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Existen al menos diez prácticas de higiene personal recomendadas por instituciones de salud.

La higiene como clave en la prevención de enfermedades

La higiene es el conjunto de hábitos que cuidan la salud personal, familiar y comunitaria.

El lavado frecuente de manos con agua y jabón es considerado por la OMS como una de las medidas más efectivas
El lavado frecuente de manos con agua y jabón es considerado por la OMS como una de las medidas más efectivas

A diario las personas entran en contacto con millones de gérmenes y virus presentes en el ambiente. Algunos permanecen en el cuerpo y pueden desencadenar enfermedades. Y es ahí donde la higiene personal actúa como primera barrera. El lavado frecuente de manos con agua y jabón, por ejemplo, es considerado por la Organización Mundial de la Salud como una de las medidas más efectivas para frenar afecciones como la influenza, la COVID-19, la neumonía y las enfermedades diarreicas. Más allá de lo evidente, mantener el cuerpo limpio evita la propagación de alérgenos e impide que estos se conviertan en cuadros clínicos.

La prevención del dolor es otro beneficio, en este caso la falta de higiene bucal provoca caries y enfermedad periodontal, fuentes de dolor crónico e infecciones que pueden afectar otros órganos. Del mismo modo, la piel y el cabello sucios generan irritación, dermatitis y micosis.

Mantener la higiene de alimentos evita enfermedades
Mantener la higiene de alimentos evita enfermedades

Existen al menos diez prácticas de higiene personal ampliamente recomendadas por instituciones de salud. La primera es no compartir elementos como cepillo de dientes, toalla o jabón, para evitar la transmisión de gérmenes. La segunda, y quizás la más importante, es lavarse las manos en momentos importantes, esto incluye antes de manipular alimentos. Después de ir al baño, tras toser o estornudar, al regresar a casa y después de tocar animales o residuos.

Bañarse a diario, aunque sea por tres o cuatro minutos, elimina la suciedad acumulada y controla los olores corporales. Un cuidado específico requieren los pies, pues tras el lavado deben secarse muy bien, ya que la humedad favorece hongos e infecciones. El cabello, sobre todo si es largo, acumula polvo y puede albergar parásitos como piojos. 

Las orejas se limpian externamente con la toalla después de la ducha, sin introducir hisopos u objetos que empujen la cera hacia el interior. Sonarse la nariz correctamente y recurrir a lavados nasales con agua de mar ayuda a mantener las vías respiratorias despejadas. Las uñas cortas acumulan menos bacterias, lo que reduce el riesgo de llevarse gérmenes a los ojos o la boca. Por otro lado, el cepillado de dientes debe durar unos cinco minutos y realizarse después de cada comida, siendo imprescindible antes de dormir porque la proliferación bacteriana es más activa por la noche. 

La higiene ambiental y comunitaria exige condiciones mínimas en espacios públicos, lugares de trabajo y escuelas para mejorar los niveles de salud colectiva. Medidas como no tirar basura en la calle, clasificar los desechos, cuidar el agua y evitar incendios forestales son parte de un entorno saludable. En la vivienda, barrer a diario, tender las camas, mantener la cocina ordenada, bañar a las mascotas y usar mosquiteros en ventanas para prevenir el dengue reducen los focos de infección.

Asimismo, la higiene de los alimentos es esencial, lavar y desinfectar frutas y verduras, usar agua purificada o hervida, separar crudos de cocidos, mantener los alimentos tapados y refrigerados, cocerlos bien y proteger los utensilios de cocina evitan enfermedades gastrointestinales. 

Durante los primeros años, la higiene de los niños es responsabilidad exclusiva de los padres o cuidadores. Pero además de asearlos, deben enseñarles los hábitos y darles responsabilidades progresivas. Cambiar la ropa interior y exterior a diario, lavarse las manos varias veces al día, limpiar las orejas con cuidado. También mantener los zapatos limpios, uñas cortas y bañarse después de la actividad física son prácticas que los menores interiorizan mediante el ejemplo. 

Según UNICEF, una buena higiene no solo previene la propagación de enfermedades infecciosas, sino que evita que los niños falten a la escuela y mejora sus resultados de aprendizaje. Para las familias, significa menos gastos en atención médica y, en algunos contextos, refuerza el estatus social y la confianza personal.

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