En los primeros días de mayo, mientras el gobierno de Estados Unidos anunciaba una nueva orden ejecutiva —la del 1.º de mayo— que refuerza el cerco contra la isla, cientos de personas de más de treinta países viajaron a Cuba para participar en las actividades por el Día Internacional de los Trabajadores. Salieron del traje de espectadores y protagonizaron disímiles actividades: entrega de donativos, encuentros con proyectos de desarrollo local, organismos estatales y comunidades vulnerables. A pesar de los muchos idiomas, hubo un mensaje repetido: Cuba no está sola. Entre ellos estaba Konstantín TOMIC, miembro del sindicato de Servicios Comunales de París, afiliado a la Confederación General del Trabajo de Francia. El joven activista compartió con este medio sus impresiones sobre la estancia en varias provincias del país.
Al preguntarle por qué una confederación francesa dedica tiempo y recursos a un país del Caribe con el que no comparte lengua ni cultura, Konstantín comenta detalles de la organización: «somos sindicatos de base estructurados de manera geográfica y profesional; se conectan trabajadores a nivel local según su lugar de labor y a nivel nacional según su ocupación», como si ese matiz contuviera la explicación entera. Recordó que días antes se había celebrado el 208.º aniversario del nacimiento de Karl Marx y citó de memoria el llamamiento del Manifiesto Comunista: «¡Trabajadores del mundo, uníos!». Para él, el internacionalismo debe trascender como conciencia de clase: «Nuestra organización se interesa por Cuba del mismo modo que por Palestina, Irán, Líbano o Venezuela», escribió. Y añadió que la CGT tiene una doble misión estatutaria: la defensa de los trabajadores y la transformación de la sociedad. «Cuba, a través de su revolución, representa una esperanza para todos los trabajadores del mundo».
Su sindicato representa a los trabajadores de limpieza y saneamiento de París, un oficio que consiste en cuidar lo que es de todos. Sobre si esa experiencia diaria les da una sensibilidad particular para entender la batalla cubana por mantener sus servicios públicos, Konstantín recordó la pandemia de Covid-19, cuando Occidente redescubrió por unas semanas la importancia de lo público para olvidarlo enseguida. «En nuestras sociedades, los servicios públicos se ven obstaculizados por intereses privados, incluso mafiosos», afirmó. Y trazó un paralelo histórico: «Los servicios públicos en Francia se originaron durante la Comuna de París en 1871 con la introducción de la educación gratuita. De manera similar, en Cuba, una de las prioridades ha sido precisamente mantener lo público».
La ayuda que envían no es fruto de una decisión vertical, sino de un tejido de base que se activa con campañas en línea, reuniones en los centros de trabajo y eventos sindicales. En el último año, la Confederación ha impulsado que cada filial desarrolle sus propios proyectos de cooperación con homólogos cubanos. La Federación de Minas y Energía trabaja en una campaña para suministrar equipos solares. La Unión Departamental del 93 y la Unión Local de Pantin preparan envíos de paneles. Su sindicato, junto con la CGT del Consejo Departamental de Charente, ha apostado por proyectos vinculados a los servicios públicos.
Pero hacer llegar esa ayuda no es sencillo. «Los contenedores se retienen con frecuencia durante el transporte», explicó. Y reveló un dato que ilustra el alcance del bloqueo más allá de las fronteras estadounidenses: «Todas las asociaciones que trabajan en solidaridad con Cuba han visto sus cuentas bancarias cerradas simplemente por tener la palabra Cuba en su nombre». Las transacciones son monitoreadas por bancos franceses que poseen acciones en Estados Unidos. «Las decisiones políticas francesas están alineadas con la sumisión a Estados Unidos», sentenció.
De su estancia en la isla, Konstantín guarda una imagen fija: la movilización del Primero de Mayo, que reunió a más de cinco millones de personas en todo el país, y las más de seis millones de firmas contra el bloqueo y el cerco energético. Durante su visita, la delegación de la que forma parte recorrió varios centros de trabajo. En el Cementerio Colón y el Crematorio de Berroa entregaron medios de protección a los trabajadores de Servicios Comunales. Parte de esos equipamientos se enviaron después a Ciego de Ávila y Santiago de Cuba. También estuvieron en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología y en el Hospital Policlínico Luis Galván Soca, donde dejaron medicamentos. «Forjamos lazos. Pudimos intercambiar con nuestros homólogos sobre lo que el bloqueo significa para ellos y sus familias en el día a día, pero también sobre su concepción de esta revolución que tanto nos inspira», relató. Y concluyó: «Los lazos que hemos forjado entre nuestras organizaciones de clase son ahora indestructibles».
Los días 11 y 12 de abril, Francia fue escenario de más de 40 manifestaciones contra el bloqueo. «Es nuestro deber participar, fortalecer y desarrollar todos los esfuerzos de solidaridad», afirmó. Y subrayó la necesidad de «redoblar, triplicar, cuadruplicar los actos concretos».
Antes de cerrar el intercambio, Konstantín señaló una responsabilidad que interpela directamente a su país. Air France, con el Estado francés como accionista mayoritario, ha suspendido todos los vuelos directos a Cuba. «Significa que nuestra aerolínea nacional contribuye a la ampliación del bloqueo», denunció. Y exigió: «Francia debe activar un puente aéreo desde Martinica y Guadalupe para entregar ayuda solidaria y colaborar con la empresa nacional de electricidad francesa para enviar equipos energéticos». Recordó también la deuda pendiente: «Francia recibió ayuda de médicos cubanos durante la pandemia en Martinica. Como potencia caribeña, tiene la responsabilidad de enviar un petrolero. El movimiento obrero francés tiene todas las razones para presionar a su gobierno».
Las respuestas de Konstantín llegaron desde La Habana, donde aún permanece junto a otros miembros de la delegación francesa que extendió su estancia para seguir visitando centros de trabajo. Antes de despedirse, dejó un apunte que quizá resuma el sentido de todo este esfuerzo: «Hemos comprendido más que nunca nuestras tareas como trabajadores y sindicalistas».


