América Latina enfrenta perspectivas complejas como el bajo crecimiento tendencial, escaso espacio fiscal y malestar social. El sector emprendedor tecnológico no puede resolver por sí solo esos problemas estructurales, pero sí actuar como una palanca para impulsar la innovación y la renovación del tejido empresarial. Un estudio del Banco Mundial estima que la implementación de soluciones empresariales digitales puede aumentar la productividad en un 1,3% en países en desarrollo.
En la región confluyeron varios factores que explican el auge de las startups. Las políticas públicas de apoyo financiero y formativo, la transición digital acelerada por la pandemia, la elevada tasa de emprendimiento local, el efecto señalización de fundadores exitosos.La identificación de necesidades propias del subdesarrollo como oportunidades de negocio, y la llegada masiva de capital de riesgo internacional fueron determinantes.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, en 2021 existían más de 1.000 startups nacidas en la región, con un valor superior a 100.000 millones de dólares y 245.000 empleados. Los unicornios (startups valoradas en más de 1.000 millones) son un indicador relevante: América Latina cuenta entre 30 y 40, superando a Alemania, Francia o Israel. Entre los más valiosos se encuentran Kavak (México, e-commerce), Dlocal (Uruguay, fintech), Ifood (Brasil, logística), Rappi (Colombia, delivery) y Mercado Libre (Argentina, e-commerce), este último fundado en 1999 antes del boom actual.
El fenómeno es multisectorial pero con fuerte concentración en fintech, comercio electrónico y logística. Nubank, la fintech brasileña, ya tiene 92 millones de clientes, solo detrás de dos bancos tradicionales. También hay unicornios en inmobiliario, salud, turismo y alimentación. Sin embargo, persiste una percepción de que muchos emprendimientos se basan en adaptación de modelos exitosos en otras latitudes, con menor capacidad de innovación genuina. No obstante, una nueva ola de deep tech (inteligencia artificial generativa, blockchain, biotecnología) comienza a repuntar.
Las startups latinoamericanas nacen con vocación regional o global. El capital riesgo internacional les exige escala y mercados internacionales. Se estima que el 51% de las startups tienen estrategias de internacionalización, primero en países vecinos y luego en Estados Unidos o Europa, con España como puerta de entrada. Brasil es la excepción, con compañías más enfocadas en su enorme mercado interno.
En 2021, las startups recibieron 16.000 millones de dólares; en 2022, cerca de 8.000 millones. La subida de tasas de interés redujo la inversión, pero se mantuvo en niveles elevados. El interés se fundamenta en un mercado emergente con alto potencial de crecimiento y valoraciones más atractivas que en otras latitudes.
El análisis por ciudades muestra a São Paulo como el único ecosistema latinoamericano entre los 30 mayores del mundo (puesto 27), con una valoración de 113.000 millones y 11 unicornios. Le siguen Ciudad de México (30.000 millones, 8 unicornios), Bogotá (13.000 millones), Buenos Aires (12.000 millones) y Santiago de Chile (8.000 millones). Otras ciudades como Florianópolis, Monterrey y Montevideo crecen fuertemente. Miami también es un polo para emprendedores latinoamericanos.
Las startups contribuyen a cerrar brechas de desarrollo. En inclusión financiera, con una población del 54% no bancarizada, las fintech ofrecen pagos, remesas y crédito. Nubank concedió tarjetas por primera vez a cinco millones de brasileños de bajos recursos. El emprendedor latinoamericano tiende a incluir en sus modelos de negocio la resolución de problemas de desarrollo, lo que genera un elevado impacto social.

