La crisis de acumulación capitalista que atraviesa Occidente no es solo económica. Es también una crisis de legitimidad narrativa. Por primera vez en cinco siglos, el modelo occidentalista se enfrenta a un desafío estructural que no proviene de una potencia militar adversaria, sino de un país gobernado por un Partido Comunista que ha demostrado que competitividad, productividad e innovación tecnológica no son patrimonio exclusivo del capitalismo. China ha irrumpido en el terreno donde el sistema supuso que jamás sería derrotado. Y eso ha desatado lo que podríamos llamar la tercera gran reacción de la historia moderna.
El V Coloquio Internacional Patria, acogió el panel «TecnoPolítica entre el control y la emancipación». Tres miradas estratégicas debatieron sobre la nueva geopolítica digital. Oleg Vyazmitínov (Rusia), Jorge Elbaum (Argentina) y José Luis Granados Cejas (México) coincidieron en un diagnóstico: la inteligencia artificial no es una herramienta neutra, sino el nuevo campo de disputa por la soberanía de los pueblos. La pregunta central que atravesó el debate fue la formulada por Vyazmitínov: «¿Quién decide qué puede existir públicamente como información?«.
Elbaum, en su exposición, situó el conflicto en una perspectiva histórica. Vivimos, según el sociólogo argentino, una «tercera reacción» del capitalismo occidental, similar a la que siguió a la Revolución Francesa y a la Revolución Rusa. La tercera, hoy, tiene como epicentro simbólico a Cuba, Venezuela, Irán y Ucrania, pero su campo de batalla se ha expandido hacia un territorio nuevo: el de las tecnologías de la información, las plataformas digitales y la inteligencia artificial. No es casual que el laboratorio de esta guerra híbrida comenzara hace más de seis décadas sobre la isla caribeña.
Vyazmitínov profundizó en el corazón técnico de esta nueva dependencia. El periodista ruso advirtió que el poder mediático ya no reside solo en los medios tradicionales, sino en una capa algorítmica invisible: «Entre la redacción y la audiencia apareció una nueva capa de poder que organiza la visibilidad«. Alertó sobre los sistemas de IA generativa que resumen y jerarquizan contenidos sin criterio transparente: «Si no podemos entender cómo se produce una respuesta, no estamos ante una innovación tecnológica, estamos ante un problema de confianza«. Vyazmitínov citó el caso de empresas como Anthropic, que han decidido no abrir sus modelos al público por su capacidad para explotar vulnerabilidades críticas. Para los países del Sur, esto no es un detalle técnico: «La soberanía comunicacional no es solo emitir un mensaje, implica poder alojarlo, protegerlo, distribuirlo y hacerlo visible«.
Desde México, Granados Cejas aportó un contrapunto táctico basado en la experiencia de la Cuarta Transformación. Reconoció que la derecha global ha aprendido a explotar el sistema de «billetes, dinero y acceso», pero subrayó una ventaja estratégica del progresismo: «En la izquierda lo que ellos nunca van a poder tener es la conciencia de los pueblos«. Granados recordó el papel de las «benditas redes sociales» en la victoria de López Obrador e hizo un llamado a construir una «brigada internacionalista digital», con producción de contenidos en inglés y alianzas con creadores de otros países para romper el cerco informativo.
Frente a esta ofensiva, urge una estrategia que combine lo defensivo con lo ofensivo. En lo defensivo, se trata de disputar sentido en el terreno del adversario. Las redes sociales funcionan con lógicas emocionales, no racionales. Hay que aprender esos códigos sin complejos. También implica conocer las herramientas para debilitarlas desde dentro: comprender cómo operan los algoritmos, usar bots cuando sea necesario y hackear las estructuras que pretenden silenciarnos.
En un mundo donde la inteligencia artificial no es ni inteligente ni artificial, sino el robo sistemático de nuestra memoria colectiva orientado por intereses geopolíticos, la gran pregunta sigue siendo la misma de siempre: ¿dejaremos que nos manipulen?



