Uruguay podría estar a punto de dar un salto comparable al que protagonizó hace casi dos décadas cuando decidió transformar radicalmente su matriz energética. Así lo entiende el diputado frenteamplista por Paysandú, Juan Gorosterrazú, quien define el desarrollo de la industria del hidrógeno verde como “la segunda revolución silenciosa” del país.
La primera, recuerda, comenzó durante el primer gobierno del Frente Amplio y permitió que Uruguay pasara de una situación de fuerte dependencia energética a convertirse en una referencia mundial en generación eléctrica renovable. Ahora, con proyectos como el de la multinacional HIF Global, que evalúa instalar una planta de producción de combustibles sintéticos en Paysandú, el país se enfrenta a una nueva oportunidad histórica: transformarse en productor y exportador de energías limpias para mercados altamente exigentes como Europa.
“La primera revolución silenciosa fue la transición energética. Pasamos de una situación de vulnerabilidad energética a generar prácticamente el 99% de nuestra electricidad a partir de fuentes renovables. Hoy estamos ante una segunda etapa que busca descarbonizar sectores donde las baterías eléctricas no son suficientes, como el transporte pesado, la aviación, la logística y parte de la agroindustria”, sostuvo el legislador.
Un proyecto de escala inédita
La iniciativa impulsada por HIF Global representa una inversión estimada en US$ 5.400 millones, una cifra equivalente a cerca del 8% del Producto Interno Bruto uruguayo. La magnitud del emprendimiento lo convierte en uno de los proyectos industriales más importantes de la historia reciente del país. El objetivo es producir combustibles sintéticos mediante hidrógeno verde, utilizando electricidad renovable, agua y dióxido de carbono capturado de procesos industriales.
La empresa ya cuenta con acuerdos comerciales internacionales para colocar parte de la futura producción, entre ellos compromisos de suministro con empresas europeas interesadas en reducir la huella de carbono de sus operaciones. Para Gorosterrazú, el interés internacional por Uruguay no es casual.
“Esto es el resultado de políticas de Estado sostenidas durante casi dos décadas. Uruguay construyó credibilidad internacional, estabilidad institucional y una matriz energética limpia que hoy es un activo estratégico. No es casualidad que una empresa de estas características mire a nuestro país”, afirmó.
Aunque inicialmente el proyecto estaba previsto para instalarse en un predio ubicado al norte de la ciudad de Paysandú, hace meses que cobró fuerza la posibilidad de trasladarlo a terrenos linderos a la planta de Portland de Ancap, en el marco de planteos del gobierno argentino y de la Intersocial de Paysandú. La alternativa surgió tras una propuesta impulsada por el edil frenteamplista Roberto Cire, quien visitó instalaciones de HIF Global en Chile y planteó la posibilidad de aprovechar la infraestructura ya existente en el complejo industrial sanducero. Según explicó Gorosterrazú, la nueva ubicación presenta múltiples ventajas comparativas. Entre ellas se destacan la disponibilidad de infraestructura eléctrica, la cercanía con ALUR y con las instalaciones de Ancap, la conectividad ferroviaria, la proximidad al río Uruguay y la existencia de un perfil industrial consolidado que evitaría procesos adicionales de recategorización de suelos.
“Todo indica que esta alternativa ofrece ventajas logísticas, ambientales y administrativas muy importantes. Además, permite reducir significativamente los tiempos y las incertidumbres regulatorias”, explicó. Aunque la decisión definitiva todavía no fue formalizada, el legislador señaló que existen avances significativos en las conversaciones entre la empresa y el gobierno.

La negociación clave con UTE
Uno de los aspectos decisivos para la concreción del proyecto pasa actualmente por las negociaciones vinculadas al suministro eléctrico.
La producción de hidrógeno verde requiere enormes volúmenes de energía renovable para alimentar los procesos de electrólisis mediante los cuales se separa el hidrógeno del agua. Por esa razón, HIF Global y UTE mantienen conversaciones para definir los costos asociados a la conexión y al abastecimiento energético. “Hay una negociación en marcha para encontrar un punto de equilibrio que sea conveniente para la empresa, para UTE y para el país. No se trata solamente del costo de la energía, sino de evaluar el impacto global de una inversión de esta magnitud”, indicó. La presencia previa de ALUR en Paysandú constituye una ventaja adicional, ya que permitió reforzar parte de la infraestructura eléctrica necesaria para un emprendimiento de estas características.
Gorosterrazú insiste en que la eventual llegada de HIF Global no puede analizarse como un hecho aislado. Por el contrario, sostiene que forma parte de un proceso que comenzó hace más de veinte años. Durante la crisis energética de principios de los años 2000, Uruguay enfrentó serias dificultades derivadas de la dependencia de los combustibles fósiles y de las variaciones climáticas que afectaban la generación hidroeléctrica.
