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Cine cubano, una historia de esplendor gracias a sus clásicos

Su época dorada dejó títulos fundamentales como "Memorias del subdesarrollo", "Lucía" y "Fresa y chocolate", que trascendieron fronteras y se convirtieron en referentes del cine latinoamericano.

El cine llegó a Cuba en 1897

El cine llegó a Cuba en 1897, cuando el francés Gabriel Veyre, representante de la Casa Lumière, presentó el cinematógrafo en el Paseo del Prado de La Habana. Aquella primera función, marcó el inicio de una larga relación del séptimo arte con la isla. Durante las primeras décadas del siglo XX, la producción cinematográfica cubana fue intermitente. Se produjeron alrededor de ochenta películas antes de 1959, con pioneros como Enrique Díaz Quesada, quien en 1913 estrenó el primer largometraje cubano basado en una novela.

Tras la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1959 en Cuba se impulsó una política cultural audaz. Jóvenes cineastas como Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y Santiago Álvarez comenzaron a filmar con una mirada crítica y realista. En 1960, Gutiérrez Alea estrenó «Historias de la Revolución», considerado el primer filme de ficción del ICAIC, y pronto llegaría «Cuba baila» y el documental «Now», de Santiago Álvarez, que algunos críticos consideran el primer videoclip de la historia.

Fresa y Chocolate

La época dorada del cine cubano se extiende desde finales de los sesenta hasta mediados de los setenta. En 1968, Humberto Solás estrenó «Lucía», un tríptico sobre la mujer cubana en tres momentos históricos aclamada por su audacia narrativa y su crítica social. Ese mismo año, Tomás Gutiérrez Alea presentó «Memorias del subdesarrollo», basada en la novela de Edmundo Desnoes. La película retrata la mirada desencantada de un intelectual burgués que decide quedarse en Cuba tras el triunfo de la Revolución, mientras su familia y amigos emigran. Es una obra maestra sobre la soledad, la inadaptación y el vacío existencial en medio de un proceso histórico. Fue seleccionada entre las cien mejores películas de la historia por la Federación Internacional de Clubes de Cine.

En 1964, el director soviético Mijaíl Kalatozov filmó «Soy Cuba», una coproducción cubano-soviética que retrata la vida en la isla antes y durante la Revolución. En la década del setenta, surgieron títulos como «La última cena» (1976), de Gutiérrez Alea, una crítica mordaz a la esclavitud y la hipocresía de la aristocracia cubana en el siglo XVIII. También «De cierta manera» (1974), de Sara Gómez, la primera mujer en dirigir un largometraje en Cuba, que aborda las contradicciones de la nueva sociedad desde una mirada documental y ficcional.

En los años ochenta, el cine cubano vivió un relevo generacional. Directores como Fernando Pérez, Juan Carlos Tabío y Gerardo Chijona aportaron nuevas miradas. Tabío estrenó «Se permuta» (1983), una comedia sobre la crisis de vivienda en La Habana, y «Plaff» (1988), una reflexión sobre el miedo y la represión cotidiana. Fernando Pérez comenzó su carrera con «Clandestinos» (1987) y luego se consolidaría con «Hello Hemingway» (1990), una mirada irónica a la influencia estadounidense en Cuba.

La década de 1990 trajo la crisis del período especial y, con ella, una producción más reducida pero de gran calidad. En 1993, Gutiérrez Alea y Tabío codirigieron «Fresa y chocolate», la primera película cubana nominada al Oscar. El filme narra la amistad entre un homosexual intelectual y un joven militante comunista, y se convirtió en un canto a la tolerancia y al respeto por la diversidad. 

En la animación, Juan Padrón creó «Elpidio Valdés», un guerrero mambí que lucha por la independencia de Cuba, y en 1985 estrenó «Vampiros en La Habana», una comedia musical que se convirtió en un clásico del cine de animación latinoamericano.

En el siglo XXI, surgieron nuevos nombres como Pavel Giraud, Carlos Lechuga y Juan Carlos Cremata, quien en 2005 dirigió «Viva Cuba», la primera película infantil cubana que aborda la amistad entre dos niños en un contexto de tensiones familiares y políticas. El cine cubano es la historia de un país que se mira a sí mismo a través de pantallas donde cada película es un testimonio de sus contradicciones y esperanzas.

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