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El proceso de hormonización y el camino médico para adecuar el cuerpo a la identidad de género

La hormonización es uno de los pasos centrales en el proceso de transición de las personas trans. Consiste en la administración de hormonas para desarrollar los caracteres sexuales secundarios del género con el que la persona se identifica, y forma parte de un abordaje integral que incluye acompañamiento psicológico y controles médicos periódicos.

Proceso de hormonización para cambio de género

La hormonización, también conocida como tratamiento hormonal cruzado, es un proceso médico mediante el cual una persona trans recibe hormonas para desarrollar los rasgos físicos del género con el que se identifica. Este tratamiento es parte fundamental del abordaje de la incongruencia entre el sexo asignado al nacer y la identidad de género.

Es muy importante que el tratamiento se realice siempre bajo supervisión de un equipo médico especializado, ya que la automedicación puede poner en riesgo la salud. Antes de iniciarlo, se realizan análisis y pruebas médicas para evaluar el estado de salud general. Los especialistas refieren que no existe una edad única para comenzar. Los expertos manifiestan que puede iniciarse en la adolescencia, la juventud o la edad adulta, siempre con seguimiento personalizado.

En el caso de las mujeres trans, la terapia hormonal feminizante consiste en la administración de estrógenos junto con fármacos que reducen la acción de la testosterona. Cabe destacar que el objetivo es doble en este caso y consiste en bloquear los efectos de la testosterona y desarrollar rasgos sexuales secundarios femeninos.

El proceso se puede realizar en cualquier etapa

Además, los cambios físicos ocurren de forma gradual y varían según cada persona. Entre los más frecuentes se encuentran el desarrollo de las mamas, que puede extenderse entre dos y tres años. También la redistribución de la grasa corporal hacia caderas, glúteos y muslos. Junto a una piel más fina y suave y disminución del vello corporal. Asimismo la reducción de la masa muscular y de la fuerza física, acompañado de una disminución de la libido.

Para los hombres trans, la terapia hormonal masculinizante se basa en la administración de testosterona. El objetivo es detener la producción de estrógenos e inducir los caracteres sexuales secundarios masculinos.

Los efectos más habituales incluyen el engrosamiento de la voz, aumento de la masa muscular y la fuerza. Por otro lado, crecimiento de vello facial y corporal, cese de la menstruación. Y posible agrandamiento del clítoris. También puede haber cambios en la distribución de la grasa y un aumento del acné.

La terapia hormonal, como cualquier tratamiento médico, conlleva riesgos que deben ser evaluados y monitoreados. En mujeres trans, el riesgo de tromboembolismo venoso es mayor. En hombres trans, puede haber modificaciones en el perfil lipídico, resistencia a la insulina o alteraciones hepáticas.

El tratamiento también puede afectar la fertilidad. Por eso, es fundamental que quienes inician el proceso reciban información completa sobre los efectos y posibles complicaciones, y que realicen controles periódicos.

La hormonización forma parte de una transición que puede incluir también acompañamiento psicológico y, en algunos casos, cirugías de afirmación de género. El apoyo de profesionales de la salud mental ayuda a transitar los cambios emocionales y a tomar decisiones informadas.

El proceso es personal y no existe un solo camino para transitar durante el proceso. Esto se refiere a que cada persona define su propio ritmo y las intervenciones que desea realizar. Lo esencial es que el tratamiento esté guiado por profesionales con experiencia en salud trans, y que la persona reciba el acompañamiento necesario para transitar este proceso con seguridad y bienestar. 

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