos de negociación y la concreción, la tensión bilateral ha sido constante

Richard Nixon, then vice president, meets with Cuba's Fidel Castro on April 19, 1959, in Washington. Castro had just seized power a few months earlier and U.S.-Cuba relations had not yet soured.

El pasado 13 de marzo de 2026, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó públicamente que funcionarios de su gobierno habían establecido un canal de diálogo con representantes del gobierno de Estados Unidos. El objetivo, según las declaraciones oficiales, es «buscar soluciones por la vía de la conversación a las diferencias bilaterales». El anuncio ratificó lo que el presidente estadounidense Donald Trump había adelantado en sus intervenciones públicas, aunque este último, fiel a su estilo, ha acompañado la confirmación con sus habituales ultimátums y amenazas.

El hecho, confirmado hace un mes, pero sin novedades concretas hasta ahora, cuenta con facilitadores internacionales no identificados —una práctica común en etapas preliminares—. Los precedentes históricos apuntan a actores como el Vaticano o México.

¿Constituye este acercamiento un hecho extraordinario en la historia bilateral? La evidencia documental sugiere lo contrario.

Desde la llegada al poder del gobierno de Fidel Castro, e incluso en los períodos de mayor tensión, han existido canales de interlocución públicos y privados, técnicos y políticos, que demuestran una continuidad más allá de los ciclos de confrontación mediática.

A solo tres meses del triunfo revolucionario, Fidel Castro se sentó con el vicepresidente de Estados Unidos Richard Nixon en Washington. En el encuentro, que duró alrededor de tres horas, el líder cubano puso sobre la mesa las características del nuevo gobierno que había llegado al poder. Según el memorándum desclasificado por el propio Nixon —y que hoy reposa en archivos de la CIA y la Biblioteca de la Universidad de Yale—, el diálogo fue tenso pero profundo. El Centro de Investigaciones Políticas de Cuba calificó ese encuentro en su análisis «Doctrina de la Dignidad» como una acción de valentía diplomática. Aunque aquello mostró un primer acercamiento, Washington y la CIA respondieron con espionaje y atentados.

Crecieron las agresiones: en 1961 mercenarios estadounidenses protagonizaron una invasión por Bahía de Cochinos, salieron a la luz varios intentos de asesinato contra Fidel Castro, se oficializó el bloqueo económico… Aun así, La Habana recibió a un enviado del presidente John F. Kennedy, el periodista francés Jean Daniel. Del encuentro resalta la decisión de Castro de llegar a acuerdos bilaterales «siempre y cuando se respetara la soberanía de Cuba».

En 1976 se produjeron intercambios de mensajes con la administración de Gerald Ford que no llegaron a ninguna parte. Fue tras el ascenso de Jimmy Carter en 1977 —según el historiador Ernesto Limia años después Fidel calificaría a Carter como un amigo «con la serenidad suficiente y el valor» para abordar el tema bilateral— cuando se llevó un proceso de conversaciones que propició la apertura de secciones de intereses en los dos países. No fueron propiamente embajadas, pero sí el reconocimiento, por primera vez, de que era necesario el diálogo.

En la década de 1980, mientras más se fortalecen las relaciones entre Cuba y la antigua Unión Soviética, más tenso se tornó el panorama con Estados Unidos. En 1982, Ronald Reagan incluyó a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo, y en un encuentro del vicepresidente cubano con el general Alexander Haig, este último exigió la retirada de los maestros cubanos de Nicaragua, la cancelación de las relaciones con la URSS y el fin de la solidaridad con América Latina. El gobierno cubano no tranzó.

En los años 90, y tras el éxodo migratorio masivo desde Cuba, la administración de Bill Clinton llegó a un acuerdo migratorio respetado por ambas partes, incluso cuando en 1996 Clinton decidió promulgar la Ley Helms-Burton, que recrudecía el bloqueo.

