Lo que comenzó como un video espontáneo en redes sociales se transformó, casi por decantación, en un movimiento que hoy recorre las calles del centro capitalino con un objetivo común: recuperar el brillo de la ciudad. Montevideo Más Linda (MML) no nació en un despacho ni bajo una consigna partidaria; surgió del afecto por el entorno urbano y de la convicción de que el espacio público es, ante todo, una responsabilidad compartida.
La iniciativa, disparada inicialmente por el impulso de Imanol de los Reyes, docente y estudiante avanzado de arquitectura, encontró rápidamente eco en una comunidad de vecinos dispuestos a pasar del diagnóstico a la acción. En este engranaje colectivo, la figura del comunicador Sebastián Angiolini resultó clave para consolidar la estructura del proyecto, asumiendo la vocería y la organización de una red que no paraba de crecer.
En diálogo con Diario La R, Angiolini analiza el impacto de esta construcción ciudadana y los desafíos de gestionar un cambio real en el corazón de Montevideo. El montevideano de 33 años tiene fuertes raíces con la capital y ese amor lo llevó a involucrarse cada vez más con el “boom” de este movimiento.

El integrante del equipo de gestión de MML es actualmente encargado del departamento de comunicación y prensa en el Centro Cultural de España en Montevideo (CCE). Comenta que, a partir de un mensaje en redes de Imanol de 25 años, a través de la cuenta “Ciudad Gótica”, donde proponía crear un grupo de voluntariado para limpieza, se sintió interpelado. Como seguidor de cuentas relacionadas al cuidado del entorno, sentía que faltaba «pasar a la acción» y le escribió ofreciéndole ayuda inmediata.
Ese fue el inicio de lo que se convertiría en uno de los colectivos más llamativos de la capital. Lo que en principio fue una reunión de 35 personas en diciembre, se transformó en una comunidad que hoy supera los 27 mil seguidores en Instagram.
“La primera reunión fue el 17 de diciembre en el Espacio Colab del CCE”. Angiolini explica que la premisa era «generar grupos de voluntarios para tomar acción y llamar la atención de las autoridades». Ese encuentro proporcionó una «línea de acción» y permitió establecer por votación los puntos más críticos de la ciudad para organizar las jornadas de trabajo.
Pasar del diagnóstico a la acción
«Yo sentía que faltaba algo. Estaba buenísima la reflexión, pero teníamos que actuar», explica. La primera intervención fue casi poética. Caminando por la calle San José, el equipo vio una campaña gráfica del CCE vandalizada. «Empezamos a limpiarlo todos de forma automática y dije: ‘Chiquilines, se dan cuenta de que la ciudad nos está hablando’. Fue el primer paso de Montevideo Más Linda».

Desde entonces, han intervenido puntos críticos como la Plaza Independencia, el pasaje de la Universidad de la República (UdelaR), el Jockey Club y la más reciente, el pasado 2 de mayo, en la fachada de un edificio Art Déco en la Plaza Zabala. Angiolini enfatiza que el enfoque no es el señalamiento: «Establecimos un discurso que no busca culpables, sino decir: somos montevideanos, amamos la ciudad, ¿cómo podemos ayudar?».
De las 30 personas del encuentro inicial, pasaron a un promedio de 60 a 80 voluntarios por convocatoria: “La más popular fue la jornada en el callejón de la UdelaR, donde participaron 200 personas en dos turnos. Nos juntamos a barrer y pintar. Son instancias muy amenas y la gente lo disfruta mucho”, señala.
La polémica del «lienzo en blanco»
Sus primeras intervenciones no estuvieron exentas de críticas. Se los acusó de ser elitistas o de estar contra el arte urbano. Angiolini es tajante: «No estamos contra el arte urbano, sino contra las prácticas que atentan contra el patrimonio. La arquitectura no es un lienzo en blanco».
Para el colectivo, la protección patrimonial es la prioridad, especialmente en monumentos históricos. «Estamos tan naturalizados de ver el paisaje urbano bombardeado por graffiti, muralismo o propaganda política, que ya lo asimilamos de forma natural», reflexiona.
El sustento teórico reside en el concepto de topofilia, del geógrafo Yi-Fu Tuan. «Es el amor por el lugar. Yo siento topofilia por Montevideo», confiesa Sebastián. Se busca que los ciudadanos recuperen el sentido de pertenencia a través de sus recuerdos, desde la plaza donde aprendieron a andar en bicicleta hasta los lugares donde se conocieron sus padres.
Para intervenir requieren “semanas de gestión, reuniones y asesoría técnica”. Aclara que no actúan de forma arbitraria: todo es votado por los 3 grupos de WhatsApp de MML que tienen más de mil suscriptores cada uno. Se asesoran en códigos de color o herramientas específicas, demostrando que nada es improvisado. “Todo ese proceso hace que la gente tome conciencia”, sentenció.
El éxito de las alianzas
A pesar de que algunas intervenciones han sido vandalizadas en menos de 24 horas, como lo ocurrido en Plaza Zabala con un grafiti que decía: “bienvenidos al país de Peñarol» y que luego de pintar el graffiti no tardó en reaparecer. Angiolini confiesa que «duele y molesta», pero considera que el triunfo es institucional.
Por ejemplo, tras actuar en la Facultad de Derecho, la institución destinó un funcionario a custodiar el pasaje. En Plaza Zabala, la Intendencia de Montevideo (IM) se comprometió a repintarlo. «Generamos alianzas de conciencia. No es un ajedrez de quién pinta más, sino de generar el impacto del cambio», señala.
Estas alianzas han servido para conseguir herramientas. Sebastián destaca el apoyo estatal y privado: “La empresa Golfar fue la primera en ofrecer apoyo con materiales y asesoría técnica”. Además, la IM envió bolsas, guantes y tapabocas para la acción en la Plaza Independencia.

Desafíos: Rambla sin motores
El principal obstáculo ha sido la burocracia. «Las respuestas suelen ser muy lentas, te mandan de una unidad a otra», comenta sobre proyectos postergados, como la limpieza de quioscos en 18 de Julio. Por otro lado, el futuro trae novedades: Angiolini adelantó que gestionan el regreso de la iniciativa «Rambla sin motores» para el disfrute peatonal durante el invierno.
Al cerrar, su visión de la ciudad ideal es sencilla pero profunda: «Me imagino una Montevideo con políticas de mantenimiento. Con veredas accesibles e iluminación. Con eso ya sería el éxito».