La respuesta fue la construcción de una política energética de largo plazo respaldada por acuerdos multipartidarios. “Sin ese proceso previo hoy no estaríamos hablando de hidrógeno verde. Esta industria es consecuencia directa de las decisiones que Uruguay tomó hace casi dos décadas”, señaló.
Paysandú vuelve al centro de la escena industrial
La llegada de HIF Global también tiene una dimensión territorial. Paysandú fue históricamente uno de los principales polos industriales del Uruguay, aunque en las últimas décadas perdió parte de ese protagonismo debido al cierre o la reducción de actividad de varias empresas.
Para el legislador, el proyecto representa una oportunidad para recuperar parte de ese dinamismo. “Paysandú tiene tradición industrial, infraestructura y recursos humanos. Esta inversión puede volver a colocar al departamento en un lugar estratégico dentro del desarrollo productivo nacional”, afirmó. La construcción y operación de la planta generaría miles de puestos de trabajo directos e indirectos, además de nuevas oportunidades para empresas proveedoras de bienes y servicios.
Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades locales es la gestión de los efectos sociales asociados a la llegada de un emprendimiento de gran escala.
“Tenemos que aprender de experiencias anteriores. Estos proyectos generan oportunidades enormes, pero también desafíos importantes. Hay que trabajar para prevenir situaciones de explotación sexual, aumento de la prostitución o problemas vinculados a la convivencia social”, advirtió.
Inicialmente el proyecto se iba a localizar en las inmediaciones de la localidad de Constancia que está ubicada en el suroeste del departamento de Paysandú, sobre la Ruta 3 (km 383), que posee una población de unos cientos de unas 300 personas, lo que iba a generar un impacto sin precedentes en dicha población con la llegada de miles de trabajadores. La reformulación del proyecto redujo el número máximo de trabajadores simultáneos durante la etapa de construcción, pasando de unas 3.000 personas a aproximadamente 1.400, distribuidas además en un período más prolongado. Eso permitiría una adaptación más gradual de la ciudad a la llegada de nuevos trabajadores. El legislador aseguró que ya existen conversaciones con sindicatos, instituciones educativas y organismos públicos para anticipar estos desafíos.
Otro de los ejes centrales de la discusión pasa por la participación de trabajadores uruguayos y particularmente sanduceros. Gorosterrazú sostuvo que se han planteado mecanismos para asegurar que una parte significativa del empleo generado quede en manos de mano de obra local.
“Tenemos capacidades instaladas muy importantes en la UTU, la Universidad de la República y la UTEC. Hay que aprovechar esos recursos y generar oportunidades reales para nuestra gente”, afirmó.
Según el legislador, el país debe aspirar a convertirse no solo en exportador de combustibles sintéticos sino también en generador de conocimiento.
Gorosterrazú sostuvo que los estudios realizados hasta el momento indican que el uso del recurso hídrico no comprometería la sostenibilidad del río Uruguay. “Es un tema que seguimos con mucha atención porque la protección del agua y de los recursos naturales forma parte de nuestras prioridades. La información disponible indica que no habría impactos significativos sobre el ecosistema”, explicó.
Qué gana Uruguay
Uno de los aspectos centrales de la negociación actual gira en torno a las contrapartidas que recibirá el país. La ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, ha insistido en la necesidad de asegurar beneficios concretos para Uruguay antes de autorizar definitivamente la inversión. Gorosterrazú comparte esa visión. “El memorando original era muy básico. Ahora se está trabajando para que existan contraprestaciones claras vinculadas al uso de recursos naturales estratégicos como el agua, el viento y el sol”, señaló.
Entre los beneficios esperados figuran la generación de empleo, el desarrollo tecnológico, la formación de recursos humanos especializados, el pago de cánones y el fortalecimiento de la cadena productiva nacional. Además, las exportaciones de la planta podrían ubicarse entre US$ 1.900 millones y US$ 2.100 millones anuales, convirtiéndose en uno de los principales rubros exportadores del país.

Proyecto Kairós: el primer paso uruguayo hacia la economía del hidrógeno verde
Antes de la llegada de megaproyectos como el de HIF Global, Uruguay comenzó a recorrer el camino del hidrógeno verde a través de iniciativas piloto que buscan validar tecnologías y generar experiencia local. Entre ellas destaca el Proyecto Kairós, considerado uno de los principales antecedentes de la nueva estrategia energética nacional.
Impulsado por Ancap, UTE, ALUR y socios privados, Kairós tiene como objetivo desarrollar una experiencia real de producción y utilización de hidrógeno verde aplicado al transporte pesado. La iniciativa se concentra en el sector forestal, uno de los mayores consumidores de combustibles fósiles del país.
El proyecto contempla la instalación de una planta de producción de hidrógeno mediante electrólisis del agua utilizando energía renovable. Ese hidrógeno será utilizado posteriormente para abastecer camiones de carga adaptados para operar con tecnologías de bajas emisiones.

