En Uruguay, la educación sexual sigue siendo un terreno incompleto. Si bien existen avances en políticas públicas y en la incorporación del tema en el sistema educativo, persisten vacíos que condicionan la forma en que las personas entienden, viven y comunican su sexualidad. En ese contexto, ciertos temas continúan relegados al silencio, atravesados por prejuicios o directamente excluidos del debate público.
Entre ellos, las prácticas vinculadas al BDSM y otras formas de sexualidad ocupan un lugar poco visibilizado, muchas veces por ocultarse detrás de la sombra de una sociedad que mira al costado cuando hablamos de nuestra sexualidad. Lo cual está condicionado -la mayoría de los casos- por la falta de información accesible, sistematizada y validada socialmente. Y en ese círculo la consecuencia se dirige a lo que no se explica se simplifica, y lo que se simplifica suele deformarse.
Sextasis
Desde Diario la R decidimos explorar este terreno para conocer las principales brechas que giran en torno a la educación sexual en Uruguay. Para ello conversamos con los organizadores de la expo-feria de sexualidades alternativas Sextasis, Veronika Sulbaran “Lady Kali”, Adolfo “Dercein” Merino y Luna Prado.
Sextasis, es la expo-feria más grande de Uruguay sobre sexualidad, educación y bienestar. Creada en 2022 se enfoca en romper tabúes, explorar deseos y promover el consentimiento desde el respeto, la diversidad y el cuidado mutuo. Se enfocan en temas clave que van desde sexualidades alternativas creando un espacio seguro para aprender sobre prácticas como el BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo). Como también educación y salud ofrecer charlas con profesionales de la salud, sexólogos y psicólogos, neurólogos. Además de la promoción del bienestar general desde sus talleres formativos, conversatorios y demostraciones artísticas.
La asociación automática entre BDSM y violencia o patología es uno de los ejemplos más claros de ese proceso. Se trata de una lectura reduccionista que omite que el BDSM no es una práctica única sino un conjunto amplio de dinámicas que pueden incluir o no dolor, que pueden ser físicas o simbólicas, y que se sostienen, en su forma más básica, sobre acuerdos explícitos entre las personas involucradas, explican.

Estigma social
¿Por qué, entonces, persisten estos estigmas?. Para Sulbaran una posible respuesta está en la forma en que se construye la educación sexual. En muchos casos, esta se limita a dimensiones biológicas o preventivas, reproducción, enfermedades de transmisión sexual, métodos anticonceptivos. Son contenidos necesarios, pero insuficientes. Quedan fuera cuestiones vinculadas al deseo, al consentimiento, a los límites personales y a la diversidad de prácticas y vínculos posibles.
La educación, es la base para la construcción de una sociedad y en lo que respecta a la educación sexual, si no se sientan las bases, las consecuencias a largo plazo pueden llegar a ser irreversibles. En Uruguay, la contradicción entre legislación y la práctica cotidiana expone la urgencia de consolidar la Educación Sexual Integral, un derecho consagrado por ley pero limitado en las aulas muchas veces por no saber metodológicamente cómo tratar la temática . Mientras la ciudadanía respalda mayoritariamente su obligatoriedad desde la infancia, la implementación real sufre constantes frenos políticos y barreras burocráticas que reducen la enseñanza a un enfoque neto hacia la biología.
Por otro lado, la ausencia de estos elementos no implica que desaparezcan de la experiencia cotidiana. Por el contrario, las personas siguen explorando su sexualidad, muchas veces sin herramientas conceptuales ni espacios de referencia. En ese vacío, internet, la cultura audiovisual y el boca a boca cumplen un rol esencial, aunque no siempre confiable. En este caso, se obtiene como resultado una mezcla de información fragmentada, mitos y experiencias que se construyen por ensayo y error.

