Celeste Dupuy-Spencer, la pintora que retrataba la América convulsa

Celeste Dupuy-Spencer, una de las voces más potentes y comprometidas de la pintura contemporánea estadounidense, falleció a los 46 años. Era hija del novelista Scott Spencer y de Coco Dupuy. Estudió en la School of the Art Institute of Chicago y luego completó su BFA en el Bard College en 2007. Tras un breve paso por el paisajismo, se dedicó por completo a la pintura.

Su obra se caracterizó por ser vibrante pero sombría, cargada de un expresionismo crudo influenciado por artistas como Egon Schiele y Alice Neel. Autodefinida como marxista, Dupuy-Spencer se convirtió en una de las pintoras que mejor “pintaban la noticia”: sus lienzos abordaban sin filtros la desigualdad económica, las estructuras de poder en Estados Unidos y las profundas divisiones culturales que marcaron la era Trump.

Entre sus trabajos más destacados figuran pinturas sobre los disturbios del 6 de enero en el Capitolio, monumentos confederados derribados y escenas de protestas, como Durham, en 2017, que muestra los restos destrozados de una estatua confederada tras los eventos de Charlottesville. Su arte no solo documentaba, sino que confrontaba directamente el racismo, la violencia política y las injusticias tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Era, además, una activa defensora de los derechos humanos, crítica abierta del ascenso del fascismo en EE.UU. y de la violencia contra el pueblo palestino.

Su carrera despegó con fuerza cuando participó en la Whitney Biennial de 2017 y en la bienal Made in L.A. de 2018 en el Hammer Museum. La curadora Anne Ellegood la describió entonces como alguien en camino a convertirse en “una de las grandes pintoras de su generación”.

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