Uruguay no puede seguir exportando su futuro

Mientras el país debate coyunturas políticas y económicas, miles de jóvenes altamente capacitados hacen las valijas.

Uruguay atraviesa una paradoja que debería ocupar el centro de la agenda nacional. Es un país que invierte durante décadas en formar profesionales, científicos, técnicos, emprendedores y trabajadores calificados, pero que luego es incapaz de generar las condiciones para que ese capital humano encuentre aquí un proyecto de vida. El resultado es una migración silenciosa, constante y profundamente costosa.

Cada joven que decide partir no lo hace únicamente por un mejor salario. Se marcha buscando desafíos, innovación, posibilidades de crecimiento profesional, reconocimiento al mérito y un horizonte que muchas veces siente inalcanzable en su propio país.

La fuga de talentos no es un fenómeno inevitable. Es, en buena medida, la consecuencia de decisiones políticas, económicas y culturales. Los países que hoy lideran la innovación entendieron hace tiempo que atraer y retener talento es una política de Estado. Invierten en investigación, apoyan el emprendimiento, reducen las barreras burocráticas, generan incentivos para la inversión privada y construyen un entorno donde el conocimiento es el principal motor del desarrollo.

El desafío es construir un Uruguay que premie el esfuerzo, incentive la creatividad y abra espacios para quienes desean innovar. Un país donde las universidades no sean solamente fábricas de profesionales para exportación, sino semilleros de empresas, centros de investigación y proyectos capaces de transformar la economía nacional.

Retener talento no significa impedir que los jóvenes conozcan el mundo. Por el contrario, implica ofrecerles razones para regresar o, mejor aún, para no sentirse obligados a partir. Significa construir un país competitivo, moderno y dinámico, donde el éxito profesional no dependa de cruzar una frontera.

La riqueza más importante de una nación no está en sus recursos naturales ni en sus estadísticas macroeconómicas. Está en su gente. En su capacidad para crear, investigar, emprender y liderar. Si Uruguay continúa perdiendo ese activo estratégico, ningún indicador económico alcanzará para compensar semejante costo.

El desarrollo del siglo XXI ya no se mide únicamente por el crecimiento del Producto Interno Bruto. Se mide por la capacidad de un país para generar oportunidades que permitan a sus ciudadanos imaginar y construir su futuro sin necesidad de buscarlo en otra parte. Esa debería ser la verdadera prioridad nacional.