Hablar de sexualidad
En ese escenario, hablar de consentimiento es el primer paso, explica Merino. En el caso del BDSM, la comunicación previa, el acuerdo de límites y la posibilidad de detener una práctica en cualquier momento son la base. Sin embargo, estos principios no son exclusivos de estas prácticas. Su relevancia atraviesa cualquier tipo de vínculo sexual o afectivo, aunque no siempre se aborden con la misma claridad en otros contextos.
Sulbaran añade que el peso del tabú sigue operando como un límite no sólo en el ámbito institucional, sino también en lo cotidiano. Hablar de sexualidad en términos explícitos, sin eufemismos, todavía genera incomodidad en muchos espacios sociales. Esa incomodidad condiciona lo que se dice, lo que se pregunta y, en última instancia, lo que se aprende.
Junto a esto manifiestan que el problema no radica únicamente en la falta de información, sino en la dificultad para construir un lenguaje común. Sin ese lenguaje, la posibilidad de comunicar deseos, límites o incomodidades se vuelve más compleja. Y cuando la comunicación falla, aumentan los márgenes para el malentendido.
Dar el primer paso
En este punto, la dimensión educativa trasciende el ámbito formal, pues se trata también de generar espacios donde estas conversaciones pueden darse sin prejuicio previo, donde la información no esté mediada exclusivamente por el morbo o la desinformación. Y desde su iniciativa, Sextasis busca cubrir ese vacío, combinando divulgación, formación y debate público.
Sus organizadores sostienen que no se trata de promover una forma específica de vivir la sexualidad, sino de ampliar el marco de comprensión. Entender que existen múltiples maneras de vincularse, que el deseo no es uniforme y que la información es una herramienta clave para tomar decisiones conscientes. “Apreciarse, conocerse, conocer a la persona, integrarse, sentirnos cómodos”.
La persistencia de los tabúes responde a estructuras culturales, a modelos de educación que prioriza contenidos sobre otros y a una historia en la que lo sexual ha sido, durante mucho tiempo, un tema relegado al ámbito privado. Sin embargo, esa lógica empieza a mostrar fisuras.
La aparición de espacios de discusión, la circulación de nuevas narrativas y la demanda de información más completa indican que existe un interés por revisar esos límites. El desafío, en todo caso, implica no solo ampliar contenidos, sino también revisar cómo se enseña, desde qué enfoques y con qué herramientas. Implica, además, asumir que la educación sexual no se agota en la prevención, sino que también involucra el reconocimiento de la diversidad y la capacidad de las personas para definir sus propios límites. ¿Qué significa estar informado en materia de sexualidad? La respuesta, obliga a revisar lo que se enseña, lo que se omite y lo que aún queda por decir.
No hay una única forma correcta de vivir la sexualidad, ni un manual que se ajuste a todos los cuerpos y deseos. La responsabilidad, entonces, funciona como una construcción interna que se alimenta de conocimiento, de diálogo y de la valentía para preguntar sin culpa. Y quizás, el primer paso para romper el tabú sea aceptar que la incertidumbre también es parte del camino.

Uruguay en el plano normativo
Al momento de legislar y definir contenidos en el sistema educativo, surge otra duda: ¿son los propios actores políticos quienes, por temor o costo político, evitan incorporar estas temáticas? Muchas veces entran en juego factores culturales o religiosos que históricamente han asociado la sexualidad con culpa o castigo.
Esto puede generar que ciertos temas queden relegados. Uruguay ha avanzado en varios aspectos, pero en educación sexual todavía persisten resistencias. Existe una lógica donde la política actúa de forma más reactiva que proactiva y los cambios suelen llegar cuando ya hay una masa crítica que los respalda socialmente.
En ese sentido, no siempre es la política la que impulsa las transformaciones, sino que responde a procesos sociales previos. Por eso, también es importante que estos espacios existan y sigan empujando la discusión, hasta que encuentren validación institucional. Desde esa perspectiva, también es clave entender estas prácticas desde un lugar de responsabilidad, información y cuidado.”