El deshielo de 2014-2016 no ocurrió de la noche a la mañana. Fue el resultado de 18 meses de negociaciones secretas iniciadas en 2013, facilitadas por el Vaticano y el gobierno de Canadá, según documentaron entonces medios como The New York Times y el propio Granma.

El punto de inflexión fue un intercambio de presos. Cuba liberó al contratista estadounidense Alan Gross, detenido desde 2009 por introducir equipos de telecomunicaciones considerados ilegales por las leyes cubanas, y a otros 53 opositores. En paralelo, Estados Unidos excarceló a Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero —tres de los cinco agentes cubanos condenados en 2001 por espionaje—. El gobierno cubano siempre sostuvo que ellos no actuaban contra Estados Unidos, sino que monitoreaban organizaciones terroristas asentadas en Miami que planeaban atentados en la isla.

El 20 de julio de 2015, las embajadas de ambos países reabrieron sus puertas. Ocho meses después, el 20 de marzo de 2016, el Air Force One aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí. Barack Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar Cuba en 88 años. Durante tres días recorrió La Habana Vieja, se reunió con Raúl Castro en el Palacio de la Revolución y pronunció un discurso televisado donde reconoció «diferencias profundas» pero abogó por «enterrar lo último de la Guerra Fría».

El gobierno cubano, por su parte, mantuvo su posición histórica: la normalización plena solo sería posible con el levantamiento del bloqueo económico y la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo.

Lo que parecía el inicio de una nueva era duró poco. Con la llegada de Joe Biden y Donald Trump a la Casa Blanca, el deshielo comenzó a revertirse. Después del histórico paso en 2016, las administraciones estadounidenses han retrocedido cada vez más en este camino del diálogo: recrudecieron el bloqueo y aumentaron las presiones. Cuba ha mantenido su disposición a las conversaciones y la cooperación; sin embargo, ha dejado claro que lo único que no negocia es su soberanía. 

Mientras La Habana y Washington conversan cautelosamente —con ultimátums de Trump por medio— la evidencia documental sugiere una conclusión inevitable: Cuba siempre ha estado dispuesta a hablar. Otra cosa es que Washington haya estado dispuesto a escuchar sin condiciones.

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2 Comentarios

  1. A Donald Trump le importa un carajo Cuba, El que esta desesperado por invadir Cuba es la Basura de Marco Rubio. Esa basura de Marco Rubio , les mintio a todos diciendo que los padres de el , Fidel Castro los habia echado de cuba,Los Familiares de Marco Rubio estaban metido en la mafia cuando Fulgencio Batista estaba en el Poder de Cuba , Eso fue antes de la Revolucion a mediados de los 50s, por alguna razon entre mafiosos los familiares de Marco Rubio, Dispararon y se metieron ielegales en Miami , entonces cuando Fidel toma Cuba los familiares de Marco Rubio, ya hacia largotiempo que estaban en la Florida delinquiendo como lo hacian en Cuba , asi es que Marco Rubio Nace en Miami Pero nunca en su vida piso Cuba ,ahora el caballito de batalla de Rubio es invadir Cuba , Para Liberar un Pueblo oprimido, jajajajajajaja , A Rubi igual que a trump le importa un carajo Cuba, lo que trump le prometio a Rubio es que invadiendo Cuba y derrocando al gobierno , Marco Rubio seria el Presidente de Cuba,En este Momento Marco Rubio , esta viviendo en una base Militar en USA ya que Traiciono a todos los Latinos de la Florida deportando a Miles , y ahora teme potr su vida , y su carrera politica cuando Trump desaparesca va a desaparecer tambien , TODO BASURA ENTRE DELINCUENTES QUE ESTAN EN EL PODER EN USA<

  2. No parece que a esta altura del problema con Irán ni Trump ni Marco Rubio están muy interesados en Cuba De cualquier modo Cuba debería hacer una apertura democratica y fortalecer la economía con las Pymes Si uno lee los diarios de oposición como » 14 y medio»sería muy urgente hacer un acuerdo con la oposición para calmar las aguas

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