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2 Comentarios

  1. Acertado punto en el artículo es la sugerencia o necesidad imperiosa, de implementar una política prioritaria del gobierno que permita crear mecanismos efectivos para fomentar y ayudar a crear las condiciones apropiadas para que nuevos (y viejos) profesionales y mano de obra especializada no abandonen el país.
    Se habla –y se ha hablado siempre, ya que esta»fuga» no es nueva sino muy vieja– de tomar medidas de incentivo, de fomentar la creación de empleos y muchas y variadas «soluciones» las cuales de una manera u otra siempre han fracasado, lo cual se demuestra a través de las cantidades de pasajes «one way» emitidos por los diferentes medios de transporte internacional de pasajeros.
    Desde los tímidos saltos a países limítrofes y regionales hasta ambiciosas distancias extracontinentales la diáspora uruguaya sigue incrementando su número lenta e inexorablemente.
    Obviamente sólo observamos el problema como ciudadanos, no somos técnicos para resolverlo y conviene aclararlo.
    Dentro de esta observación se puede ver que algunos elementos fundamentales en la complejidad del área laboral están en la raíz misma del sistema que regula la relación entre empleadores y prospectivos empleados.
    Malamente se interpreta –y es encarnizadamente defendido por algunos sectores e individuos– que quien «ofrece» un empleo le está haciendo un «favor» a un individuo. Y este, de alguna manera tradicional, punto de vista tal vez fue válido a comienzos de la pasada centuria cuando alguien poderoso daba un puesto de trabajo innecesario a algún inútil, para ponerlo detrás de un escritorio, simplemente porque se había casado con su hija, y situaciones parecidas.
    Esto no tiene lugar hoy en día (salvo excepciones, algunas vergonzosas, otras enfurecedoras y otras simplemente estúpidas) dada la velocidad y la competitividad requerida en el medio en el cual las empresas se desenvuelven.
    Para lograr mantener su posición en los mercados, las empresas se apoyan en las habilidades de sus empleados, sin los cuales no podría mantenerse.
    Esta realidad da por tierra el concepto del «favor» de un empleador hacia su posible empleado, estableciendo la norma más justa de «nos necitamos mutuamente». Por lo menos esto sucede en ámbitos más avanzados socialmente en ese aspecto de las relaciones laborales.
    Existe experiencia práctica más que suficiente para poder decir que en nuestro país todavía existe el anacrónico concepto y sistema del empleador haciendo el «favor» a quien busca empleo, sin considerar que el empleador a su vez busca empleados.
    A partir de esta situación del empleador y su actitud implícita y (lamentablemente) aceptada como «normal» de considerar que está haciendo un «favor» es que surge y se aceptan (lamentablemente también) actitudes que para nada consideran lo que debería ser la igualdad de las partes en una búsqueda de empleo y una búsqueda de empleados.
    Esta disparidad injusta tiene como único gobierno la ley de la oferta y la demanda. Esto hace que veamos por un lado una cola de candidatos para un trabajo que no requiere habilidades específicas y paga un (invisible) salario miserable y por otro lado mil avisos en los medios de difusión para un puesto de trabajo con un sueldo (gritado a los 4 vientos) 20 veces encima de la media, y sin que nadie conteste a esos avisos.
    En verdad la parte que más importa es la que muestra las colas de gente pues ahí es donde queda patente la vieja teoría del «favor» al dar un empleo. En estos casos se ve la injusta y permisiva actitud del Estado regulador al permitir que en forma despiadada se especule con la necesidad individual de trabajar.
    Esa especulación radica en la específica omisión de las condiciones del empleo, desde el salario a recibir hasta el resto de los derechos sociales. Hay toda una (sub) cultura de misterio y ocultamiento detrás de avisos que rezan «importante empresa de plaza» y llegan hasta el «salario a convenir», lo cual sólo conduce a pensar en abusivas manipulaciones y desventajosos contratos. Estas «empresas» siempre se esconden detrás de agencias, consultoras y hasta «estudios psicológicos» utilizando el misterio y la especulación para amedrentar y manipular a aquellos en necesidad de sobrevivir y mantener sus familias decentemente.
    De esta manera uno postula a lo desconocido. No sabe si el salario será suficiente para cubrir sus necesidades, si el lugar de trabajo está cerca o muy lejos de donde vive, no sabe de turnos, pago de horas fuera de turno, no sabe nada! Tampoco sabe si el trabajo es compatible con sus ideas morales o inclusive ideológicas, en suma no se considera la ética profesional del individuo o si ésta es importante para él. Tampoco considera el tiempo que uno puede perder aplicando por «algo» que al final no es adecuado en vez de estar aplicando por algo que sí lo es. La desventaja es notoria.
    La gran pregunta es ¿por qué todo ese circo especulativo rodeado de misterios? Las respuestas recibidas tienen un rango que van desde la estupidez hasta el insulto. Desde «no estamos autorizados a informar» hasta «es política de la empresa» o «profesionalmente no podemos revelar lo que usted pide» y llegando hasta el «usted no puede preguntar eso»; como si uno no tuviese DERECHO A SABER a qué está aplicando, firmando documentos, facilitando información personal, pero ¿a quién y para qué? ¿Qué hay detrás, un convento o un cartel traficante? Porque detrás de un pedido de «jardinero» o «trabajador nocturno» puede haber cualquier cosa.
    Hasta que el Estado no regule de manera específica los términos en los cuales un empleador intente emplear individuos, estableciendo el suministro de información pertinente en cuanto a la identidad no sólo de gente a emplear sino de los empleadores y una completa información de los términos entre los cuales se desarrollará la relación laboral, hasta que no haya RESPETO pues seguirá el caos, la desconfianza, el recelo, la ESPECULACIÓN CON LA NECESIDAD del trabajador.
    Y entonces ese trabajador, ese profesional, la única cola que hará será en el aeropuerto de Carrasco.
    Y este es apenas sólo uno de los aspectos que debe considerarse para que esa «fuga» no suceda.

  2. En el presupuesto accionar que presentó el gobierno en uno de sus ítem, REBAJA LOS MONTOS DESTINADOS A INVESTIGACION en varios institutos oficiales . Para ser breves y apoyando lo que opina ALEX WM .
    ÉSTO NO DEBERIA SUCEDER Y SI SE INCREMENTA EL DEFICIT :
    MALA SUERTE .
    ES MEJOR DESTINAR DINERO PARA ESOS FINES AUNQUE SUPERE EL DÉFICIT Y DEMOS TRABAJO A MANO DE OBRA ESPECIALIZADA Y QUE NO SE NOS VAYAN DEL PAIS .

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