Vacunar a una mascota es una de las medidas preventivas más efectivas dentro de la tenencia responsable. Cuando un animal recibe una vacuna, se le introduce un agente patógeno inactivado o debilitado que estimula su sistema inmunitario. El organismo aprende a reconocer y combatir ese agente, lo que le permite resistir la enfermedad o recuperarse más rápido en caso de infección real.
La decisión sobre qué vacunas aplicar y con qué frecuencia puede resultar confusa para los dueños. Sin embargo, cuanto más informados estén, más fácil les resultará cuidar de sus mascotas. Los veterinarios evalúan factores como la edad, la raza, el entorno geográfico, el estilo de vida y los antecedentes genéticos para recomendar un esquema personalizado.
Cabe señalar que la rabia es una enfermedad mortal que se transmite de animales a personas. La exigencia legal de vacunar a perros y gatos responde a la necesidad de proteger la salud pública. Además, muchos establecimientos como residencias caninas, hoteles que admiten mascotas, peluquerías caninas, parques para perros y guarderías exigen el certificado de vacunación actualizado.

Incluso las mascotas que viven exclusivamente en interiores pueden estar en riesgo. Enfermedades como el moquillo canino, el parvovirus o la panleucopenia felina se transmiten por vía aérea. Un animal puede escapar accidentalmente al exterior. Animales salvajes portadores de rabia, como murciélagos o mapaches, pueden ingresar a una vivienda por chimeneas, ventanas abiertas o puertas sin protección. La vacunación es la única barrera confiable.
También existen vacunas combinadas que incluyen moquillo, hepatitis infecciosa, parvovirus y parainfluenza. El moquillo es una infección viral altamente contagiosa que afecta los sistemas respiratorio y nervioso. El parvovirus causa vómitos intensos y diarrea con sangre, y es especialmente letal en cachorros. La hepatitis canina puede derivar en daño renal grave. La parainfluenza produce tos, secreción nasal y fiebre.
Además de estas, la vacuna contra la leptospirosis es recomendable en perros con acceso a agua estancada o zonas rurales, ya que se transmite por orina de animales salvajes y puede afectar también a los humanos. La bordetella, causante de la tos de las perreras, se recomienda para perros que concurren a parques, peluquerías o guarderías. La vacuna contra la enfermedad de Lyme, transmitida por garrapatas, es aconsejable en zonas endémicas.
En gatos, las vacunas básicas incluyen calicivirus, rinotraqueitis y panleucopenia. Los dos primeros son los causantes más frecuentes de infecciones respiratorias superiores. La panleucopenia, también llamada moquillo felino, es un parvovirus que suele ser mortal. Mientras que la rabia también es obligatoria para los gatos
Otras vacunas no esenciales se recomiendan según el estilo de vida. La leucemia felina y el virus de la inmunodeficiencia felina son aconsejables en gatos que salen al exterior, ya que se transmiten por contacto cercano. La peritonitis infecciosa felina es casi siempre mortal, pero los gatos domésticos que no conviven en colonias no corren riesgo significativo. La bordetella y la clamidia se recomienda antes de una estancia en residencias caninas o peluquerías.
Para equilibrar beneficios y riesgos, los dueños deben informarse y consultar con un veterinario. Llevar un registro de las vacunas anteriores y el historial médico del animal ayuda al profesional a evaluar qué dosis son necesarias y con qué frecuencia. La vacunación es un proceso que requiere planificación y actualización periódica. Las vacunas tardan de días a semanas en generar inmunidad, por lo que no deben dejarse para el último momento. Mantener al día el calendario de vacunación protege a la mascota, a los animales con los que interactúa y a la comunidad en general.

